3×967 – Mejor

Publicado: 30/05/2015 en Al otro lado de la vida

967

Puerto deportivo de Bejor

15 de diciembre de 2008

Bárbara le dio una fuerte patada a la robusta puerta principal de la escuela de náutica, maldiciendo a voz en grito su mala fortuna. La ilusión había dado paso al miedo, y éste a la ira. Carla a duras penas la reconocía en ese papel. Consciente de que de poco o nada serviría tratar de hacerla entrar en razón, habida cuenta del poco caso que le había hecho en sus anteriores intentos, se limitaba a rascarse la nuca, mientras intentaba hallar la mejor manera de dar la mala noticia a quienes se habían quedado en el velero.

Después de asumir que nadie les respondería desde aquél monolítico edificio, Bárbara se propuso comprobar con sus propios ojos que ni su hermano ni su sobrino estuvieran ahí dentro. Resultaba insensato imaginar que a esas alturas no la hubieran escuchado, pero ella no tenía la menor intención de abandonar la península hasta no tener la certeza absoluta de que el viaje hasta Bejor había sido en vano.

La profesora estaba dispuesta a cruzar a nado al otro lado del agujero que partía en dos el paseo si hubiese sido preciso. Aunque ambas tenían sospechas más que fundadas de que la profesora no cogería un catarro, al final la veinteañera consiguió convencerla para ir en busca del bote. Lo usaron para llegar hasta el otro lado, para luego amarrarlo al poste de un cartel que rezaba que dicha escuela contaba con más de un siglo de historia.

Todas las ventanas de la planta baja estaban fuertemente protegidas tras gruesos barrotes que les impidieron acceder al interior del edificio. Las del piso superior estaban a más de cinco metros de altura, y pese a que lo intentaron, tal como la profesora hiciera con Carlos en la nave en la que encontraron a Nueva Esperanza, fueron incapaces de alcanzar el antepecho de las ventanas superiores, que aunque aparentemente desprotegidas, estaban concienzudamente cerradas. El único punto débil parecía ser la entrada principal, pero para poder cruzar al otro lado precisarían de un hacha, o algo más contundente.

Bárbara desenfundó su pistola y apuntó con ella a la cerradura de la puerta. Carla, que había estado algo distraída hasta el momento, corrió hacia su compañera.

CARLA – ¡Eh! Para, para. ¿Qué haces?

BÁRBARA – Voy a entrar.

CARLA – Pero no así, por el amor de Dios. Vas a conseguir que nos hagamos daño.

BÁRBARA – Pues apártate.

Carla chistó con la lengua. Empezaba a arrepentirse de haberla acompañado. Su idea de cómo se desarrollaría la misión no tenía nada que ver con lo que estaban viviendo.

CARLA – Con eso lo único que vas a conseguir es que esto se llene de infectados. Tranquilízate un poco, por favor. Mira… Vamos un momento al barco, y… le preguntamos a mi abuelo…

BÁRBARA – No se me ha perdido nada ahí, Carla. Si no quieres ayudarme, eres libre de irte con ellos. Nadie te retiene. Yo de aquí no me voy a ir hasta que sepa qué diablos les ha pasado.

CARLA – Si es que tampoco es eso, Bárbara… Mira… podemos intentar encontrar la comisaría desde la que hablabas con tu hermano, si… si somos capaces de hablar con Carlos, quizá él nos pueda contar algo más… Si… han seguido llamando. ¿No te…?

Carla frunció el ceño. Bárbara, que estaba frente a ella, de espaldas a la escuela de náutica, no parecía estar prestándole la menor atención. De hecho, ni siquiera la estaba mirando. Miraba por encima de su hombro, hacia el paseo marítimo. Instintivamente, la veinteañera giró el cuello y enseguida descubrió qué era eso que había hipotecado por completo la atención de Bárbara.

Se trataba de un lujoso vehículo de alta gama. Circulaba a muy baja velocidad por el paseo desierto. Sobre la vaca había, fuertemente sujeta con cuerdas elásticas, una gruesa tabla de madera de al menos cinco metros de longitud. Ambas contemplaron cómo se encendía el intermitente derecho, y el coche encaraba el paseo de las palmeras. Carla echó un vistazo a Bárbara y la sorprendió haciendo girar a toda velocidad aquél anillo dorado que llevaba puesto en la mano derecha. Sus mandíbulas castañeaban con una cadencia insólita.

