1×037 – Provisiones

Publicado: 03/04/2011 en Al otro lado de la vida

37

En el supermercado

29 de septiembre de 2008

Devoraron la comida con ansia, sin apenas saborearla. Bárbara trataba de resultar amigable y luchaba por sacarle una palabra o una sonrisa a Zoe, pero no había manera. Esa chica estaba demasiado cerrada en si misma, y tenía traumas demasiado recientes para comportarse como una niña de su edad. Y eso a Bárbara le sentaba mal, aunque ella misma temía tener una recaída en cualquier momento, puesto que tenía tantas o más razones que Zoe para estar así. No obstante, supo asumir su rol de adulto y se obligó a parecer tranquila y optimista, con la intención de contagiar a Zoe de ese mismo espíritu. No podía permitirse ninguna debilidad.

No mucho más tarde acabaron de comer, empachadas, y se quedaron un rato sentadas en el suelo, rodeadas por las bolsas y las latas que habían abierto para almorzar. Bárbara había seguido formando en su mente el plan maestro que las llevaría a la salvación, al menos a corto plazo. Calculó que tardarían un par de días en llegar al otro extremo de la ciudad por la ruta que había previsto, de modo que al menos deberían pasar una noche en un refugio improvisado. Quiso convencerse de que no tenía porque salir mal, pero no las tenía todas consigo. El siguiente paso sería el de aprovisionarse de comida y de bebida para el camino. Necesitarían al menos provisiones para tres o cuatro días, y una buena mochila donde meterlas.

BÁRBARA – Mira, no te voy a mentir. El camino será largo, al menos un par de días, a pie todo el rato, y tendremos que buscar un sitio donde pasar una noche a mitad de camino, pero yo, personalmente, creo que sería más peligroso quedarse aquí. Por supuesto que no te voy a obligar a hacer nada que no quieras, pero me gustaría que vinieras conmigo. ¿Qué me dices?

Zoe se quedó mirándola, respirando aún algo agitadamente después del atracón. El corazón le latía muy rápido, pues sabía que de la decisión que tomase ahora, dependería su futuro. No desconfiaba de Bárbara, le había caído bien desde el principio. Le parecía amable y hasta le caía bien, pero lo que le estaba proponiendo era muy poco apetecible.

BÁRBARA – Prometo que no permitiré que te pase nada malo, y no me separaré de ti pase lo que pase.

ZOE – Tengo miedo.

BÁRBARA – Yo también, cariño. Todos lo tenemos, y eso es normal. Pero hemos que aprender a ser más fuertes que ese miedo, tenemos que aprender a estar por encima de todos los que quieren hacernos daño. Solo así conseguiremos vencerles.

Zoe miró un momento al suelo, y volvió a mirar a Bárbara.

ZOE – Vale.

En la cara de Bárbara se dibujó una amplia sonrisa, que contagió a Zoe, haciendo que su habitual cara de espanto pareciese más natural.

BÁRBARA – ¡Estupendo! Ya verás como no te arrepientes. Ahora tenemos trabajo que hacer, antes de que se nos haga tarde. Tenemos que coger comida y bebida, y una mochila donde meterlo todo. Acompáñame, venga.

Zoe, algo más animada por tener de nuevo algo en lo que ocupar la mente, acompañó a Bárbara. Cogieron una gran mochila negra de montañero, y comenzaron a meter toda la comida en conserva que consideraron necesaria, siempre que estuviera al gusto de las dos. Cuando llevaban media mochila, agarraron unas cuantas botellas de agua y acabaron de llenarla. Una vez acabaron, y después de meter un par de linternas con sus pilas, un par de mecheros, velas y un pequeño botiquín improvisado, Bárbara trató de levantar la mochila, pero no pudo. Se habían pasado de peso, y tuvieron que vaciar la mitad, con lo cual perdieron la mitad de las provisiones.

Bárbara volvió a levantar la mochila, y ésta vez pudo con ella. Pesaba todavía bastante, pero podría llevarla, aunque no le permitiría correr. Tan solo quedaba una última cosa que hacer. Con la mochila a la espalda, y seguida de cerca por Zoe, se dirigió a la zona de equipamiento deportivo y echó un vistazo al material. Necesitaría un arma para defenderse si fuera necesario. Un arma blanca le parecía demasiado violenta, además de que ella misma podría hacerse daño, de modo que acabó escogiendo lo que en ese momento le pareció lo más adecuado; un bate de béisbol.

BÁRBARA – Ahora ya estamos preparadas para salir. Tendremos comida al menos para cuatro o cinco días, si la racionamos bien, y con las linternas no estaremos a oscuras por la noche. Creo que ya está todo… ¿Que te parece, nos vamos?

Zoe levantó los hombros, y eso fue suficiente para Bárbara. Ambas se dirigieron de vuelta al almacén por el que habían entrado, y miraron de lejos la rendija del gran portón. Seguía igual, y parecía que nadie se había acercado desde que Bárbara entrase. Dejó la mochila en el suelo, y se dirigió a Zoe.

BÁRBARA – Voy a comprobar que no haya nadie fuera, tu quédate aquí. ¿Entendido?

Zoe asintió con la cabeza. Bárbara se dirigió al portón, decidida aunque lógicamente asustada, y se arrodilló. Tragó saliva y metió la cabeza por el agujero. Miró a un lado y al otro. Todo estaba igual que recordaba haberlo visto una escasa hora antes. No había nadie por los alrededores, y la bicicleta de Zoe seguía en el mismo sitio. Pero ahora todo era diferente, ella misma era diferente. Ahora veía las cosas con otros ojos, ahora el escenario de su vida era otro, aunque mantuviese la misma escena.

Se metió de nuevo e hizo un gesto con la mano para que Zoe se acercase. Bárbara pasó primera, y Zoe empujó la mochila y el bate afuera. Luego salió ella y Bárbara se puso la mochila a la espalda. Zoe caminó hacia la bicicleta y Bárbara temió que quisiera utilizarla para el camino, pero la niña se limitó a coger la cinta violeta del manillar, y se la anudó a la muñeca, ayudándose de los dientes, antes de volver con Bárbara. Desde que cayese con la bicicleta el día anterior le había cogido miedo, y ahora prefería ir a pie, cosa que Bárbara agradeció.

ZOE – ¿Vamos?

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comentarios
  1. Caterinaboop dice:

    David: – y miraron le dejos la rendija del gran portón. (un pequeño cambio de letras).

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