2×421 – Ingenuidad

Publicado: 11/12/2011 en Al otro lado de la vida

421

Mansión de Nemesio, isla Nefesh

24 de octubre de 2008

Christian y Maya charlaban en la pequeña sala atiborrada de trastos, junto a la única puerta practicable de la casa que daba al exterior. Abril estaba en algún sitio de la mansión, haciendo los últimos preparativos para partir cuanto antes.

CHRISTIAN – ¿Sólo eso?

MAYA – Sí… y diría que menos que ayer.

Hablaban de cómo se sentía Maya, a cerca de un día del fatal mordisco. Tan solo le dolía un poco la cabeza, y eso era todo. No notaba ningún otro malestar, y ambos tenían constancia que a esas alturas ya debería haber empezado el declive de su salud, aunque fuera tan solo en pequeños detalles.

CHRISTIAN – Y eso no… ¿eso no puede ser por las gafas?

Maya arrugó la frente, giró levemente la cabeza, observando a su acompañante.

MAYA – ¿Cómo  por las gafas?

CHRISTIAN – Si, piénsalo. Perdiste las gafas, y ahora no debes ver bien del todo, ¿no? Es normal que te duela un poco la cabeza.

Maya se quedó un rato pensativa. Lo que decía el chico tenía bastante sentido, y sintió rabia al no haber pensado ella misma con anterioridad. En realidad, ahora que se fijaba, veía perfectamente. No era mucha la graduación que tenía, pero suficiente para notar si llevaba o no las gafas. No obstante, se fijó y se dio cuenta que no las echaba en falta,  para nada. Eso le dejó todavía más extrañada.

MAYA – Pues al igual sí, tienes rasón

CHRISTIAN – Perdona. Sé que no… que no quieres hablar de esto.

MAYA – No… no, tranquilo.

CHRISTIAN – Ojalá no sea nada, de verdad.

Christian se inclinó y dio un beso en la mejilla a Maya, que seguía sentada en su silla de ruedas. La muchacha se sorprendió, pero enseguida apareció Abril por la puerta que tenía a sus espaldas y rompió el momento.

ABRIL – ¿Bueno qué, nos vamos ya?

Christian asintió, y abrió la puerta, dejando entrar otro chorro de luz, aparte del que se filtraba entre los tableros y las cortinas de la única ventana de esa especie de recibidor desproporcionado. Abril salió al exterior, y los chicos se quedaron de nuevo a solas.

CHRISTIAN – Intentaré que tardemos lo menos posible.

MAYA – Ten mucho cuidado, y lleva siempre la escopeta preparada, por lo que pueda pasar.

El chico asintió enseguida. La llevaba a la espalda, sabía utilizarla, y no dudaría en hacerlo.

CHRISTIAN – Adiós Maya.

MAYA – No, adiós no. Hasta luego.

CHRISTIAN – Eso.

Christian la observó un par de segundos más, y luego salió por la puerta, cerrando tras de sí con un portazo. Maya quedó sola en la sucia sala, ignorante por completo de si volvería o no a verles. Dio media vuelta, con la dificultad añadida que ofrecía la vieja silla, y la guió hacia la sala en la que había muerto Nemesio. Se echó como pudo sobre el sofá en el que había dormido Abril las noches que le había acompañado en su agonía, y se quedó mirando el techo de madera, y las barandas que daban a la planta superior, donde había almacenados cientos de libros en docenas de estanterías que ocultaban las paredes. No le apetecía leer, de lo contrario se hubiera podido hartar.

No podía hacer otra cosa que pensar en su futuro, en el hecho de si lo tenía o si por el contrario ya lo había perdido para siempre.

Desde que descubriese aquél feo mordisco en su pierna la tarde anterior, no había podido quitárselo de la cabeza. Desde entonces había ido cambiando de la amarga asunción a la ingenua esperanza, cambiando a cada momento de estado de ánimo, incapaz de contenerse, notando cómo moría por dentro por no poder obtener ya la respuesta, fuera cual fuese.

Ella albergaba, al igual que todas y cada una de las personas que se habían infectado antes que ella, la vana esperanza de ser uno de los elegidos. La mayoría de ellos eran incapaces de asumir que ya no había nada por lo que luchar, incluso después de que la enfermedad se volviera indiscutible a ojos de cualquier hijo de vecino. Prácticamente todos acababan por rogar a Dios una segunda oportunidad, incluso los que en vida se habían declarado rotundamente ateos. Sobre todo ellos. Muy pocos recibían la recompensa deseada a esas plegarias, y los que sí lo hacían, raramente sobrevivían mucho más tiempo a los ataques de los infectados de ahí en adelante.

Maya se diferenciaba en algo de la mayoría. Ella no era creyente, y ni se le había pasado por la cabeza pedir ayuda a nadie. Estaba dispuesta a lidiar con lo que quiera que fuese que tuviera que pasar con ella, lo que le mataba era la incertidumbre. En lo que sí que no se salvaba era en la ilusión por no haber resultado infectada. Pensaba una y mil veces que la saliva de esa niña pudiera no haberse filtrado a su cuerpo, que no hubiera habido suficiente cantidad para dañarla, o que realmente pudiera no afectarle. Pero todo eran elucubraciones, ideas felices que de poco servían en el mundo real.

La muerte de Nemesio, lejos de convencerla de tirar la toalla y abandonarse al pesimismo, había movido algo en su interior, algo que le obligaba a aferrarse más que nunca a la vida. Había estado hablando con Abril y sabía que él, a esas alturas, ya estaba mucho peor que ella. También era verdad que él ya era un anciano, que resultaría más vulnerable, pero cualquier motivo de esperanza era más que suficiente para tener algo a lo que aferrarse. Tenía miedo, muchísimo miedo. Había visto morir a toda su familia, y ella no quería tener el mismo destino, al menos no de esa manera. En el mismo lugar donde Nemesio sentía curiosidad morbosa por convertirse, ella sentía la más profunda repugnancia. No quería volverse un monstruo degenerado, arrastrándose por el suelo con los brazos, en busca de cualquier cosa que llevarse a la boca. Sentía escalofríos cada vez que lo pensaba, y por ello trataba de no pensar, pero era incapaz.

Siguió cerca de una hora dándole vueltas, esperando ver nacer en sí los primeros síntomas de la enfermedad, que se negaban a aparecer, sin poder evitar pensar en un destino mejor, hasta que acabó por quedarse dormida.

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comentarios
  1. Mirame1 dice:

    uno más, por fi por favor D:

  2. Caterinaboop dice:

    “incluso después de la enfermedad se volviera indiscutible a ojos de cualquier hijo de vecino.” (creo que falta algo en la frase).

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