2×406 – Llaves

Publicado: 27/11/2011 en Al otro lado de la vida

406

Tras la mansión de Nemesio, isla Nefesh

20 de octubre de 2008

 

Abril ayudó a Nemesio a bajar el último escalón; habían tardado cerca de un cuarto de hora en salvar la pendiente, pero ahora por fin estaban abajo. Arriba quedaba el coche, y con él el mundo de pesadilla del que huían. Desde ahí se podía ver la parte trasera de la mansión y los restos del antiguo invernadero. Todo parecía mucho más grande desde ahí abajo. Más grande y más ajado. Bruma ladró un par de veces, nerviosa. Abril ni se inmutó; era tanto el ruido que hacía la cascada, que apagaba incluso el ruido de los ladridos.

ABRIL – ¿Y las llaves?

NEMESIO – Todo a su debido tiempo, no seas ansiosa.

Abril hizo un gesto con el puño cerrado y se mordió ligeramente la lengua, como amenazándole, aprovechándose de que no podía verla. Nemesio se limitó a recuperar el aliento, apoyado en su bastón. Cumpliría los 90 años el día de Navidad, no estaba para muchos trotes, no obstante, parecía muy seguro de sí mismo. Bruma volvió a ladrar.

ABRIL – ¿Cómo vamos a entrar?

NEMESIO – Tú llévame a la entrada principal y ya te diré yo cómo.

Bruma ladró de nuevo, y no pudo aguantar más. Se alejó del costado de su amo, y salió corriendo hacia el pequeño lago que había bajo la cascada. Se subió de un salto a una gran roca grisácea y comenzó a beber de la fresca agua como si le fuera la vida en ello. En cierto modo, así era. Abril sintió envidia, pero supo contenerse. Si había podido aguantar hasta entonces, podría aguantar un poco más, ya no vendría de ahí.

Rodearon la mansión, amparados por la sombra que esta proporcionaba. Bruma enseguida se les sumó, una vez hubo llenado el estómago, más saludable que nunca. Abril no hacía más que mirar en todas direcciones, temiendo que una horda de infectados fuese a arremeter contra ellos ahora que estaban indefensos. Había conseguido llevar hasta ahí al anciano, cosa que jamás llegó a creer realmente posible, y temía que el destino, amigo de los guiños macabros, acabase con ellos antes siquiera de poder entrar a la mansión.

Llegaron a la entrada principal, dejando atrás la puerta de servicio, igualmente cerrada. Bruma movía el rabo; Abril empezaba a impacientarse de verdad. Quería volver a sentirse segura, y sabía que no lo conseguiría hasta estar ahí dentro, y no antes de haber asegurado todas las ventanas de la planta baja.

ABRIL – ¿Y bien, cómo entramos?

NEMESIO – ¿Ves las vigas del techo del porche?

Abril miró hacia arriba. En efecto, ahí había unas gruesas vigas de madera, que pese a la antigüedad y la intemperie, estaban en muy buen estado.

ABRIL – Sí, ¿y?

NEMESIO – Justo en la viga que hay sobre las puertas de entrada, hay un una llave pendiente de un cordel.

ABRIL – Sí, claro. ¿Y se supone que yo tengo que alcanzar hasta ahí?

NEMESIO – Si fuera fácil cogerla podría entrar cualquiera.

ABRIL – Cualquiera podría entrar rompiendo una ventana.

Nemesio se quedó callado, ofendido. Abril respiró hondo y miró de nuevo la viga. Fue entonces cuando vio que de la parte central de la misma emergía un pedacito de cordel, del que tan solo se veía una diminuta media luna. Estaba a más de tres metros de altura.

ABRIL – ¿Y no hay otra manera de entrar?

El anciano se giró hacia ella, y Abril por un momento sintió que la estaba mirando. Luego hizo un gesto con los hombros, mostrando indiferencia, y se quedó apoyado en su bastón, limitándose a esperar que ella hiciese todo el trabajo. Bruma se había echado en el suelo del porche, y se estaba quedando dormida.

