2×379 – Perdida

Publicado: 03/11/2011 en Al otro lado de la vida

379

Junto al avión de pasajeros accidentado, al sur de la isla Nefesh

22 de octubre de 2008

 

Dieron una vuelta completa a los restos del avión, sin parar de repetir a voz en grito el nombre de la pequeña, pero todo esfuerzo resultó inútil. Volvieron al sitio del que habían partido, el mismo sitio donde minutos antes había estado Zoe contemplando con deleite aquél hormiguero, cuyas inquilinas tardarían todavía bastante en enmendar el estropicio que habían hecho los tres adultos al pisarlo.

Marion parecía más apurada por volver a la barca que por la ausencia de la más joven del grupo. Carlos se había encendido el segundo cigarro desde que se dieron cuenta que la habían perdido, sin poder paliar la ansiedad que le producía pensar que le hubiera podido pasar algo. Bárbara no hacía más que culparse; sabía a ciencia cierta que Morgan no hubiera permitido que la niña les acompañase, que le hubiera ordenado quedarse con Maya, e incluso con Marion, a la que tampoco hubiera dejado venir. Si Morgan no hubiese desaparecido, ahora Zoe estaría sana y salva. Bárbara se sentía responsable por su pérdida, pues ella le había dado vía libre para que les acompañara, sin plantearse los peligros a los que le podía estar exponiendo de ese modo. Al mismo tiempo, le extrañaba mucho que Zoe se hubiera separado de ellos, tanto; por más que fuera una niña, había demostrado ser bastante responsable y  madura, y no se la podía imaginar alejándose hasta perderse, por más que lo intentase. Ello no hacía más que incrementar sus temores. Lo único indiscutible era que Zoe había desaparecido, y parecía no encontrarse en las cercanías, porque de lo contrario ya hubiera acudido, a esas alturas.

MARION – ¿Y ahora qué hacemos?

BÁRBARA – Yo que sé… Demos una vuelta por los alrededores, a ver si es que… yo que sé. Tenemos que encontrarla.

MARION – ¿No se habrá ido a… hacer pipí, o algo?

BÁRBARA – Pero no… nos habría oído. No puede haberse alejado tanto. No…

MARION – ¿Y dónde está, entonces?

BÁRBARA – Ah, yo que sé. Deja de hablar, déjame… déjame pensar…

Las mujeres siguieron hablando, en voz alta, durante un rato más; Marion poniendo a prueba la paciencia de Bárbara, y ésta tratando de no dejarse llevar por la desesperación, cuando Carlos reparó en algo, lejano, que venía del bosque. En un primer momento creyó que se trataba de Zoe, y el corazón le dio un vuelco. Llamó la atención de las dos mujeres, cortando de ese modo lo que cada vez se parecía más a una discusión, y los tres se quedaron expectantes, viendo a esa lejana y oscura figura acercarse cada vez más a ellos, lenta pero con paso seguro. No tardaron mucho en darse cuenta que no era Zoe. Era una mujer, más alta que cualquiera de los presentes; las sombras de los árboles les impedían verla con claridad.

Ninguno de ellos le gritó nada, pues aunque querían convencerse de lo contrario, todos tenían la misma idea en la cabeza, más al ver la cadencia de su paso, y la manera cómo se movía al andar; les resultaba demasiado familiar. En el momento en el que entró a una zona menos poblada por árboles, y pudieron verla con claridad a la luz del sol, a escasos cincuenta o sesenta metros de donde estaban ellos, no les cupo la menor duda.

MARION – Oh, Dios mío…

Marion fue la primera que salió corriendo, entre gritos y llantos, sin pensar en quien dejaba atrás. Aquella extraña mujer tenía las manos, la pechera de la camiseta y toda la boca manchadas de sangre, sangre que parecía bastante reciente. Bárbara luchó por apartar de su cabeza la certeza sobre a quién pertenecía el rojo líquido. A esa distancia no podían ver el color de sus ojos, pero negar que se trataba de una persona infectada por el mismo virus que había arrasado más de medio mundo, resultaba más estúpido que ingenuo. A medida que se acercaba iba ganando velocidad, al sentir cada vez más cercanas a sus futuras presas.

