2×423 – Caja

Publicado: 12/12/2011 en Al otro lado de la vida

423

Bosque de coníferas al sur de la isla Nefesh

24 de octubre de 2008

 

ABRIL – Bueno, de todas maneras, con esto no hay suficiente. Tendríamos que coger lo menos el doble cada uno, para ir bien.

CHRISTIAN – Pues déjalo ahí, ya cogeremos todo lo que haga falta de la barca. Hay de sobra.

ABRIL – Es que no sé… al igual se la han llevado ya, y al final nos quedamos con las manos vacías…

CHRISTIAN – Pues cógelo, yo que sé.

Abril levantó la caja por enésima vez, comprobando lo que pesaba.

CHRISTIAN – A ver, yo lo que tengo es prisa, no quiero pasarme fuera todo el día.

ABRIL – Venga va, dejémoslo aquí. Pero antes comamos y bebamos algo, ni que sea para no desaprovecharlo.

Christian resopló, pero acabó accediendo. Era un día muy soleado, y hacía un rato que tenía ganas de beber. No le vendía nada mal un trago.

Ambos se sentaron junto a la caja, y dieron buena cuenta de su contenido. Christian enseguida se dio cuenta que con eso, Maya y él no hubieran tenido para muchos días, si lo de la mansión no hubiera salido bien. La caja era demasiado pequeña. El ex presidiario estaba haciéndole un pequeño interrogatorio a su compañera, ni que fuera para mantenerla entretenida pensando en otras cosas, ya que aún no había ideado una excusa para justificar la presencia de la caja ahí en medio. Ella no había comido nada, pero había bebido un litro entero de agua embotellada, y ahora tenía el estómago hinchado.

CHRISTIAN – Y… ¿no ha llegado más gente, en barco o en avión, a esta isla? Me extraña mucho que estando sana no se haya corrido la voz y haya empezado a llegar gente de todos lados.

ABRIL – Sí, vino mucha gente, sobre todo franceses. Todos por mar, por eso… el único avión que ha llegado, al menos que yo sepa, fue el que… el que lo jodió todo. Había barcos de todos los tamaños y colores en el puerto y… más allá, y además venían abarrotados de gente. Ahora ya no queda ni uno. Se los llevaron todos cuando… cuando empezaron las noticias sobre los asesinatos en el bosque. Los que habían venido no se fiaron y se fueron enseguida, y el resto… se fueron yendo poco a poco. Y eso aunque nosotros no… no se envió ninguna señal de que la isla estaba sana, la policía se encargó de eso.

CHRISTIAN – ¿Cómo?

ABRIL – Sí. Sabíamos que todo el continente estaba… perdido, como la mayoría de las islas grandes… Por las noticias, hasta que dejamos de recibir señal de satélite. Éramos conscientes que habíamos tenido mucha suerte, y no convenía un efecto llamada, porque más tarde o más temprano, llegaría alguien infectado, y… eso, que no era una buena idea.

CHRISTIAN – Pues eso no debería ser así.

ABRIL – No, a ver, piénsalo. Es cuestión de estadística. La gente hace verdaderas locuras por preservar la vida de un familiar, o un amigo. Y es lo que te digo, que llegó muchísima gente por barco. Y llegó gente infectada, no te vayas tu a pensar que no, pero tanto los policías, los bomberos y un montón de voluntarios, se encargaban de revisar cada barco que llegaba, y a la que encontraban a alguien que estuviera enfermo se le… no se le permitía entrar en la isla, y si enfermaban mucho… bueno, ya te lo imaginas.

CHRISTIAN – ¿Los sacrificaban, como a los perros?

ABRIL – No es tan sencillo. Siguiendo esa pauta duramos un mes más que vosotros.

Christian arrugó la frente. Él no se consideraba parte de ningún grupo, poco más que un superviviente anónimo.

ABRIL – Pero que da igual, ahora ya… da igual. Estamos igual que el resto, pero encerrados aquí, porque ya te digo yo que no vas a encontrar medio alguno con el que salir de la isla. Pasé por el puerto, antes de ir a la mansión, y… estaba todo desierto.

CHRISTIAN – Lo sé…

Christian recordó cómo estaba el puerto de Iyam, y se hizo a la idea.

CHRISTIAN – Lo que no entiendo, es cómo pudisteis controlar la gente que venía… Digo… Me has dicho que la cuidad no es tan grande, ¿cómo sabéis que no entró nadie más por cualquier otro punto de la isla? Es enorme.

ABRIL – Ah… pues no sé. Supongo que rodearían la isla, hasta que encontraron la ciudad. No sé, digo yo. Es lo lógico. Eso es lo que haría yo, si llegase a cualquier isla.

CHRISTIAN – Sí… supongo… Nosotros llegamos a pensar que habíamos llegado a una isla… deshabitada.

ABRIL – ¿Pero de dónde veníais, vosotros?

CHRISTIAN – De Iyam, pero… Perdimos bastante el rumbo por el camino… Llegamos aquí por casualidad, como aquél que dice, nos dirigíamos de vuelta a la costa. Al continente, como tú dices.

ABRIL – ¿Al continente para qué?

CHRISTIAN – Para… para estar cerca de algún sitio en el que coger para comer y para beber.

ABRIL – ¿Y no hubiera sido más fácil coger una destiladora de agua salada y una red, para pescar?

CHRISTIAN – Dicho así suena hasta sencillo. No es tan… no es tan fácil.

ABRIL – No sé, yo no tengo ni idea.

Se mantuvieron en silencio un par de minutos, notando la suave brisa que corría por entre los troncos de los árboles, escuchando el cantar de los pájaros.

ABRIL – ¿Qué pensáis hacer?

CHRISTIAN – ¿Eh?

ABRIL – Sí… que si os queréis quedar en la casa, para siempre.

CHRISTIAN – ¿Que molestamos?

ABRIL – No, no lo digo por eso. De verdad.

CHRISTIAN – Ahm.

ABRIL – Lo digo por vuestros amigos…

CHRISTIAN – Sí… sé lo que dices. Eso ya lo he pensado. De hecho… te dije de venir a la barca en parte por eso.

Abril arqueó las cejas.

CHRISTIAN – A ver, hay comida ahí, no te estoy mintiendo. Pero… nos habían dicho que los esperásemos ahí. Yo… todavía espero encontrarlos. De estar… no hay otro sitio donde pueda ir a buscarlos. Si no están ahí… no tengo ni idea de por dónde empezar a buscar.

ABRIL – Entiendo. Bueno… podrías ir a la ciudad.

CHRISTIAN – ¿A buscarles?

ABRIL – No hay mucho más en esta isla. Si están… bien, no se me ocurre otro sitio donde hayan podido ir a parar.

CHRISTIAN – No sé… espero encontrarles… Si no… Yo que sé. Bueno, ¿seguimos ya, o qué?

ABRIL – Sí.

Abril se levantó del suelo, y se limpió de tierra el trasero golpeándolo con las palmas de las manos abiertas. Christian se levantó de un salto, y sin mediar palabra prosiguieron el camino.

Anuncios
comentarios
  1. Alba dice:

    ¿No hay más? D:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s