1×018 – Huida

Publicado: 24/03/2011 en Al otro lado de la vida

II. ZOE

Huérfana

18

Residencia de la familia Peña

16 de septiembre de 2008

La alarma de un coche sonaba de fondo, incansable desde hacía ya varias horas en esa calurosa tarde de verano. Ahora todo parecía tranquilo, pero habían pasado ya por demasiado y la decisión era irrevocable; se irían de esa ciudad maldita para no volver jamás. Zoe estaba sobre el sofá, mirando la calle a través de la cortina. Sus padres iban de un lado para otro, acabando de rellenar la última  maleta, sabiendo que lo que no cogieran ahora jamás lo volverían a ver. Uno de ellos apareció por la calle, corriendo sin rumbo, se chocó contra una papelera y volcó su contenido en el suelo. Acto seguido se agachó y comenzó a husmear en la basura, llevándose de vez en cuando algo a la boca, para luego escupirlo.

Zoe dejó caer la cortina y dio media vuelta. Su padre descansaba sentado en una silla del comedor, mirándola con una expresión de claro pesar en la cara. Su madre luchaba con una gran maleta, tratando de cerrarla después de haber metido demasiada ropa dentro. Adolfo le ayudó y acabaron cerrándola. La agarró, y la llevó hasta la puerta de entrada, respirando agitadamente. Fuera sonó un grito, y los tres se giraron instintivamente hacia la ventana. Adolfo corrió al segundo piso en busca de algo y Paola anduvo hacia su hija, mientras ésta la miraba sin poder evitar demostrar el miedo que tenía.

PAOLA – Ahora nos iremos de la ciudad, a un lugar donde no hay ninguna de esas personas enfermas. Cuando lleguemos ya no habrá nada que temer, hija.

Zoe miraba a su madre en silencio, con la boca cerrada y apenas sin parpadear. Desde que empezasen los primeros alborotos, Zoe se había mostrado temerosa, pero se amparaba en el silencio y la quietud, mas que mostrar su pánico de una manera más activa. De hecho, no había llorado ni una vez, ni cuando había recibido la trágica noticia de la muerte de sus abuelos un par de días antes. Estaba demasiado sobrepasada por la situación como para enterarse bien de lo que ocurría, y el miedo no le permitía abrirse. Su madre leyó todo eso en sus ojos, y sintió una vez más una gran impotencia, mientras rogaba al cielo que con su huida del país se acabase esa pesadilla.

PAOLA –  Ya verás como todo saldrá bien.

Paola besó en la frente a su única hija, y la abrazó con todas sus fuerzas, estrujándola contra sí, notando que de ese modo la podía proteger y que así conseguiría que jamás le pasase nada malo. Adolfo bajó las escaleras a toda prisa, con un maletín negro. Miró a las dos mujeres de su vida, y corrió de vuelta hacia la puerta.

ADOLFO – Tenemos que irnos.

PAOLA – Si.

Paola se levantó, y se acercó a Adolfo para hablar con él.

PAOLA – ¿Está todo?

ADOLFO – Si… Espero que sea suficiente.

PAOLA – ¿Cuanto…?

ADOLFO – Catorce mil.

Paola miró el maletín, bajó la mirada, y se esforzó por mostrar una cara serena cuando se dirigió de nuevo a su hija.

PAOLA – Nos vamos ya. Ve a ver si tienes algo más que coger de tu cuarto, y en cuanto vuelvas, nos iremos.

Zoe la miró, con la acostumbrada mirada inexpresiva que tanto le dolía a su madre. Quedó quieta unos segundos, y acabó levantándose. Se dirigió a su cuarto, aún con la idea de que no volvería a entrar en el jamás. Abrió la puerta suavemente, oyendo su gruñido característico, y se encontró en una habitación que poco tenía que ver con la que ella recordaba. La luz se filtraba entre las rendijas que dejaban los tableros de madera que su padre había clavado días antes. Esa era la única luz de la que disponía, pues hacía ya un par de días que habían cortado el suministro eléctrico.

La sola visión de su cuarto muerto, al igual que lo estaba el hombre que se había chocado contra la papelera, le hizo erizar el vello de los brazos. No quería estar ahí, le daba miedo entrar en su propio cuarto, tenía miedo que uno de ellos apareciese entre las sombras para llevársela, al igual que habían hecho con los abuelos, de modo que volvió al salón con las manos vacías. Ahí la estaban esperando sus padres. Adolfo respiró hondo y quitó el seguro de la puerta. Paola le miró y él le devolvió la mirada, entonces la abrió.

ADOLFO – Zoe, ven con papá.

Zoe se acercó sumisa a su padre, y éste la agarró en brazos, pese a que ella ya era mayor para eso. Se disponía a agarrar la maleta con el izquierdo cuando Paola posó su mano sobre la suya, y le señaló el maletín con la mirada. Adolfo le hizo caso, y agarró el maletín al tiempo que ella cogía la maleta. El resto de maletas ya descansaban en el coche, que estaba estratégicamente aparcado haciendo de barricada frente a la puerta. Paola corrió hacia el maletero y metió la enorme maleta, al tiempo que Adolfo abría las puertas delanteras e invitaba a Zoe a que se sentase en el lugar del copiloto.

Sonó el portazo del maletero al cerrarse, y antes de darse cuenta ya estaban los tres dentro. Zoe estaba sentada sobre el regazo de su madre, y Adolfo iba de conductor. Posó la frente sobre el volante, y respiró hondo de nuevo. Colocó la llave en el contacto y tras un par de intentos que de poco acaban con la poca serenidad que le quedaba, consiguió finalmente arrancar y guió el coche hacia el portón de entrada. Tras dejar el coche encarado al portón, y a sabiendas de que con el mando a distancia no lo abriría jamás, puesto que no había luz, bajó del coche. Paola le miró con miedo, viendo como arrastraba la enorme puerta metálica sin dejar de mirar la calle, por la que no pasaba nadie en ese momento. Cuando el portón estuvo suficientemente abierto, Adolfo corrió de nuevo al coche, y lo puso en movimiento, totalmente ignorante de lo que les estaba a punto de ocurrir.

Anuncios
comentarios
  1. Budy1609 dice:

    ¡Por favor sube el siguiente cuanto antes o me muero de impaciencia e intriga! xD

  2. XABIER dice:

    Ahora mismo te odio un montonXD los nombres que pones a los capitulos me ponen de los nervios porque me emociono un monton XD
    PD queremos un segundo tomo

  3. @XABIER: En realidad la novela tiene dos tomos. El primer tomo ya lo tengo escrito, y estoy a mitad de la escritura del segundo (el 1x que aparece delante de los capítulos hace referencia a eso) Y si te soy sincero, últimamente he estado pensando en una secuela, que sería un tercer tomo, pero por ahora sólo es una idea en el aire (una que me está gustando sobremanera), según cómo me vea al acabar estas dos primeras. ¡Un saludo y a disfrutar!

    David.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s