3×968 – Pésame

Publicado: 02/06/2015 en Al otro lado de la vida

RECETA PARA EL APOCALIPSIS: PASO 2

Cortar en juliana un par de manojos de mala suerte

968

 

Avenida Darash, ciudad de Sheol

7 de agosto de 2008

 

Guillermo respiró hondo, y presionó el botón que había junto al cartel que rezaba 5º3ª. Era una calurosa tarde de verano, y él estaba sudando bajo la americana. Una voz distorsionada sonó al otro lado del telefonillo. Él la distinguió enseguida.

COSME – ¿Sí?

GUILLERMO – Es… Soy Guillermo. Vengo a buscar a Guille, no sé si Estefanía te ha…

COSME – Ah, sí. Sí, sí. Sube.

            Guillermo escuchó aquél característico sonido y empujó la puerta que tenía frente a sí. Abandonó la ajetreada calle y accedió al portal del bloque de pisos en el que vivían su hijo, su ex mujer, y el que era su actual esposo. Cruzó el estrecho pasillo y se miró en el enorme espejo que ocupaba la mayor parte de la pared izquierda. Iba vestido de negro de arriba abajo, muy elegante, pero muy poco acorde a la época del año. Se arregló un poco el pelo, se mesó el bigote, y subió al ascensor en el más estricto de los silencios.

            Tan pronto llegó al quinto piso y la puerta del ascensor se abrió de nuevo, Guille se abalanzó sobre él y le abrazó. Guillermo sonrió y le dio un par de besos. Pese al divorcio, y aunque no se veían tanto como él hubiese querido, no habían perdido ni un ápice de complicidad. Su hijo le idolatraba. Él también iba vestido de negro, pero se notaba que era algo mucho más improvisado. Cosme estaba en el umbral de la puerta, observándoles. Era un hombre muy alto y robusto, pero con cara de no haber roto un plato en su vida.

COSME – Pasa, hombre, no te quedes ahí.

            Guillermo asintió brevemente, y acompañó a su hijo al interior de la vivienda. Siempre se sentía incómodo en presencia de Cosme, aunque debía reconocer que aquél hombretón jamás le había dado el menor motivo para ello. Guillermo tomó asiento en el sofá mientras buscaba con la mirada, sin éxito, a Estefanía.

GUILLERMO – Siento venir tan de sopetón. Sé que no me toca hasta Septiembre, pero…

COSME – No… ya me lo ha contado todo Estefanía. Siento mucho lo de tu hermana, de verdad. Dale condolencias de nuestra parte.

            Guillermo asintió, algo distraído, mientras buscaba de nuevo a su ex mujer con el mentón levantado, visiblemente incómodo. Guille se había puesto a hojear un tebeo que había sobre la mesilla del salón.

COSME – ¿Quieres tomar algo?

GUILLERMO – No. Es que… el funeral es de aquí media hora, y… me gustaría llegar un poco antes.

COSME – Lo entiendo. ¡Estefanía!

            Ambos se giraron hacia la puerta que comunicaba con el pasillo de las habitaciones. De ahí apareció la que fuera esposa de Guillermo durante casi una década, relación de la cual había nacido Guille, su primogénito y único hijo.

            Estefanía estaba embarazadísima. Cualquiera hubiera podido jurar que daría a luz de un momento a otro, dándole una hermana al pequeño Guille. Lucía la misma cara de pocos amigos que había mostrado siempre en su presencia desde antes incluso de pedirle el divorcio. No obstante, seguía igual que el día que la conoció, y el embarazo no hacía más que potenciar su belleza natural.

ESTEFANÍA – Buenas tardes.

            Guillermo se levantó y respiró hondo. La tensión que compartían era evidente, pero ambos se esforzaban por ser diplomáticos, al menos en presencia de Guille.

GUILLERMO – Muy buenas. Estás… Madre mía. ¿Cuándo… cuándo sales de cuentas?

ESTEFANÍA – Mañana.

            Un silencio incómodo se apoderó del salón.

GUILLERMO – Está… ¿Está listo ya, el niño? ¿Puedo…?

            Su ex mujer echó un vistazo al chaval, le colocó bien un mechón de pelo rebelde que tenía en la coronilla, y asintió.

ESTEFANÍA – Ya os podéis ir. Pero no lo traigas muy tarde a casa. Quiero que cene aquí. ¿Vale?

            Guillermo asintió.

GUILLERMO – No tranquila. Si… no nos quedaremos mucho. Venga, vente, campeón.

            Guille corrió hacia su padre, y ambos se dirigieron a la puerta de entrada. Se despidieron, y subieron juntos al ascensor.

GUILLERMO – ¿Te ha contado tu madre a donde vamos?

GUILLE – Sí. Vamos a ver a la tita.

GUILLERMO – ¿Pero te ha dicho por qué vamos a verla?

            El niño asintió, algo tímido. Esa fuera respuesta suficiente para su padre.

GUILLERMO – Ahí donde vamos tienes que comportarte. ¿Entendido? Va a haber mucha gente que no conoces, y estarán todos muy tristes. Quiero que estés quietecito y callado. Nosotros vamos a acompañar a la tita, que está pasando un mal rato.

            El chaval asintió de nuevo, con entusiasmo y convicción.

GUILLERMO – Así me gusta.

            Hicieron juntos un recorrido en coche de apenas cinco minutos hasta llegar a su destino. Aparcaron a un par de manzanas, e hicieron el resto del camino a pie.

Bárbara estaba junto a la puerta de entrada, aislada entre dos grupos de familiares y amigos de Enrique que parloteaban entre sí. Iba vestida de negro de arriba abajo y llevaba puestas unas gafas de sol, algo harto antinatural en ella, que ocultaban sus ojos hinchados y enrojecidos por el llanto. Tenía la mirada perdida entre las colillas que salpicaban la acera, mientras no paraba de dar vueltas a su anillo de pedida. En cuanto vio a su hermano, corrió a su encuentro. Ambos se abrazaron, y la profesora empezó a llorar apoyada en su hombro. No hicieron falta palabras. Él acarició su espalda, e invitó al pequeño a sumarse al abrazo.

BÁRBARA – Muchas gracias por venir. Lo necesitaba.

            Guillermo le secó una lágrima con el dedo índice, y le dio un sonoro beso en la mejilla. Bárbara se quitó las gafas y se dirigió al pequeño, regalándole una sonrisa.

BÁRBARA – Gracias a ti también.

GUILLE – Siento mucho lo que…

            Bárbara asintió, ahorrándole tener que ahondar en el tema.

BÁRBARA – Lo sé, cariño.

GUILLERMO – ¿Vamos entrando?

BÁRBARA – Sí… Ya no creo que tarden mucho en empezar.

Cruzaron las puertas del tanatorio, donde en pocos minutos se celebraría el sepelio del que fuera su prometido. Los tres ignoraban cuán pronto volverían a reunirse bajo ese mismo techo.

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comentarios
  1. battysco dice:

    Seguimos con el flashback de Guillermo!!!

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