3×959 – Ecuador

Publicado: 02/05/2015 en Al otro lado de la vida

959

A la mañana siguiente Darío comenzó las clases de navegación con una nueva alumna. El viejo pescador no fue muy duro con ellas, y tras un par de horas, cuando ya estuvo convencido de que podrían valerse por sí mismas en su ausencia, finalmente consintió en bajar al camarote, donde quedó dormido en menos de un minuto. Las tres grumetes siguieron a rajatabla sus enseñanzas y mantuvieron al velero en la dirección adecuada en todo momento, haciendo las anotaciones pertinentes sobre su avance en el cuaderno de a bordo. Trabajaban en equipo, y se compenetraban muy bien.

Esa nueva jornada no hizo tanto viento como la anterior, pero sopló una suave brisa que mantuvo al velero en movimiento en todo momento. No tardaron mucho en darse cuenta de que lo más duro del viaje sería hacer frente al tedio. En el resto de la mañana no ocurrió absolutamente nada. Si no fuera porque sabían a ciencia cierta que no era así, incluso hubieran temido estar dando vueltas sobre sí mismos. En cierto modo eso era un alivio, sobre todo para Bárbara, que siempre tenía los prismáticos a mano, temiendo cualquier encuentro con algún otro barco, aunque éste parecía resistirse a ocurrir.

A primera hora de la tarde Darío se levantó y entre las chicas prepararon la comida mientras él tomaba de nuevo el mando del navío, elogiándolas por lo bien que lo habían hecho durante su ausencia. Esa fue la última vez que se alimentaron exclusivamente de la comida que habían traído consigo de Bayit.

Esa misma tarde Darío les dio una nueva clase práctica, pero en esta ocasión de pesca. Ese ejercicio fue, sin duda, al que más tiempo e ilusión dedicarían los siguientes días. Darío era toda una eminencia en ese campo, y con todo el material del que disponían, enseguida empezaron a recibir los primeros frutos, que se demostraron más generosos de lo que él mismo hubiera podido prever. En adelante alternaron las clases de navegación con las de pesca, y si bien ninguna de las tres acabaría siendo una experta en esos quehaceres, al menos sí adquirieron conocimientos suficientes para defenderse por sí mismas. Darío se sentía muy satisfecho por ello, consciente de que si él llegase a faltar, ellas igualmente sabrían guiar el velero a buen puerto.

A partir del segundo día alimentándose en exclusiva de los frutos que recogían del Mediterráneo, Bárbara empezó a empatizar con el bueno de Samuel. Todo aquél pescado y marisco estaba riquísimo, y suponía una mejora sustancial comparada con la dieta que habían tenido en Nefesh, al menos hasta que empezaron a incorporar huevos, leche, frutas y verduras frescas en su menú, pero acababa cansando. Utilizaban un hornillo portátil que habían traído consigo, junto con más de una docena de pequeñas bombonas de gas. Darío incluso se encargó de conservar el superávit de pescado. Lo había previsto todo antes de partir, y había traído consigo varias docenas de kilos de sal con la que poder preservar todo aquél pescado, con la idea de hacer uso de él una vez regresaran a Nefesh. También enseñó ese noble arte a sus compañeras de viaje, y aunque la más pequeña se mostró bastante disgustada con el proceso, sobre todo al principio, finalmente consintió en participar en él y acabó convirtiéndose en una pequeña experta.

Habían llenado hasta arriba el depósito de agua potable antes de partir, por lo que no tuvieron que preocuparse en ningún momento por ese potencial problema en alta mar. Para hacerlo tan solo les hizo falta hacer uso de una parte de las garrafas y los bidones que habían atesorado durante las últimas lluvias. De hecho, a duras penas habían echado mano de la reserva de agua embotellada que guardaban en la discoteca del centro de ocio, principal despensa de Bayit, que habían decidido por unanimidad preservar el mayor tiempo posible, por si se presentaba una larga temporada de sequía en la isla.

Bárbara pensó mucho en Samuel durante las interminables horas que pasaba en cubierta, sintiéndose tentada en numerosas ocasiones a pedir a Darío ese último y crucial favor. Él se lo había ganado a pulso. Mientras más tiempo convivía con el viejo pescador, más convencida estaba Bárbara de que su repuesta sería afirmativa. No obstante, prefirió aplazar ese momento hasta que se encontrase en compañía de Guillermo. Al fin y al cabo, ese y no otro era el objetivo de su misión, y nada ni nadie le haría cambiar de opinión al respecto. Samuel podría esperar un poco más.

El viento no fue tan benévolo con ellos como lo había sido al inicio de la travesía, y a medida que pasaban los días fue perdiendo intensidad, lo que hizo que las previsiones originales se aplazasen considerablemente. Ello generó una pequeña discusión al respecto de si les convenía o no hacer uso del motor, cuyo depósito estaba hasta arriba de combustible. Darío era el principal defensor, pero Bárbara se mostró tan firme en sus argumentaciones en contra, que el viejo pescador acabó por desistir. No hacía más que recalcular su previsión original, aplazándola un poco más cada vez a medida que pasaban las horas y el viento seguía sin coger fuerza.

