2×409 – Bruma

Publicado: 30/11/2011 en Al otro lado de la vida

409

Mansión de Nemesio, isla Nefesh

21 de octubre de 2008

 

Abril abrió un ojo, resopló y volvió a cerrarlo, tapándose hasta la cabeza con la sábana. Era demasiado pronto todavía; tenía demasiado sueño para levantarse. Le habían despertado los gritos de Nemesio, desde el dormitorio de al lado, llamando a la perra. A la doctora le había costado mucho dormirse, y detestaba no poder seguir durmiendo por culpa de que la perra hubiese abandonado la habitación de su amo para darse una vuelta matutina por la casa. Resultaba estúpido. Se estaba volviendo a quedar dormida cuando de nuevo oyó los gritos de su compañero de viaje. Se llevó la almohada a la boca, gritó hasta perder el aliento, se levantó, se calzó y caminó pisando fuerte hasta la habitación del anciano, dispuesta a cantarle las cuarenta por su falta de empatía.

La tarde anterior había pasado más de tres horas colocando tableros por todas las ventanas de la planta baja, sin más ayuda que su fuerza de voluntad, dando un viaje tras otro a la azotea en busca de material, descubriendo más y más ventanas a medida que estudiaba el perímetro de la mansión. Del mismo modo que había tableros de sobra, había muchas ventanas que asegurar. Nemesio adoptó el salón del ala derecha de la planta baja como lugar de descanso. Se sentó en una vieja mecedora junto a una chimenea apagada y amenizó considerablemente el trabajo de la doctora tocando una pieza tras otra en un viejísimo violín que ella jamás llegó a saber de dónde había sacado. Lo hacía muy bien, e incluso consiguió apaciguar a su compañera. Bruma se pasó todo el rato junto a su amo, dormitando sin apenas levantar la vista.

Al principio temió que los martillazos acabarían por traerle problemas, por si el ruido alertaba a algún infectado que merodease la zona, pero enseguida se convenció de que el ruido de la cascada era mucho más fuerte, en cualquiera de los casos. Fue entonces cuando empezó a darse cuenta que ello, lejos de un problema, acabaría resultando un muy grato beneficio.

Ya había caído el sol cuando Abril dio por terminado su trabajo. Sudorosa y agotada, había colocado al menos seis tableros por ventana, cada vez menos convencida que fueran a resultar útiles si llegaba el momento en el que tuvieran que sacarles de un apuro. En cualquier caso había clavado las ventanas a los marcos con los tableros, de modo que ahora ninguna era practicable, y aunque solo fuera por eso ella se sentía más segura. De igual modo había colocado una docena de tablas en las dos enormes puertas de acceso al vestíbulo, volviéndolas inútiles como tales. Ahora la única manera aparente de entrar a la mansión era la puerta de servicio que daba a la parte trasera de la vivienda, desde donde se llegaba a la escalera de piedra que les había permitido bajar hasta ahí.

El pequeño vestíbulo de la puerta de servicio estaba lleno de trastos inútiles, y ella aprovechó uno de ellos, un pesado armario de madera noble para, después de comprobar que la puerta tenía el cerrojo echado, colocarlo delante. Así debería ser suficiente para evitar que nadie pudiera echarla abajo, y al mismo tiempo se aseguraba poder salir en cualquier momento, tan solo echándolo a un lado. Necesitaría un lugar por el que poder salir a por comida, y del mismo modo un sitio por el que poder huir si las cosas se ponían feas.

Cenaron en esa misma sala, la de la chimenea, a la luz de las velas, aprovechando una caja de cerillas que Abril encontró en uno de los cajones de la cocina. Habían comido y mucho, antes, pero volvieron a atiborrarse a frutos y frutas. Aún tardarían algo más en borrar los estragos de todo el tiempo que habían pasado en ayunas. Empezaba a hacer frío por las noches, y Abril tenía ya mucho sueño, pero se quedó otra hora escuchando a Nemesio tocar el violín, con los ojos cerrados, sacando de dentro todo el estrés y la tensión acumulada los últimos días. Fue él mismo el que le pidió ayuda para subir a la planta primera, donde estaban los dormitorios.

Ella escogió uno al azar, y Nemesio se quedó con el de la habitación contigua, compartiéndolo con Bruma. Abril tuvo que quitar toda la ropa de cama que había puesta y sustituirla por otra limpia que encontró en los armarios, repletos de ropa vieja con olor a cerrado. Nemesio ocupó su cama, no sin antes darle las buenas noches a quién le había salvado la vida al traerle hasta ahí. Bruma se echó en el suelo, sobre una colcha que Abril dejó ahí tirada a ese efecto, y la doctora se fue a su propia cama.

Le costó más de tres horas dormirse, y no fue hasta entonces, que se dio cuenta del perpetuo ruido de fondo que tenía la mansión. Durante el día no se había percatado apenas, porque siempre estaba de un lado para otro faenando, pero ahora por la noche el ruido de la caída de agua se volvía incluso molesto, pese a no ser más que un ligero zumbido de fondo. Finalmente consiguió dormirse, pero no pasó una buena noche. Eran tantas las malas ideas que cruzaban por su cabeza al irse a dormir, que no pudo evitar tener pesadillas.

No haría ni media hora que se había hecho de día, cuando Nemesio la despertó y le obligó a levantarse. Ahora estaba frente a la puerta de la habitación del anciano. Le sorprendió que estuviera cerrada, pese a recordar haberla cerrado ella misma la noche anterior. No le dio mayor importancia; la abrió de un empellón y entró, más irritada que curiosa. Nemesio había bajado de la cama y estaba arrodillado en el suelo, junto a Bruma. Al oírla entrar se giró hacia ella, mientras unos grandes lagrimones le recorrían las mejillas arrugadas. Abril notó una súplica de auxilio en esos ojos de mirada perdida. Se acercó un poco más y miró hacia la perra. No le hizo falta siquiera comprobarlo para saber que estaba muerta.

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comentarios
  1. una de por ahí dice:

    pobrecilla… D:
    por cierto , hay una errata, a la perra la llamas varias veces “Brisa”

  2. Caterinaboop dice:

    -Bruma se pasó todo el lado junto a su amo ¿no habrás querido decir “todo el rato”?
    -Le habían despertado los gritos de Nemesio, desde el dormitorio de al lado, llamado a la perra.(llamando). Creo que un par de pequeñas erratas. Por cierto David ¿no habrán tenido que ver las setas con la muerte de Bruma? sería toda una faena. 😦

    • Un combo interesante el que has detectado. Mil gracias de nuevo, Caterina. n_n
      En este caso juego con la duda y la ignorancia del lector al respecto del motivo literal de la muerte del can, para sentar las bases de una etapa interna de esta historia. Esa que tú mencionas es una respuesta plausible en el universo planteado.

      David.

  3. lulu dice:

    sospecho que Abril se arrepentirá de hacer la casa tan difícil para entrar. … y para salir

    • La mansión tiene una peculiaridad de la que carece gran parte de la isla, que la hace diferente a ese respecto que mencionas. No a mucho tardar comprenderás a qué me refiero 😉

      David.

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