La doctora sintió ganas de llorar, pero se las guardó para sí. Había llegado demasiado lejos para dejar que la presión acabase con ella, cuando ya podía tocar con la punta de los dedos el objetivo final de ese peregrinaje: el mero hecho de sentirse segura. Dio una vuelta por los alrededores, y volvió con una larga rama seca en la mano. La alzó tanto como pudo, poniéndose de puntillas, pero aún le faltaba más de un palmo para llegar. Dio un par de saltos, sintiéndose estúpida, observada tan solo por la perra, que parecía bastante interesada por su curiosa actuación, hasta que consiguió que la punta de la rama se enganchase en el cordel. La llave cayó al suelo, a varios metros de donde ella estaba.

Abril tiró la rama por encima de la baranda que separaba el porche del terreno lleno de malas hierbas que circundaba la casa, y la perra hizo el amago de ir a buscarla, pero volvió a acomodarse. La doctora se apresuró a coger la llave del suelo. Caminó hacia la puerta que tenía el cerrojo, y la introdujo. Le costó bastante hacerla girar, pero finalmente lo consiguió. Empujó la puerta con el pie, escuchando el inevitable gruñido de los goznes que hacía años que nadie cuidaba. Toda la sensación de malestar y apatía que acarreaba desde hacía días se esfumó al ver lo que había al otro lado de la puerta.

No era más que un vestíbulo, un enorme vestíbulo con una escalera digna de un palacio, un museo o un consulado. Todo estaba viejo, sucio, y en tinieblas por la densa capa de suciedad que cubría las grandes cristaleras que debían iluminar la estancia en doble altura, pero no dejaba de ser macabramente bello. Abrió la puerta del todo, y se colocó frente a Nemesio. Le colocó la llave a modo de collar, y acarició la cabeza a la perra.

ABRIL – Venga, entremos, que aquí no se nos ha perdido nada.

Nemesio asintió y, apoyado en el hombro de la doctora para saber por dónde debía ir, le acompañó hacia el interior de la mansión. Ahí olía a cerrado y a humedad, pero ello no importó a ninguno de los presentes. Una vez dentro, Abril se apresuró a cerrar el enorme portón de entrada con un sonoro portazo que retumbó durante varios segundos en el ambiente. Sonrió; finalmente lo habían conseguido. Era un plan suicida y descabellado, estúpido e ingenuo, pero habían tenido un éxito rotundo, y ahora tan solo les quedaba disfrutar de los frutos del trabajo bien hecho.

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comentarios
  1. megatonhammer dice:

    Supongo que este es el momento en que se van a dar de cuenta de que están seguros, en una mansión lejos de la ciudad, pero sin nada que comer xDD

  2. Callingtothelune dice:

    Hola! 🙂
    Me encanta este blog y toda la historia qe as estado escribiendo y, la verdad, esq me entristece qe no la hayas enseñado antes a nadie porque es realmente genial.
    Se qe mucha gente te dira estas cosas o parecidas pero me gustaria qe conocieras mi opinion 😉
    Espero qe nunca se te acaben las ganas de escribir
    Calling to the lune

    • ¡Muchas gracias, Calling!
      La empecé como un proyecto personal, y consideré que ya habría tiempo para compartirla más adelante. No obstante, el resultado al hacerlo ha sido considerablemente satisfactorio, y no puedo estar más que agradecido. Las ganas de escribir siguen ahí, y tengo muchas más ideas para otras novelas. ¡Lo que me falta es tiempo! xD Nos vemos por aquí. 😉

      David.

  3. lulu dice:

    Si había podido aguantar hasta entonces, podría aguantar un poco más, ya no vendría de ahí.

    ¿ya no vendría de ahí el qué? 🙂

    • Ya no le vendría de aguantar un poco más sin beber, visto lo visto. No sé si lo dices porque pueda sonar algo coloquial, pero yo la veo correcta. Estoy abierto a cualquier sugerencia no obstante 😉

      David.

  4. Caterinaboop dice:

    Tengo que darte la razón David, el “ya no vendría de ahí” queda bastante correcto en su contexto y se entiende el significado, no todo van a ser críticas por nuestra parte ja,ja,jaaaa.

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