2×383 – Perseguidos

Publicado: 06/11/2011 en Al otro lado de la vida

383

Bosque de coníferas al sur de la isla Nefesh

23 de octubre de 2008

 

Christian había llegado a convencerse que era Morgan el que emitía esos sonidos. Se había convencido que la isla a la que habían llegado estaba libre de la infección, y que habían sido ellos los que la habían traído consigo, pero la evidencia parecía decir lo contrario. Ese hombre, fuera quien fuese, no era Morgan. El color de su piel era macabramente similar, al menos en la parte inferior del cuerpo; parecía haber sobrevivido de un incendio, y tenía ennegrecida gran parte de la piel de las piernas y del estómago. Ninguno de los dos comprendía de dónde diablos había salido, o cómo había sido capaz de encontrarles tan rápido. Ahora volvía a gritar, de algo parecido a alegría, al asimilar que podría alimentarse.

Christian se abalanzó sobre Maya y la agarró lo mejor que pudo, lo mejor que supo, dadas las circunstancias. La chica estaba aterrorizada, pero no había nada que pudiera hacer para evitar el destino trágico que parecía poco menos que inevitable. Olvidando por completo la caja con la comida que habían traído, comenzó a correr al trote entre los árboles con la muchacha a cuestas, notando cada vez más cercanos los gritos y las pisadas de su perseguidor.

Corrió tanto como pudo, sacando fuerzas de donde ya no las había, notando el fuerte abrazo de la muchacha, que temía caerse de sus brazos con tantas sacudidas. Corría tanto como era capaz, pero el sobreesfuerzo se estaba demostrando inútil. El infectado les iba ganando terreno a marchas forzadas, y no tardaría mucho en darles caza. Christian sabía que, con la chica a cuestas, jamás conseguiría correr lo suficiente para poder despistar al infectado. Ni siquiera confiaba en que pudiera hacerlo de no llevar a Maya en brazos, pero con ella, no lo conseguiría jamás. Ella también se había dado cuenta.

MAYA – ¡Suéltame!

CHRISTIAN – ¿¡Qué te voy a soltar, estás loca!?

MAYA – ¡Conmigo a cuestas no puedes, al menos sálvate tú!

Christian miró hacia atrás, y notó un escalofrío en la espalda; prácticamente notaba el aliento del infectado en la nuca. La muchacha estaba en lo cierto.

CHRISTIAN – ¡No te voy a soltar!

MAYA – ¡Déjame!

CHRISTIAN – ¡Que te calles!

La chica empezó a forcejear con los brazos, tratando de conseguir que Christian la soltara y pudiera huir sin ella. El mero hecho de correr con Maya a cuestas ya era un desafío, y casi se le cayó de los brazos cuando la muchacha trató de liberarse. Lo que hizo él fue agarrarla con más fuerza, y apurar todavía más el paso. Maya trató de volver a zafarse de él, y aunque esta segunda vez tampoco lo consiguió, Christian acabó perdiendo el equilibrio.

Maya rodó por el suelo, mientras gritaba, golpeándose con las rocas que lo poblaban. Se le cayeron las gafas al suelo durante la caída. Se acabó quedando quieta unos metros más alante, notando un fuerte dolor en el codo izquierdo. Christian notó cómo se le escapaba de las manos, al tiempo que notaba el frío tacto de una de las manos del infectado en su antebrazo. Fue cuando éste tiró de él, que Christian perdió el equilibrio.

Se levantó todo lo rápido que pudo, y quedó cara a cara con su agresor, que mostraba una desagradable mueca de odio. Estaba inmóvil, observándole; parecía esperar el más mínimo amago del chico por escapar para abalanzarse sobre él. Christian dio un paso atrás, asustado, y notó algo duro bajo sus pies. Ni siquiera se molestó en mirar; si lo hubiera hecho, habría visto las gafas de Maya, con uno de los cristales rotos y el otro fuera de su montura. Tragó saliva, observando el desaliñado aspecto del infectado. A duras penas conservaba la parte superior de su camisa, la única prenda que no había sucumbido al fuego. Vio la silueta de sus costillas en el tórax, y comprendió que estaba hambriento. Eso también respondía a por qué salivaba tanto.

