1×019 – Desesperado

Publicado: 24/03/2011 en Al otro lado de la vida

19

Frente a la residencia de la familia Peña

16 de septiembre de 2008

Enseguida abandonaron el patio, dejando atrás la casa. Se encontraban en la calle, y eso les hizo sentirse enormemente indefensos. El encontrarse encerrados entre cuatro paredes, les había conferido una sensación de falsa seguridad, y ahora estaban experimentando de nuevo lo que significaba estar a merced de ellos. Padre y madre se preguntaron si estaban haciendo lo correcto, exponiéndose a ellos, y sobre todo a Zoe, a tanto peligro al salir de lo que parecía un buen refugio. Pero estaban seguros de que hacían bien. Ahí dentro era tan solo cuestión de tiempo que acabasen atrayendo a muchos de ellos, ya había pasado con anterioridad, y cuando se quedasen sin alimento tendrían que salir de todos modos. Con esa idea de la cabeza trataron de convencerse de que estaban haciendo lo correcto.

Adolfo encaró la calle, dirigiéndose a las afueras de la ciudad, conduciendo a baja velocidad sin saber muy bien porqué, mirando a un lado y a otro, desconfiando de todo cuanto veía, creyendo ver seres de esos escondidos en todos lados. De la parcela de su vecino Rafael salió un hombre corriendo. Adolfo lo vio por el retrovisor y ya se disponía a apretar con fuerza el acelerador, cuando se dio cuenta que fuera quien fuese, estaba sano; levantó el pie del acelerador. Corría de una manera diferente a la de esos seres, y parecía estar gritarle algo. Paola miró inquieta a su marido, suplicándole con la mirada que se fueran ya de ahí, pero él decidió esperar.

Rafael corrió hacia el coche, y en cuanto lo alcanzó, comenzó a golpearlo primero en el maletero y luego en las puertas, mientras gritaba que parasen, obligando a Adolfo a frenar del todo y detenerse. Zoe miraba a su madre, asustada por el ruido pero bastante ausente. Rafael corrió hacia la ventanilla de Adolfo y comenzó a golpearla nerviosamente, con una expresión de enorme angustia en la sudorosa cara, mientras gritaba una y otra vez que la bajase; estaba muy excitado. Adolfo frunció el entrecejo y acabó bajando la ventanilla apretando un botón que había en la puerta, tan solo la dejó a la mitad.

RAFAEL – Adolfo, dame el coche.

ADOLFO – ¿Eh?

RAFAEL – No me hagas repetirlo. Necesito tu coche, el mío me lo robaron.

ADOLFO – ¿Pero que dices? No te voy a dejar el coche. Si queréis os podemos llevar al aeropuerto, nosotros íbamos…

RAFAEL – Lo que quiero es tu coche. Estefanía está enferma, y tengo que llevarla al hospital.

ADOLFO – El hospital lleva cerrado desde el viernes, no vas…

RAFAEL – No te lo estoy pidiendo, y sabes que no lo haría si no fuera necesario. Bajad del coche.

ADOLFO – Mira Rafael, yo me voy a ir ahora, siento mucho lo de tu mujer, pero no tengo tiempo para…

RAFAEL – No digas que no lo intenté por las buenas.

ADOLFO – ¿Pero qué dices?

Rafael se llevó la mano a la espalda, a la altura de la cintura, y al traerla de nuevo al frente, Adolfo pudo ver que llevaba agarrada una pistola. A los tres ocupantes del coche se les heló la sangre al instante. Tan aturdidos como estaban pensando en el posible encuentro con uno de esos seres, lo último que hubieran pensado era que su vecino de toda la vida, que tantos domingos les había invitado a barbacoas junto a su esposa, ahora estuviese amenazando sus vidas de ese modo tan mezquino. Este era un mundo de locos, y esa absurda situación no hacía más que demostrarlo. Ahora ya todo parecía carecer de sentido, y al primar la supervivencia de uno y de sus seres queridos, la vida ajena pasaba a ser algo sin valor.

Adolfo se preguntó si él mismo hubiera hecho igual en esa situación, y la respuesta fue tan rápida y contundente, que no le agradó ni una pizca, sin embargo, le convenció para tomar una decisión drástica. Guiado por una fuerza instintiva, optó por la huida. No podía permitirse dejar indefensas a su mujer e hija, y al fin y al cabo, al que estaba apuntando era a él. Sin tener tiempo de reflexionar, apretó a fondo el acelerador y el coche salió disparado. Rafael les miró alejarse, bajando lentamente la pistola, con una expresión de vergüenza y angustia en la cara.

La pistola estaba vacía; llevaba así ya dos días. Llevaba así desde que Rafael friese a balazos, devolviendo al infierno al demonio que había mordido a su mujer, el demonio que había hecho que ahora ella se debatiese entre la vida y la muerte, postrada en su cama, el que le había llevado a ese extremo de degradación moral. Creyó que podría utilizarla para intimidar a su vecino, con la ingenua intención de llevar a su mujer al hospital y encontrar ahí la cura para su mal, aunque sabía a ciencia cierta qué era lo que aquejaba a su mujer, y cual sería el fatal desenlace.

