3×942 – Cigarro

Publicado: 07/03/2015 en Al otro lado de la vida

942

 

De camino al barrio de la familia Vidal

16 de junio de 1986

JOSÉ – ¿Quieres hacer el favor de apagar eso? Me vas a apestar toda la tapicería.

            Guillermo, que estaba sentado en el asiento del copiloto de aquél lujoso coche, resopló. Pese a que hacía un par de años que había dejado de fumar, la actual situación no le había permitido seguir siendo fiel a su promesa, y tuvo que comprar un paquete en el estanco que había junto al hospital en cuanto se le presentó la oportunidad. Necesitaba algo en lo que entretenerse para liberar parte de la tensión acumulada, y ese siempre había sido su mejor aliado en los momentos difíciles. En cualquier caso, le dio una última calada al cigarro, lo tiró despreocupadamente por la ventanilla abierta, y fijó de nuevo su mirada en la guantera. Aunque no siempre compartía su punto de vista, tenía un gran respeto a su padre, y raramente le llevaba la contraria.

            Le estaba empezando a doler la cabeza. Las últimas horas habían resultado las más largas y tristes que él alcanzaba a recordar. Tuvieron que esperar al levantamiento del cadáver y soportar el pésame de un montón de desconocidos hasta que finalmente llegaron los técnicos que se encargaron de llevarse el cuerpo al tanatorio que había en las afueras de Sheol, en la frontera con Etzel, tras hacer algo de papeleo y entregarles un cheque más que generoso. José estaba decidido a acompañarles en su propio coche, pero Guillermo le insistió en que antes debían recoger a la pequeña Bárbara y darle la noticia. Aunque a regañadientes, su padre acabó accediendo.

            Habían dejado a Bárbara con la vecina, una buena amiga de Ana, ya que su niñera tenía unos días libres que había aprovechado para visitar a su familia al sur del país y Gloria no entraba a trabajar hasta más tarde. La pequeña había insistido mucho en que quería ir a ver a su madre, pero José se había mostrado inflexible, consciente que el fatal desenlace debía ser ya inminente, y que a la niña no le convendría ser testigo de ello en primera persona.

            José guió el vehículo al interior de la parcela de sus vecinos y aparcó en la entrada. Guillermo vio a un muchacho de unos ocho años, con bastante sobrepeso, entrar corriendo a la casa. Debía ser Pedro, el hijo de la vecina, aunque él no recordaba que estuviese tan gordo la última vez que le vio, hacía algo menos de un año. La madre de Pedro corrió hacia el coche. Guillermo se sonó la nariz por enésima vez, dejando inservible el último pañuelo que le quedaba. Aprovechando que su padre había abandonado el coche y que la ventanilla estaba bajada, se encendió otro cigarro. La voz de José explicándole la trágica noticia a la vecina le puso todavía más nervioso de lo que estaba, y a punto estuvo de caérsele el cigarro encendido sobre el asiento de cuero.

            Guillermo negó ligeramente con la cabeza al ser testigo de la respuesta sorprendida y apesadumbrada de la madre de Pedro. Entonces se fijó en que la mujer se había girado hacia el extremo opuesto a la casa de la parcela, hacia un cobertizo prefabricado de madera donde guardaban los útiles de jardinería. Se sorprendió al ver a su hermana saliendo de un cofre de mimbre que había junto a la puerta. La visión le hizo sentir un nudo en el estómago, y sin saber muy bien cómo ni por qué, empezó a llorar de nuevo. Tiró el cigarro, al que a duras penas había dado dos caladas, al césped recién cortado, y se llevó ambas manos a los ojos, cerrándolos fuertemente, tratando sin demasiado éxito mantener la compostura. Para cuando volvió a abrirlos, Bárbara ya se encontraba a medio camino. Sintió ganas de salir a su encuentro, pero le fallaron las fuerzas.

            Bárbara llegó junto a la vecina y a su padre, que tenía puestas unas gafas de sol para ocultar la hinchazón de sus ojos. La madre de Pedro parecía bastante más afectada que él. Guillermo se puso en tensión tan pronto vio la expresión asustada en el rostro de su hermana, y le quitó el seguro a la puerta al ver cómo un gran lagrimón recorría su mejilla.

BÁRBARA – ¿Cómo está la mama?

            José respiró hondo, tratando de encontrar la mejor manera de darle la mala noticia a su hija. Bárbara tenía poco más de cinco años, y pese a que le habían explicado, en la medida de lo posible dada su corta edad, el delicado estado de salud en el que se encontraba su madre, él tenía serias dudas sobre cuál sería su reacción. No obstante, se mostró firme, convencido de que no serviría de nada andarse con paños calientes. La mandíbula inferior de su hija temblaba convulsivamente.