Maya se incorporó como pudo, y miró hacia donde estaba Christian. Veía borroso, porque había perdido sus gafas, pero no le hubiera hecho falta siquiera mirar para darse cuenta que Christian las estaba pasando canutas. Sintió la necesidad de ir hacia ahí para ayudarle, pero debía ser realista; Christian se las tendría que ver con el infectado a solas, y si éste se quedaba con hambre después de acabar con él, ella haría las veces de postre.

CHRISTIAN – ¡Aléjate!

El grito del muchacho acabó por convencer al infectado para entrar en acción, y se arrojó sobre él. Christian tuvo reflejos suficientes para esquivar la primera embestida, y el infectado cayó al suelo de rodillas, soltando un gruñido de protesta. Maya notó como clavaba su mirada en ella, y el miedo se tornó en pánico. El infectado se levantó raudo, y miró alternativamente a uno y a otro, incapaz de decidirse sobre quién escoger.

CHRISTIAN – ¡Intenta alejarte mientras yo le entretengo!

Maya comenzó a reptar por el suelo, ayudándose de toda la fuerza de sus brazos. Sintió la necesidad de disculparse por dejarle solo, pero no lo hizo; no hubiera servido de nada. Notaba cómo las piedrecillas se le clavaban en las palmas de las manos, cómo la camiseta se le manchaba de tierra, y sobre todo un intenso dolor en las muñecas, provocado por el sobreesfuerzo, pero no le importaba. Ella lo que quería era alejarse de ahí cuanto pudiese. Luego, Dios diría.

Llegó a retirarse cerca de veinte metros, escuchando los gritos asustados de Christian y los gruñidos y alaridos sinsentido del infectado. No quiso mirar atrás, temiendo lo que vería si lo hiciese. De repente paró en seco. Había visto las piernas de una niña que estaba quieta, en la trayectoria exacta hacia la que ella se dirigía. Durante un instante creyó que se trataba de Zoe, y sintió un hormigueo en el estómago, un intenso placer al imaginar que Bárbara y Carlos estarían también cerca, y podrían ayudarles. Levantó la cabeza del suelo para ver mejor, y comprobó que esa niña no era Zoe. Era una niña morena, con la piel mucho más oscura, y un par de años menor que su compañera. Maya tuvo el tiempo justo para gritar antes que la niña se le echase encima.

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comentarios
  1. Roochu Mimí dice:

    Me los estás matando a todos! D: Yo que quería ver si pasaba mínimamente algo entre Maya y Christian ): Siquiera un beso D;

    • Jajajaja La indignación es otra buena herramienta, siempre que luego se equilibre xDD Pero cabe decir que a todos no les voy a matar, ¡que si no se acabaría la novela antes de tiempo! Aunque he de reconocer que en una ocasión, al principio de escribir el guión de la novela, pensé en matarlos a todos y continuar la novela con uno de los protagonistas fuertes, que curiosamente no aparece hasta el tercer tomo.xDD Pero concluí que sería como un reboot, y descarté la idea.
      Ahora lo que estoy haciendo es jugar con la tensión que me aporta la temática de la novela, y poner en conocimiento del lector el que la isla está hecha caldo, a tenor de los encuentros fortuitos que he mostrado. Eso, y algo 1000 veces más importante, que ocurrirá en el siguiente capítulo y de ahí en adelante (L).

  2. Nina dice:

    Sube otro capitulo, por favor!

  3. Suly dice:

    o_O
    Pero bueno!! que se supone que haga ahora? ya no quedan uñas!!!

    Uno mas ^^? porfi!!!

    Saludos!!!

    • Recién colgué el siguiente, a petición de Nina. Eso sí, ya aviso. Es todavía más putas en ese sentido, de dejar con ganas de saber cómo continúa y hacer que todavía me odiéis más xD

  4. Ricardo dice:

    ¿Qué es lo que quiere decir reboot?

  5. Ricardo dice:

    ah vale, gracias; sigo al otro lado! 🙂

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