No hizo falta que el vehículo alcanzase siquiera la mitad del paso. Bárbara corrió hacia el extremo donde el suelo daba paso al mar, saltó al bote, y desde éste trató de alcanzar la otra orilla con un nuevo salto. No lo consiguió. Se empapó de cintura para abajo, pero eso no pareció importarle lo más mínimo. Vadeó como pudo hasta encaramarse al paseo de las palmeras, y corrió hacia el otro extremo como si le fuera la vida en ello.

El coche frenó de golpe, y de él salió un hombre con una espesa barba negra moteada con manchas blancas, con el cabello muy corto y unas entradas más que generosas. Llamaba especialmente la atención una riñonera roja que llevaba puesta en la cintura. Pese al cambio de look, Bárbara enseguida reconoció a su hermano Guillermo. Ambos corrieron a reunirse al amparo de las altas palmeras, con lágrimas en los ojos y un nudo en el estómago.

Se estrellaron, literalmente, el uno contra el otro. A punto estuvieron de perder el equilibrio y caer rodando al suelo. Ambos se abrazaron con fuerza, ajenos a las miradas de curiosidad y orgullo de quienes les observaban: la de Carla junto a la puerta de la escuela de náutica, y las de Olga y Gustavo, que se encontraban hombro con hombro junto a la puerta abierta del Audi.

Bárbara acercó su boca a la oreja de su hermano, y le susurró al oído con la voz temblorosa.

BÁRBARA – ¿Ellos lo saben?

GUILLERMO – No. Nadie sabe nada.

La profesora respiró aliviada, con la boca entrecerrada.

BÁRBARA – Mejor así.

Bárbara cerró los ojos y se dejó llevar por la paz que le transmitía su hermano. Por fin lo había conseguido.

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comentarios
  1. Betty dice:

    Por fin Barbara está con su hermano !! Pero nos falta alguién qué sigue sin aparecer…… Y el comentario de Barbara da mucho qué pensar, la actitud de los demás no sería la misma si supieran quién es el culpable del origen de la pandemia…….

    Buen sábado a tod@s!

    Betty

  2. battysco dice:

    Bárbara estaba como loca y ha pasado de Carla tres pueblos, no? Entendemos que es su hermano, pero vaya, pobre Carlita. Ni por un momento he pensado que Guillermo no fuera a aparecer. De Guille aún no se sabe nada… sería un poco fuerte que hubiera muerto, por eso apuesto a que sigue vive… Creo que él está dentro del edificio. Pronto lo veremos.

    Bárbara no tiene intención de contar el secreto de su hermano, pero tarde o temprano tendrán que decirlo…. No?

    Sonia.

  3. Sunkay dice:

    Uffff, esto se vuelve a calentar con muchísimas preguntas…. ¿dónde está Guille?, ¿por qué se han marchado del Club Naútico ahora, justo cuando iba a llegar Bárbara?, ¿se terminará sabiendo la verdad sobre el genocidio del cual Guillermo es culpable?… madre mía, estoy deseando que se acabe el lunes, je, je, je

  4. No es baladí vuestra apreciación de la ausencia de Guille, y del hecho que se les suponía en la escuela de náutica y por H o por B en ese momento no estaban ahí. Nada es fruto del azar. Si Guille está en el edificio, ¿por qué no ha acudido a los gritos de su tía? Aquí en este capítulo quería enfatizar sobre todo la complicidad entre hermanos de lo que sólo ellos dos saben y cuyo conocimiento por parte de terceros podría ser… delicado. xD Hay otro detallín que quizá se os ha pasado por alto. Le di mil y una vueltas al cómo presentarlo, y después de tenerlo claro durante incluso años, cuando lo escribí, lo hice de un modo diferente a cómo lo tenía planteado, y me gusta, porque es mucho más versátil y discreto, y a mi todo lo que se pueda pasar por alto y luego demostrarse relevante… lo prefiero. xD ¡Que tengáis buena semana! 🙂

    David.

    • battysco dice:

      Así que se nos ha pasado algo por alto? Chicas, tenemos que estrujar nuestras neuronas para descubrir de qué se trata. Yo lo acabo de releer y sigo pez.

      Sonia.