El tiempo también pareció ponerse en su contra. Las temperaturas empezaron a bajar en picado, llegando a rayar los cero grados por la noche, lo cual hizo que la estancia en el barco se hiciese algo menos confortable, sobre todo durante las interminables horas nocturnas. Bárbara compartía camarote con Zoe, con lo que se transmitían calor la una a la otra, aunque la profesora pronto se arrepintió de haberle abierto las puertas de su cama, pues la niña se movía mucho mientras dormía, y la despertaba continuamente. Al menos no roncaba, a diferencia de Carla.

Al ocaso del tercer día completo que pasaron a bordo del velero finalmente llegaron al ecuador del camino, sin que les hubiese hecho falta encender el motor en ningún momento. No se habían cruzado con ningún barco en todo ese tiempo, lo que hizo que Bárbara se confiase un poco y se mostrase algo menos obsesiva a ese respecto. Sin embargo, todo ello cambiaría drásticamente la madrugada del cuarto día, de un modo que ninguno de los presentes hubiese podido prever.

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comentarios
  1. Betty dice:

    Vaya…… Nos dejas súper intrigados, David !!! Qué largos se nos van hacer estos días hasta el próximo capítulo !!! 😉

    • El uso del cliffhanger traicionero a final de capítulo es un poco barriobajero, pero es que en este caso es cierto, y una vez al año no hace daño. xD

      David.,

      • battysco dice:

        Malo malo maloooo. Te he leído en una tumbona achicharrada por el sol, a su vez que éste me deslumbra el móvil. Y encima vas y nos dejas con la boca abiertaaaaa.

        Saludos calurosos.

        Sonia.

        • Jajajaja Esto con un libro no ocurriría, como mucho pasaríais al siguiente capítulo por curiosidad y poco más. xD Prometo no volver a hacer uso de cliffhangers que no incluyan información sobre de qué tratan, pero es que en este caso viene hasta bien. Y fíjate que es muy ambiguo a la hora de exponerlo, que ahí es donde reside la magia.

          Voy a colgaros el sneak peek, va. Aunque… twitter me deja tan poco margen para adelantar el siguiente capítulo, que no sé si realmente vale la pena que siga colgándolos…

          David.

          • battysco dice:

            La primera vez que escucho esos conceptos en inglés, me dejas to loca jijiji. Pero vamos, que creo que te he entendido.

            • De tanto usarlo acabo adoptándolo como algo común, y en ninguno de los casos lo es. xD

              Cliffhanger: Son las escenas que normalmente, al final del capítulo de una serie de televisión, historieta, película, libro o cualquier obra que se espere que continúe en otra entrega, generan el suspenso o la conmoción necesaria para hacer que la audiencia se interese en conocer el resultado o desarrollo de dicho efecto en la siguiente entrega. En este caso es la frase final del capítulo, que incita a saber cómo continuará la historia en el siguiente, al avanzar algo de lo que vendrá. No es el mejor ejemplo. El mejor ejemplo de cliffhanger que tengo a mano ahora es precisamente el final del segundo tomo. Revelé que Guillermo estaba vivo, y cerré el capítulo y el libro, con la intención de que el lector primero se cagase en mi, y luego que tuviese interés creciente por saber cómo continuaba la historia en el siguiente tomo.

              Sneak Peek: En mi caso es la pequeña porción del siguiente capítulo que cuelto en twitter antes de colgar el capítulo en cuestión. Siempre intento avanzar la primera frase del siguiente capítulo para que los lectores podáis ir abriendo boca, pero twitter me deja tan poco margen, que en la mayoría de los casos no ayuda mucho. La traducción sería algo así como “echar un vistazo furtivo”.

              Gracias por el toque de atención. Confío esta aclaración haga algo más entendible mis futuros comentarios, y no dudéis en darme un capón cuando diga algo que no se entienda. 😉

              David.

  2. Carol dice:

    Hola. A mi me encantan los cliffhanger. Pueden ser altamente adictivos y hacer que no pares de leer capitulo tras capitulo ( o, en caso de una serie de TV no parar de verla). Creo que, aunque un “sufrimiento” para el lector/televidente son un recurso estupendo. Así que, David, a riesgo de que en cualquier momento queramos matarte ( y cuando no es el caso, ja, ja?), te animo encarecidamente a que los utilices cuando puedas/gustes 😀. Slds
    PD: cualquier pedacito de información es bienvenida. No dejes los sneak peléis…

    • Yo igualmente soy un gran defensor de los cliffhangers, pero detesto cuando son faroles, y en series el 80% de las veces, sobre todo a final de temporada, no son más que eso, y luego se solucionan rápido y mal para continuar como si nada hubiera pasado. Quizá por eso me gustaba tanto Prison Break, porque ahí es donde más en serio he visto que se tomaban los cliffhangers jamás.

      Conservaré los sneak peeks, aunque muchos no ayuden gran cosa, siempre vale más eso que nada. xD

      David.

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