JOSÉ – Bárbara. Tu madre…

            Tragó saliva. La vecina seguía gimoteando, y miró a otro lado al tiempo que José procedía.

JOSÉ – Tu madre ha muerto.

            Bárbara notó que le fallaban las piernas, y se giró al sentir cómo alguien la sujetaba del hombro. La pequeña fijó su atención en su hermano, mientras éste acribillaba a su padre con la mirada, increpándole por su insólita falta de tacto. La pequeña no entendía nada, y estaba poniéndose cada vez más nerviosa.

GUILLERMO – Barbie, cariño, acompáñame un momento.

BÁRBARA – ¿Qué está pasando, Guille?

            Guillermo hizo un gesto negativo con la cabeza, mientras trataba de mostrar una sonrisa amable a su hermana pequeña. José exhaló aliviado, al haberse quitado ese peso de encima.

GUILLERMO – Ven.

            Ambos desanduvieron el camino que había hecho el coche y se alejaron en silencio, adentrándose en las inmediaciones del parque natural que había más allá de aquél barrio de viviendas de alto standing. Guillermo guió a su hermana hasta un lugar muy conocido por ambos, a la sombra de un gran algarrobo bajo el que ella había jugado cientos de veces, y del que se había caído al trepar más de una vez, volviendo a casa con rodillas y codos despellejados. Ambos tomaron asiento en una gran formación rocosa en forma de banco que había casi a ras de suelo.

BÁRBARA – ¿Qué pasa? ¿Qué es lo que pasa con la mama?

            Guillermo contuvo las lágrimas, y le dio un sonoro beso en la frente a su hermana.

GUILLERMO – La mama está ahora en el cielo.

Bárbara, desde su inocencia, miró instintivamente a través de las ramas del algarrobo. Unos nubarrones oscuros se acercaban desde poniente, pese a que a esas horas hacía un sol de justicia.

GUILLERMO – Ahora ya no va a pasarlo mal nunca más. Ya se ha curado. Ahora está descansando. Está con los yayus.

            Bárbara no estaba muy familiarizada con el concepto de la muerte, y aún le costaría un poco asimilar la mala noticia. La pequeña empezó a llorar de nuevo y su hermano la abrazó, acariciándole la espalda por encima de su melena rubia, mientras él mismo también se desahogaba.

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comentarios
  1. Betty dice:

    Pobre niña !! Qué padre con más poco tacto y empatía, no me extraña el vínculo tan especial qué tiene con su hermano Guillermo, verdaderamente él es el padre !!

    • Y además piensa que Bárbara y su hermano se llevan 25 años, así que incluso por edad le pega más a él que a José. Me gusta ver José no te deja indiferente. Aún le quedan unas cuantas cosas más por decir.

      ¡Buenas noches!

      David.

  2. Josetxu dice:

    Epa hiva a dejarte un comentario en el cap 364 pero como no se puede te lo pongo aqui. “Carlos- Hosita, es verdad. Subire, y arriare las velas, y … echare el ancla. ” En mede hosita no sera ostias y hay demasiadas y.
    Yo me llevo con mi hermana pequeña 20 años y para mi es la nena de mis ojos como una hija. Me saca lo q quiere.
    Un saludo

    • Justo es el antepenúltimo en el que no puedes comentar, al menos durante un par de semanas más, que es lo que dura mi compromiso de exclusividad con Amazon.

      Reformularé el diálogo de Carlos, sí que es cierto que se le puede dar un par de vueltas más.

      Interesante reflexión sobre tu hermana. A ti te costará aún menos empatizar con la situación de Guillermo en relación a ella. 🙂

      No olvidéis que esta noche a las 00:00 tenéis nueva entrega, como celebración por haber alcanzado las 100.000 visitas en el blog.

      ¡Saludos cordiales y gracias por comentar! 😛

      David.

  3. Betty dice:

    Esta noche más……. 😃 gracias por el regalito…… A ti y a Carol 😉!!

    Saludos

    Betty

    • Esto parecen ya los viejos tiempos, cuando colgaba un capítulo al día, todos los días, y me pasé así más de un año xDD

      En este caso los agradecimientos deben ir dirigidos a Carol, que fue quien lo sugirió en primera instancia, y a vosotros mismos, porque son vuestras propias visitas las que lo han hecho posible. 🙂

      David.

  4. battysco dice:

    Ahora ya conocemos esa escena explicada desde los mayores. Creo que José no siente el mismo cariño por Guillermo que por Bárbara, seguramente esa hija no fue buscada y en sus ambiciosos proyectos laborales ella representaba más una carga que una ilusión. Sin embargo, seguro que con su otro hijo la paternidad la vivió de otra manera mucho más deseada y especial. Aunque eso no quita que sea más áspero que un melocotón para dar una noticia tan triste a su hija de 5 años!!