Adolfo guió el coche todo lo lejos y todo lo rápido que pudo de su vecino, todavía temiendo la llegada del primer disparo, sorprendido al no oír ninguna detonación con el paso de los segundos. Tanto él como su mujer estaban demasiado concentrados en la huída para fijarse en lo que estaba ocurriendo en la calle, pero Zoe lo vio todo por la luna trasera. El hombre que minutos antes tirase la papelera al suelo, apareció sin avisar tras el portón del jardín de otro vecino. Rafael no lo vio, pues lo tenía de espaldas. Ese ser corrió hacia Rafael, Zoe sintió la necesidad de advertirle, pero ya estaban demasiado lejos para eso.

En el último momento antes de que girasen la esquina y la escena quedase tapada por otra de las vallas, Zoe pudo ver como Rafael se giraba, alertado por el ruido de ese ser, y comenzaba a correr en otra dirección. Para ellos, ahora lo peor parecía haber pasado. Zoe se giró para mirar de nuevo hacia adelante, y comprobar con sus propios ojos cual era el estado en el que se encontraba su vecindario, lo cual no hizo más que acrecentar su ansiedad. Adolfo continuó la marcha, ahora ya a buena velocidad, convencido a no detenerse bajo ninguna circunstancia hasta que llegasen a su destino.

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comentarios
  1. Don Fernando dice:

    Adolfo encaró la calle, dirigiéndose a las afueras de la ciudad, conduciendo a baja velocidad sin (sabe) (saber) muy bien porqué, mirando a un lado y a otro, desconfiando de todo cuanto veía, creyendo ver seres de esos escondidos en todos lados.
    Hay a veces que exajeras mucho las tildes, osea las pones en palabras que no deberia tenerlas.
    ¡Para eso tienes el Microsoft Word! Jajaja

    Pregunta:
    ¿Que pasó con Rafael?

    • ¡Gracias de nuevo por la aportación. Fernando!
      La novela la escribo utilizando susodicho Word. y me ayuda mucho a detectar cuando me he dejado una letra en una palabra por escribir muy rápido, o cuando un acento o alguna hache se escabullen vilmente. Como tal, la novela está revisada ortográficamente de arriba abajo. Ahora bien, el Word no discrimina si el uso que se hace de las palabras es el correcto, en tanto en cuando las palabras individualmente sean correctas. Escribo conforme a cuanto aprendí en su momento y cuanto retengo de lo que leo, y asumo que debe haber algunas reglas que por mal vicio o por ignorancia me salte sin saber y cometa errores como los que mencionas, pero que se escapan a mis revisiones porque tengo esa laguna. Agradecería igualmente que si algo te hace daño a los ojos lo señalases, pues así tendría ocasión de corregirlo y aprender para no volver a cometer ese fallo en adelante.
      ¡Saludos!

      David.

      • Don Fernando dice:

        No comento que me desilucione ver una falta ortográfica por que no somos perfectos, ni somos máquinas ni nada por el estilo, como me has dicho que se pueden re-editar pues te doy un pequeño grano de arena aparte le estoy dando un lado bueno a mis amigos/compañeros para que se pasen.
        En parte me encanta ver esos fallos por que me doy cuenta que hasta un grán escritor puede equivocasrse alguna vez o tal vez lo hace para jugar un poco con el lector, lo que si me he dado cuenta es que usted como escritor escribe bastante al recibir hasta un simple comentario de una línea. Y eso es muy bueno por que le sacas mucho pero mucho partido al expresarte con el usuario.
        Me he fijado tanbien que dejas como un mensaje subliminal de tu nombre al final como una firma o marca. Lo que muchos usuarios acaban poniendo lo mismo.
        Hoy no he podido leer mucho por que tengo quehaceres pero es normal, este tomo es del 2011 y ya estamos a 2013 cosa que me vá a costar demaciado leer con más de 700 páguinas jajaja acabaré loco.
        Ejemplo:
        (Ricardo.)
        Me gustaria que me llamases Idafe es mi nombre original el otro es un nombre de mi profesor actual de hostelería al que me cae mal.
        Leeré algunas páguinas y me pararé a comentar algo que halla visto y preguntar como siempre y no me has respondido que le pasó a Raphael.
        David si hay algo que halla comentado y no te halla gustado me gustaria que me lo comentaras por que habeces pienso que soy pesado.

        • En realidad el blog es tan solo un muro sobre el que cuelgo los capítulos escritos, pero la versión oficial “en limpio” la conservo a buen recaudo. Esto es como una beta xD Pero los fallos que encuentro siempre acostumbro a reflejarlos también aquí corregidos.
          La novela es realmente larga, pues acabará teniendo más de 1000 capítulos, según mis cálculos. Ahora estoy acabando el segundo tomo. Tú estás en los primeros albores del primer tomo, de modo que tienes entretenimiento para rato. También te digo que hay quien la pilló realmente con ganas y en cuestión de una o dos semanas se puso al día, pero calcula que en formato papel hay escritas más de 2300 páginas.
          Vi en tu siguiente comentario que ya habías descubierto al respecto de un personaje que preguntabas, disculpa que se me pasara xD
          ¡Saludos Idafe!

          David.

  2. Caterinaboop dice:

    Zoe se giró para mirar de nuevo hacia alante (adelante)

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