No fue hasta ese momento cuando Bárbara echó en falta el revólver que habían encontrado en el trasatlántico, con el que Morgan había intentado quitarse la vida. Comprendió que se había perdido durante el hundimiento del barco, y sintió rabia por no haber pensado en él a tiempo, pues ahora les vendría como anillo al dedo, aunque solo le quedase una bala. La infectada empezó a gritar; ahora ya corría, al trote; no iba a permitir que se le escaparan. Carlos echó un vistazo rápido a Bárbara, como pidiéndole explicaciones. Ésta se limitó a subir los hombros, en señal de desconcierto, con los ojos abiertos como platos, en silencio. Ambos dieron media vuelta, y comenzaron a correr, siguiendo a Marion, que ya les había ganado bastante ventaja.

No tardaron nada en alcanzarla, pues Marion tropezó con la raíz sobresaliente de un árbol, y cayó de bruces al suelo, raspándose la rodilla con una roca. Carlos y Bárbara tuvieron que ayudarla a levantarse, mientras ella se quejaba del daño que le había producido el golpe, y los tres, prácticamente codo con codo, continuaron corriendo, sin tener la más remota idea de hacia dónde, sin saber si al hacerlo se estaban salvando de quien les perseguía, o si por el contrario se acercaban cada vez más a la boca del lobo.

Bárbara corría mecánicamente, escuchando los gimoteos de Marion a un lado y los jadeos de Carlos al otro. Estaba ahí, pero al mismo tiempo estaba muy, muy lejos. Había llegado a pensar que realmente se habían librado del yugo de esos infames devoradores de carne, a desembarazarse de ese problema para siempre. Había vuelto a cometer el imperdonable error de confiarse, y el destino, una vez más, se reía de ella en su cara por haber osado pensar que su pesadilla había llegado al fin. Entendió entonces que todo esfuerzo resultaba estéril, que no había lugar al que huir, ni sitio en el que refugiarse. Todo ello revoloteaba por su cabeza, minando a cada nueva zancada su maltrecha estabilidad emocional, empujándola cada vez con más fuerza a dejar de correr, y acabar con tanto sufrimiento de una vez por todas. Pero había algo que le impediría tirar la toalla. Tenía la responsabilidad moral de encontrar a Zoe, al precio que fuera. Suya había sido la culpa de ponerla en peligro, y suyo sería el deber de hacerse cargo de ella, si no era todavía demasiado tarde. Respiró hondo, con los ojos cerrados, y siguió corriendo.

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comentarios
  1. dragzerg dice:

    Oh, no…..

  2. Sicke dice:

    donde estas Zoe??juss……

  3. D-Rock dice:

    Hijo de …..
    Realmente Morgan debe volver, o estos se van a dejar matar

  4. Suly dice:

    Pero bueno!! no se podría haber perdido Marion, no?…tuvo que ser Zoe =(
    D-Rock tienes toda la razón como Morgan no vuelva estos no duran nada en esa isla
    ¿¿Que as hecho con Zoe??

    Saludos!! ^^

    • ¡Si no pasaran cosas sería aburrido! xDD En realidad todo lo que veis que pasa forma parte de un plan macabro que tenía en mente desde largo, para formalizar la situación de los personajes en la isla. No es casual que fuera precisamente a Christian a quien Morgan reconociera estar infectado, que se forzara a pasar la noche en vela temiendo que Morgan les atacase, y que luego estuviera dormido por la mañana y que Marion, animada por el contexto aparentemente inocente de la isla se animara a acompañar al resto. Tampoco es casualidad que Zoe haya desaparecido precisamente ahora, y mucho menos que hayan descubierto el accidente de avión. De momento, lo que he hecho es desmembrar la unidad del grupo. ¿Por qué? Eso lo veréis en breve xD

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