2×424 – Reencuentro

Publicado: 13/12/2011 en Al otro lado de la vida

424

Cala rocosa en la costa meridional de la isla Nefesh

24 de octubre de 2008

 

ABRIL – Tendríamos que haber cogido… un carro o algo, para poder llevarnos más cosas. Vi carretas en el establo, deberíamos haber cogido una cada uno y así por lo menos podríamos haber aprovechado el viaje… No me habías dicho que había tanto.

CHRISTIAN – Te dije que había mucho.

ABRIL – Pero… vamos a tener que dar muchos viajes para poder llevarnos todo esto.

CHRISTIAN – Como si tuviéramos nada mejor que hacer.

Abril estaba sobre la barca, revisando una a una todas las cajas que había ahí encima. Por fortuna no había llovido desde que llegaran a la isla, y todas seguían intactas. Christian estaba especialmente irascible. Sentía rabia principalmente porque ahí no había nadie. Habían llegado hasta la cala sin ningún problema, y por una ruta más corta y llana incluso de que la habían tomado él y Maya para ir a la mansión, pero al llegar, lo encontró todo exactamente igual que lo habían dejado. También sentía rabia al ver a Abril hurgando entre las cosas que tanto les había costado recolectar a ellos. Al verla ahí, sentía la impresión que eso cerraba definitivamente un capítulo de su vida, que ello no hacía más que confirmar que realmente sus amigos habían muerto, que no les volvería a ver jamás.

Le dio una patada a una piedra, sobre la arena, y la hizo chocar contra el tronco de uno de los árboles que tenía delante. Hacía bastante calor. Se preguntó qué día sería, si ya habría acabado el verano. No sabía en qué día vivía, ni siquiera en qué mes. Se quedó sobre la arena unos minutos más, sentado sobre una roca, haciendo garabatos en la arena con una rama seca.

Se estaba levantando, dispuesto a coger su parte y partir de ahí de una vez por todas, cuando vio algo moviéndose a lo lejos, en la costa, a su derecha. Se alarmó sobremanera. Le extrañaba mucho no haber encontrado compañía por el camino, y ahora le sobrevino una mezcla de apatía y miedo al ver que no estaban solos. Se quedó quieto, aguantando la respiración. Estaba tan lejos que no era capaz de distinguir nada, pero resultaba indiscutible que era una persona, una persona que venía corriendo hacia ellos.

ABRIL – ¿Me vas a ayudar o qué?

CHRISTIAN – ¡Calla!

Abril se giró hacia él, extrañada por su actitud. Christian agarró la escopeta manchada de arena del suelo, y comprobó por enésima vez que estuviera en plenas facultades para disparar. Dio un paso al frente, y colocó el arma en actitud defensiva, sin parar de observar esa pequeña silueta que se acercaba cada vez más. Tan solo tendría que quedarse quieto esperando que se acercase lo suficiente, y disparar. No parecía demasiado difícil.

No tardó mucho más en darse cuenta de qué se trataba. Entonces tiró la escopeta a un lado, al suelo, y salió corriendo hacia ese otro extremo de la costa. Abril no comprendía nada, pero tampoco sentía miedo, tan solo curiosidad.

Zoe empezó a gritar su nombre; ella lo había distinguido a él mucho antes que él a ella. Ambos corrieron con todas sus fuerzas, hasta que se encontraron, agotados, a unos cien metros de la barca.

Tuvieron que frenar al encontrarse, y sin tiempo siquiera de mediar palabra, ambos se fundieron en un sincero y emotivo abrazo, mientras el agua salada les cubría los pies, sobre la arena. Christian alzó a su pequeña amiga y dio un par de vueltas sobre sí mismo, haciéndola girar en el aire, sintiendo como si el corazón fuese a salírsele del pecho. Ambos estaban llorando, con una gran sonrisa en la boca. Christian la dejó en el suelo y la observó, sin poder parar de llorar de felicidad. Jamás hubiera pensado que le sentaría tan bien volver a ver a esa chiquilla a quien tanto le gustaba hacer rabiar.

Había algo diferente en ella: era la ropa. Ahora llevaba unos tejanos y una camiseta de Hello Kitty de manga larga, con las mangas dobladas hasta el codo. Incluso el calzado era nuevo. Se preguntó de dónde habría sacado todo eso, y echó una ojeada más allá de ella, de donde ella venía. No había nadie más. Bastante desilusionado, se tranquilizó enseguida, pero ella empezó a llorar con más ganas, con un rictus bastante feo en la cara. Christian la atrajo hacia sí y la abrazó de nuevo, mientras le mesaba el cabello con la mano.

CHRISTIAN – Ya está, Zoe, ya pasó.

Poco a poco la niña se fue tranquilizando, y el llanto se fue sustituyendo por una tímida sonrisa.

ZOE – ¿Dónde estabais? Llevo… ¿De dónde vienes y… y quién es esa?

Zoe miraba a Abril desde lejos, sin molestarse en ocultar su disconformidad con su presencia sobre la barca. No veía a Maya por ninguna parte, y eso no le gustaba.

CHRISTIAN – Os estuvimos esperando, pero al final nos… nos tuvimos que ir.

ZOE – ¿Dónde está Maya?

CHRISTIAN – Está… Ella está bien, no te preocupes. Hay una casa, en el bosque. Ella está segura ahí dentro.

ZOE – ¿Y ésa quién es?

CHRISTIAN – Ella estaba en la casa, cuando llegamos. Es de fiar… Pero… dime, ¿dónde están los demás?

ZOE – No lo sé.

Christian arrugó la frente. Esperaba una respuesta, cualquier otra respuesta menos esa. Se la temía, pero no por ello dejó de sorprenderle.

CHRISTIAN – ¿No sabes dónde están?

ZOE – No. Les perdí el otro día, cuando os dejamos a Maya y a ti, que estabas durmiendo.

CHRISTIAN – ¿Llevas sola desde el otro día?

ZOE – Sí…

Zoe empezó a llorar de nuevo. No pudo evitarlo. Christian sintió una punzada en el corazón, y la abrazó de nuevo. Nunca había sido así; hasta la fecha podría haber contado con los dedos de una sola mano las veces que había dado un abrazo, pero ahora todo era distinto. Ahora sabía que debía hacerlo, y no se avergonzaba por ello. Esa muchacha era su familia.

CHRISTIAN – Tranquila, ahora estás a salvo. Les encontraremos. Te lo prometo.

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comentarios
  1. Sicke dice:

    ohh no me dejes con la miel en los labios!!kiero saber porke se perdio zoe y la ropa y como sobrevivio,kiero saberlo todooo me encanta zoe

  2. dragzerg dice:

    Zoe estÁ bien,YAY!

  3. Recién ahora daré un pequeño salto atrás para narrar las experiencias de Zoe 😉

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