1×032 – Árbol

Publicado: 28/03/2011 en Al otro lado de la vida

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Comienzo de la avenida Astoria

28 de septiembre de 2008

Al llegar a la calle y verla vacía, empezó a sentirse viva, a notar de nuevo que ella era en realidad una niña, y no la diana de una mente enfermiza que se regocijaba viéndola sufrir indecibles dolores. Desde que se la comprasen por su cumpleaños meses atrás, siempre había buscado cualquier excusa para salir a la calle a dar una vuelta. Le encantaba ir en bici, pese a que no hacía mucho que había aprendido y todavía no la controlaba del todo. Siguió por la calle que le llevaría a las afueras del pueblo, lejos de la enorme zona residencial donde vivía. Conducía en dirección al supermercado al que tantas veces había ido acompañando a su madre a comprar.

No se olvidaba que las calles eran altamente inseguras, y que de un momento a otro podría aparecer algún resucitado, pero todo parecía estar tan tranquilo que se confió. Pedaleaba con tranquilidad, mirando a un lado y a otro, cada vez menos preocupada por lo que pudiera encontrarse, obligándose a mantener la mente en blanco, imaginándose que ese era uno de los muchos paseos en bici que había hecho por el vecindario ese verano, que de un momento a otro se encontraría con Maribel o con Josete y se pondrían a jugar a la sombra de un árbol, dejando pasar las horas riendo sin parar.

Al abandonar la zona residencial de la ciudad y llegar a las afueras, el panorama varió considerablemente, devolviéndola a la realidad. La total dejadez de todo cuanto requiriese mantenimiento le advirtió que debía estar alerta; contenedores volcados, coches con los cristales rotos, uno de ellos estrellado contra una farola que parecía pender de un hilo, e incluso un par de cuerpos medio devorados. Se sintió de nuevo en una pesadilla, y comenzó a sentir miedo, a sentirse nuevamente frágil y desprotegida. Poco a poco se fue convenciendo de que abandonar su casa había sido una muy mala idea, una locura, la mayor estupidez que jamás hubiera podido idear su joven intelecto. Ni la enorme sed que todavía sentía le quitó esa sensación del cuerpo. No obstante, continuó adelante, sin dar media vuelta, puesto que ya no había a donde volver.

Se encontró pedaleando lentamente, observando todo a su alrededor, cada vez más asustada, pendiente de cualquier movimiento para salir a toda velocidad de ahí. Al pasar junto a uno de los cuerpos que yacían tendidos en la calzada, se quedó un momento mirándolo, tratando absurdamente de reconocerle, apiadándose de su pobre alma. Entonces vio como el que ella había confundido con un hombre muerto, despertaba, y clavaba sus ojos escarlata en ella. Zoe casi perdió el equilibrio con el susto, y de hecho dio un par de tumbos que de poco le hacen caer al suelo.

Quiso concentrarse en la conducción de su bicicleta, pero no podía parar de mirar atrás, viendo como ese hombre se levantaba con una facilidad y una velocidad asombrosas, como no dejaba de mirarla, y como emprendía la carrera en su búsqueda. La carretera discurría entre la última hilera de bloques de pisos, y un cinturón verde que precedía al enorme recinto del cementerio. El lugar no le agradaba en absoluto, pero era el camino más corto para llegar a su destino. Zoe se esforzó tanto como pudo en huir, pero ese desgraciado le iba ganando terreno por momentos, corriendo como si la vida le dependiese de ello.

Zoe había visto una noche de verano en casa de Josete y Maribel, una vieja película en blanco y negro en la que los muertos volvían a la vida y trataban de comerse a los vivos. Esa noche había tenido pesadillas, y había prometido no volver a ver una película de miedo jamás. Ahí los resucitados eran torpes, lentos y estúpidos. Muchos habían dicho con mejor o peor tino que lo que había sobrevenido en el mundo el último mes era algo similar a lo que sugería la mente macabra que había ideado esas películas de serie B. Pero ahora, viendo la manera como ese hombre corría, asemejándose a una persona en plena forma física o a un animal depredador ávido de carne fresca, envidió a los personajes de la película.