    Y llegamos a las 100.000 y las pasamos!! Qué bieeeen. Esta noche más, gracias.

    Sonia.

    • Esta es una de las escenas que mencioné que os parecería interesante, porque se narra desde el punto de vista de otros personajes. Es curioso cómo se puede hacer eso aunque el narrador sea omnisciente. Con tal que sólo cuente lo que a mi me da la gana xD

      La relación de José y Bárbara siempre ha sido algo fría. Como tú bien dices, Bárbara no fue buscada, fue un accidente en toda regla. En uno de sus flashbacks sin fecha, en una de las primeras crónicas, lo explico. Nació tras la férrea insistencia de José a su mujer para que abortase, por miedo a que el embarazo pudiese ser peligroso para ella, dada su avanzada edad. Ella se negó, asumiendo el riesgo, y acabó teniéndola, sin mayores complicaciones que una cesárea. José nunca ha estado muy pendiente de ella, al estar tan centrado en su trabajo, primero intentando encontrar el modo de evitar que Ana muriese por su enfermedad, y luego dedicando toda su atención a él por su propio ego, dejándola a Bárbara al cargo de terceros. La decisión de Bárbara de no seguir sus pasos en el “negocio familiar” aún les distanció más, y… ya sabéis cómo acabó la cosa, con una pandemia a nivel global.

      Con Guillermo la cosa fue diferente, si bien eso no se menciona en la novela. Fue un niño deseado, en una cronología de la pareja que era la correcta, y además siempre mostró interés por el trabajo de su padre, lo cual generó un vínculo diferente al de Bárbara. Desde luego el modo de darle la mala noticia no hace más que enfatizar su falta de tacto en el trato humano.

      El capítulo de esta noche sí que es el que os dije en alguna ocasión que a alguno de vosotros os parecería especialmente interesante. Lo he buscado, y esa persona es Lady Sicke, que fue la primera en aventurar qué era lo que realmente ocurría, y a la que después de más de tres años, le puedo decir abiertamente que dio en el clavo con todas las de la ley. (está todo reflejado en el capítulo 369, que es el que se revisita desde el punto de vista de Guillermo, dando respuesta a unos cabos sueltos que en su momento generaron algo de controversia).

      ¡Saludos cordiales y gracias por comentar! 🙂

      David.

  5. Drock9999 dice:

    Casi como Josetxu, le llevo a mi hermana 15 años y soy una figura paternal para ella, ya que aunque vivimos todos, la relación padre-hija no es de las mejores de la casa. Y las condiciones no son ni de cerca parecidas a la relación de AOLDLV.

    Tengo una duda importante. Que son los yayus?

    D-Rock.

    • La situación de Bárbara no es tan infrecuente como yo pensaba… interesante. Todo lo que sume verosimilitud es bienvenido.

      Con el resto de personajes he intentado ser más “universal” pero a Bárbara y Guillermo les he impuesto mi manera de hablar, en mi casa la mamá se llama mama, y el abuelo (o yayo) se llama yayu, y la abuela yaya. Supongo que es algo español (espero que no sea sólo catalán, aunque estoy casi convencido que en Galicia también los llaman yayos). ¿Qué tal por Madrid o Andalucía?

      David.

  6. Carol dice:

    Hola, David. Por Madrid es menos frecuente, pero, efectivamente, también se escucha lo de yay@s. D-Rock genial que participes. Como le dije a Sonia, admiro en la gente esa creatividad de la que yo carezco. Ánimo a los dos!. Slds

    • Me tranquiliza un poco saber que algo relativamente frecuente. Por estos lares se utiliza con mucha frecuencia, pero siempre es mejor conocer de primera mano la opinión de personas de distintas localizaciones geográficas para tener una percepción global a la hora de asumir si es un localismo o algo más generalizado.

      Hoy estoy que lo rompo. He recibido mi primera reseña oficial, de una web literaria a la que envié el libro, y finalmente me he animado a dar vida al famoso concurso de relatos. ¡Esto pinta bien!

      David.

      • Carol dice:

        Acabo de terminar de leer todos los comentarios del blog que se han escrito desde ayer. Genial contar ya con tres personas dispuestas a escribir su relato. Sobre la reseña de Delia, es realmente genial y deberías de sentirte más que orgulloso. Te ha dado un 9 sobre 10 y su crítica ha sido inmejorable!. Qué más se puede pedir? 😉.

  7. Parece que la cosa prospera. Creo que tendremos un trabajo arduo para juzgar cuál es el mejor.

    La reseña me dejó sin palabras. Ciertamente fue mucho mejor de lo que yo hubiese podido desear. Estoy encantadísimo con ella 🙂

    David.

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