1×004 – Visiones

Publicado: 20/03/2011 en Al otro lado de la vida

4

Cementerio de Sheol

28 de septiembre de 2008

Bárbara sabía que cuando uno de ellos te echaba el ojo, estaba dispuesto a perseguirte hasta el fin del mundo. Eso era así, siempre que no se encontrase con una presa más fácil en el camino, y ahí… estaba ella sola. Tragó saliva y ambos se miraron a los ojos unos instantes antes de emprender la frenética carrera. Bárbara se adelantó al chico, y corrió hacia donde creía saber que se encontraba la salida; la niebla aún no permitía distinguirla. Corrió tanto como le permitieron sus piernas, sin dejar de mirar atrás. Ese engendro no tardó en ir tras ella.

La imprudencia le costó muy cara, pues al no ver donde pisaba, se dio de bruces contra una vieja lápida y cayó rodando al suelo, con un fuerte golpe en la rodilla que le hizo ver las estrellas. Se giró a tiempo de ver como el chico se acercaba peligrosamente, pero ahora otro problema monopolizaba su atención. Uno de ellos se encontraba medio enterrado en esa pequeña parcela de tierra. Ya había conseguido sacar un brazo entero y parte de la cabeza. Con el brazo agarró a Bárbara fuertemente por el tobillo, y la atrajo hacia sí con una fuerza impensable para alguien que llevaba tanto tiempo muerto. Se estaba ayudando de ella para desenterrarse del todo, y Bárbara no pudo evitar soltar un grito de pánico.

Sus uñas, de un desagradable color negruzco, llenas de tierra, delataban que había vuelto a la vida bajo tierra, y que había utilizado las manos para salir. Las uñas se clavaron en la superficie blanca y lisa de sus recién adquiridas bambas, dejando un pequeño surco a su paso. Bárbara trató de zafarse estirando la pierna hacia sí, pero con ello tan solo consiguió que ese infeliz estirase con mayor fuerza. Su otro perseguidor estaba cada vez más cerca, se veía cada vez más claro, emergiendo de la niebla, ya con la boca abierta, preparado para dar el primer mordisco.

Mientras más esfuerzo hacía por quitárselo de encima, con más fuerza tiraba él. Bárbara le miró a la cara, mientras los extraños sonidos que salían de su garganta acababan de volverla loca. Vio la cuenca de uno de sus ojos vacía, parcialmente llena de tierra. Estaba morado, con unas pequeñas venas rojizas dibujadas en la sien, frío, sucio, lleno de tierra, con sangre seca pegada a los labios y la barbilla. Sintió una incomparable repugnancia y tomó otra determinación, pues el chico estaba a punto de alcanzarla. Con la pierna libre, le dio una fortísima patada a la cabeza, de tal modo que le partió el cuello. Eso sirvió para que aflojase un poco la mano, y con un último tirón pudo zafarse de él.

Se levantó a toda prisa, apoyándose en el suelo, clavándose algún que otro guijarro en la palma de las manos, viendo como ese desgraciado seguía luchando por desenterrarse para comérsela, pese a tener el cuello partido y la cabeza girada en una postura imposible. Desapareció de ahí justo a tiempo de que su otro perseguidor no consiguiera alcanzarla. Corrió a ciegas por la niebla, sin mirar atrás, luchando por no gritar, sabiendo que en cualquier momento podría encontrarse de frente con otro de ellos, lo cual resultaría su ruina. El chico sí gritaba. Emitía unos sonidos sin sentido alguno, unos alaridos espeluznantes que invitaban a Bárbara a que dejase de correr y se dejase matar.

Vio pasar junto a ella el edificio principal del cementerio, cuya puerta estaba concienzudamente cerrada, y rezó porque no lo estuviese de igual modo el portón de entrada. Poco a poco se fue dibujando frente a sí susodicho portón, y para su regocijo, se encontraba medio abierto. No obstante, ese demonio le había ganado mucho terreno en la carrera, y ahora le pisaba los talones. Esos seres, siempre que no fueran ancianos o bebés, corrían como balas, y parecían no cansarse jamás, lo cual hacía que la mayoría de veces acabasen consiguiendo lo que se proponían. Bárbara rezó para que ésta vez no fuera una de esas.

Hizo un último esfuerzo y consiguió alcanzar la verja, justo a tiempo antes de que ese chico, con los brazos ya extendidos, lograse agarrarla de su larga melena dorada. Se escurrió por la rendija que había entre las dos puertas, y se disponía a cerrar del todo el portón entreabierto, cuando su compañero lo hizo por ella, con toda la fuerza del impulso que llevaba corriendo. La puerta se cerró con un sonoro choque metálico justo a tiempo para permitir a Bárbara salir, y dejar a su captor encerrado dentro. Éste salió rebotado con el golpe y cayó de espaldas al suelo.

Bárbara dio un par de pasos hacia atrás, sin dejar de mirarle, viendo como se levantaba con presteza y se tiraba como una fiera indómita hacia los barrotes, con una mueca de disgusto en la cara. Por suerte para ella, se limitó a sacar los brazos entre los huecos que dejaban los barrotes, tratando de alcanzarla, cuando tan solo estirando la puerta hacia él podría haberla abierto y cogerla con facilidad. Tenían mucha fuerza bruta y mucho aguante, pero no eran muy listos. Bárbara respiraba agitada, tratando de recuperarse de la carrera que acababa de protagonizar, y se sorprendió dándole vueltas al anillo que llevaba en su dedo corazón. Era algo que siempre hacía cuando estaba nerviosa.

Cuando el chico vio que Bárbara se alejaba, gritó con más fuerza, pidiéndole que no se fuera todavía. A Bárbara le temblaban todos los huesos, y ahora tan solo quería encontrar un lugar tranquilo donde pasar la noche, puesto que el ocaso había empezado su ciclo imparable. Bien sabía que sin luz se volvían más agresivos y hábiles, ya que veían muy bien en la oscuridad. Además eran mayores en número, puesto que gran parte de ellos dormía durante el día. Anduvo unos pasos más por el camino desierto, y vio algo que creyó que era un espejismo.

El abundante manto de niebla que todo lo cubría, la hizo dudar, pero parecía demasiado real para obviarlo. Creyó ver una bicicleta roja circulando a una velocidad moderada por la calle perpendicular al camino donde ella se encontraba. Sobre ella había una joven niña, con un vestido rosa de una pieza. No se atrevió a decir nada, y tan pronto como creyó verla, desapareció de nuevo entre la niebla.

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comentarios
  1. Akira22 dice:

    0.0

  2. Alba dice:

    ” […] delataban que había vuelvo a la vida bajo tierra…” Creo que aquí es “había vuelto”, primera línea del tercer párrafo ^^

  3. Caterinaboop dice:

    Sólo 3 capítulos leídos pero me está enganchado lo que leo, espero poder disfrutar del resto del relato.

    • Aquí siempre serás más que bienvenida, lady Caterina. Si te animas a seguir adelante y te gusta, tienes mucho material para gozarlo, durante mucho tiempo. ¡Saludos y bienvenida al otro lado!

      David.

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