      • Es algo tan sutil y superficial, y que aporta tan poca información, que es de recibo que pase por alto. Es sólo una de esas cosas que yo sí sé de antemano, que incluyo cientos de capítulos antes de que tengan relevancia en la trama, para luego poder decir “ves, os lo dije” xDDDD

        Por ahora no tiene mayor importancia, y además, es algo tan aparentemente insulso e inocente que lo más fácil es confundirlo con mero atrezzo. Todo adquirirá su relevancia llegado el momento. Sólo quería mencionar que en su concepción original, era mucho más escandaloso y obvio, y que me alegro de haberlo cambiado, porque incluso con una relectura por tu parte, ha pasado por alto, que era lo que yo buscaba. Cuanto más a otro lector al que no haya puesto sobre aviso de antemano. xD

        David.

  5. Sunkay dice:

    ¿La tabla de cinco metros?… ¿la pregunta es por qué alguien se tomaría alguna molestia en acarrear una tabla de cinco metros?… me lo he vuelto a releer yo también y es la única cosa a la que no le encuentro una explicación…

    • La tabla es para cruzar al otro lado de la calle cortadada sin mojarse y llevarsela a la escuela de náutica para que los infectados no puedan acceder por miedo a mojarse. En la beta original del capítulo iban en una furgoneta y tenía más sentido. Lo sustituí por un coche de alta gama para encajar algunas cosas del flashbach de Guillermo. Pensaré si conviene reformular lo de la tabla. Pero no era a eso a lo que me refería. Es algo en apariencia absolutamente… paja para hacer bulto que no aporta nada. Ya le daré la importancia requerida llegado el momento, algo antes del ecuador de la novela. 😉

  6. Betty dice:

    Buenas !! Voy con retraso…. Ya llegó el verano y con el mucho trabajo 😉 !!
    Pues yo estoy con Sonia, la riñónera roja es muy sospechosa 😉

    • battysco dice:

      Sobretodo porque David ha insistido en que había un detalle oculto… y ese chan chan a lo tipo película tiburón ha sido muy concluyente.

      Betty, ánimo con el curro.

      Sonia.

  7. Carol dice:

    Hola!. Pues me uno al momento “cara de pez” del resto. Ni idea de que puede ser…más allá de por qué Bárbara asume que el que va en el coche “superlujoso” es su hermano si siempre es tan precavida y duda de todo/s. Veremos.

    • Jajajajaja No sé hasta qué punto equilibro lo relevante argumentalmente del meto atrezzo postapocalíptico. En este caso habéis dado en el clavo. La relevancia reside en “¿por qué diablos darle importancia a algo tan aparentemente irrelevante como una riñonera?”, seguro que Gustavo u Olga llevaban una mochila, y ahí sí que no he dicho nada. Considero que no he hablado más de la cuenta, pues sólo he señalado algo que el propio texto ya expone abiertamente, pero… no la perdáis de vista. xD

      El que Bárbara asuma que en ese coche va su hermano responde a dos motivos: el primero es porque la ciudad está desierta y el coche se dirige a donde se supone que tendría que estar, y el segundo es que… ¡ese es el coche de su hermano! xDDD Me he dado cuenta que siempre he hecho coger coches ajenos a los personajes que se mueven largas distancias, esforzándome por dar verosimilitud y utilidad a dichas decisiones, pero nunca había incluido un personaje que conservase su coche de antes de la pandemia. Por ello, al tiempo que trabajaba en uno de los siguientes flashbacks, me planteé la posibilidad de hacer que fuera él quien lo conservase. Al fin y al cabo, es mucho más difícil robar/puentear un coche reciente de alta gama que… un Ford Fiesta de los ochenta. xD Todo suma, y a mi me pareció acertado.

      Todo se andará. Tengo muchísima carne preparada para echar en las brasas, y este inicio tan tranquilo no será la tónica del resto de la novela. Ya os adelanto que habrá una escalada y sorpresas que espero que os dejen con el culo torcido. Yo creo que va a ser el que más disfrute escribiendo. En especial, hay una parte del final que he dejado en blanco (aunque sí sé lo que pasa antes y el punto al que tiene que llevar ese vacío), en la que quiero experimentar en tiempo real el reto de la página en blanco y el famoso bloqueo del escritor. Sé a dónde quiero llevar la narración, pero me esfuerzo por dejar en un cajoncito uno de los episodios de números romanos para poder experimentar el goce de la escritura desde otra perspectiva, con la certeza previa de que sé dónde y cómo van a acabar quienes lo protagonicen. Pero esa es otra historia, y deberá ser contada en otro momento. (quienes hayan leído La historia interminable, confío hayan sentido un escalofrío en la espalda al leer esta última frase).

      ¡Que tengáis buena semana! 🙂

      David.

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