En su frenético intento por eludir la muerte, forzó la máquina más de lo que su destreza se lo permitía, y acabó perdiendo el equilibrio. Le dolió menos el golpe en la rodilla, y el raspón en los brazos, que el hecho de ver como ese error podía resultarle fatal. La bicicleta fue por un lado, y ella por otro, golpeándose las piernas y los brazos en la caída. Pero ahora el dolor era lo de menos, pese a que había gritado y habían comenzado a brotarle enormes lagrimones de los ojos. Sabía que el tiempo, ahora más que nunca, era oro, de modo que se levantó tan rápido como pudo, y miró a su alrededor.

La bicicleta estaba tras ella, y para alcanzarla, debía correr en dirección a su persecutor, cosa que no se le antojaba nada apetecible, de modo que debía de buscar otra alternativa. Los portales y los locales los edificios más cercanos estaban todos cerrados a cal y canto, y parecía no haber ningún lugar en el que resguardarse, de modo que corrió hacia la pequeña zona de bosque que había a su izquierda. Ese ser comenzaba a babear y a gritar en su extraña jerga, al ver cada vez más cerca su desayuno, y Zoe le acompañó, gritando a su vez, pidiéndole clemencia, exigiéndole vanamente que la dejase en paz.        Se vio inmersa en una zona boscosa, a escasos metros de la alta valla del cementerio, y entonces dio con la solución. Corrió con todas sus fuerzas hacia el árbol más alto, y se tiró a su tronco de un salto. Su gran habilidad para escalar, las bambas que había escogido para la salida y la seguridad de que si no lo hacía bien no lo contaría, contribuyeron en gran medida en ayudarla a subir. En cuanto alcanzó la rama más baja, el resto fue pan comido. Fue escalando de rama en rama, al igual que lo hubiese hecho el más experto de los chimpancés, y para cuando quiso darse cuenta, se encontraba en la copa del árbol. Quien la perseguía había llegado al mismo lugar que ella, pero él no sabía escalar, aunque lo intentaba. Zoe se sintió enormemente satisfecha por un momento, hasta que se dio cuenta de que no podría bajar. Estaba acorralada.

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comentarios
  1. Budy1609 dice:

    Por favor sube más capítulos que nos tienes abandonados xD

  2. Roochu dice:

    Oh, planeaba comentar apenas empecé a leerlo pero me atrapó tanto que no pude xD
    Dios, como escribis! >w.<

  3. @Budy1609: Estaba esperando que los rezagados se pusieran al día, o que alguien me diese un toque de atención, ¡y por lo visto hoy han pasado ambas cosas! Hay un pico de visitas que supera todas mis expectativas. Te invito a que tú, como fiel seguidor desde el primer día, marques la frecuencia de publicación de entradas. ¿Qué te parece?

    • Budy1609 dice:

      Me he ido el fin de semana fuera y no he tenido ordenador. Ahora el rezagado soy yo jaja. Pero en seguida me pondré al día y ya te iré diciendo.

      • Está habiendo una de movimiento impresionante hoy. Cuelgo a medida que veo que ya hay varios que han leído el último, pero todo a sentimiento, porque no hay interacción alguna. Gracias por comentar xDD

  4. @Roochu: ¡Muchísimas gracias! Me encanta que disfrutéis leyéndolo, es lo que más me llena como autor. Me resulta chocante saber de quien está al otro lado mediante unos u otros comentarios, siempre quise ofrecerla y que hubiera quien se lo pasara bien leyéndola, para mi es un mundo.
    ¡Un saludo!

    David.

  5. wintersoul dice:

    Diooooooos *-* Es genial *-* Me he enganchado muchísimo!
    A ver como sale Zoe de esta ._. Voy a seguir leyendo :3

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