3×984 – Ojos

Publicado: 06/08/2015 en Al otro lado de la vida

984

Campamento de refugiados a las afueras de Midbar

3 de octubre de 2008

De haberle visto de esa guisa, su hermana hubiese puesto el grito en el cielo. Sin embargo, Gustavo estaba muy seguro de sí mismo. No permitiría que aquellos dos bandidos le arrebatasen lo poco que aún conservaba, después de haberlo perdido prácticamente todo.

Sostenía una pistola en cada mano. Eran unas de las pocas armas que habían podido rescatar del campo de batalla. Ninguna de las dos estaba cargada: desde que volvieran al campamento no habían encontrado una sola bala, cartucho ni cargador que no hubiese sido previamente detonado. Pero ellos no tenían por qué saberlo.

Sin ser plenamente consciente de la insensatez que estaba a punto de cometer, respiró hondo y abrió de un empujón la puerta de la caseta de obra del sargento Serrano, con ambas pistolas por delante. Sin embargo, ahí ya no había nadie. El joven arquero frunció el ceño. Estaba convencido de que había visto a dos personas armadas. Algo más inseguro, pero sin soltar las pistolas, caminó con paso incierto hacia el centro del campamento.

Dio un par de vueltas por los alrededores, en el más estricto de los silencios, dudando cada vez más de cuanto creía haber visto. Fue al pasar frente al módulo de comunicaciones, donde había estado con su hermana no hacía ni una hora conversando con Samuel, cuando la volvió a ver.

Se trataba de una mujer joven, que no habría alcanzado siquiera los treinta años. Ella se le quedó mirando y frunció el ceño, al tiempo que levantaba ligeramente ambas manos, en señal de sumisión. La mujer rubia tragó saliva y dio un par de pasos atrás. Enseguida se le sumó aquél otro bandido: el hombre negro que iba vestido de policía, que aún sostenía aquella pesada escopeta, que no dudó un instante en apuntar hacia su pecho. No fue hasta entonces, viendo tan de cerca las orejas al lobo, que Gustavo se dio cuenta de la estupidez que había cometido. No obstante, ya no había marcha atrás, así que decidió seguir adelante.

GUSTAVO – ¡No se muevan!

Al joven arquero le sorprendió el hecho que el policía no mostrase el más mínimo signo de intranquilidad. Parecía muy seguro de sí mismo. Gustavo creyó vislumbrar un par de personas más ahí dentro. Pese a lo rápido que se escondió tras un chico algo mayor que él, incluso creyó ver a una niña pequeña.

MORGAN – Si quieres intimidarnos, sería mejor que las cargases antes.

Gustavo echó un vistazo a sus pistolas, con los ojos bien abiertos, como si así fuesen a brotar dos cargadores con los que poder hacer frente a aquella terrorífica escopeta.

MORGAN – ¿No ves que no tienen cargador ninguna de las dos?

El joven arquero las miró de nuevo, sintiéndose todavía más estúpido: un grupo de personas armadas no pasaría por alto ese detalle. Consciente de que difícilmente saldría de esa, bajó ambas manos y comenzó a correr con todas sus fuerzas fuera del arco de visión de aquellos indeseados visitantes, perdiendo ambas pistolas por el camino.

GUSTAVO – ¡No dispares, por favor!

Corrió como alma que lleva el diablo desandando sus pasos, temiendo la detonación que sin duda se produciría a continuación y que dejaría un agujero humeante en su espalda. Sin embargo, y para su tranquilidad, ésta jamás llegó a producirse. Se ocultó tras una de las carpas, respirando con dificultad por la boca. En su mente se repetían las palabras que su hermana le había dicho antes de permitirle, a regañadientes, partir en busca de algo con que ayudarla.

Consciente de que huir del campamento no era una opción, pues fuera a donde fuese le verían alejarse y podrían darle caza, de igual modo que habían hecho los infectados con los antiguos residentes del campamento hacía un par de días, el joven arquero decidió esconderse. Bien podrían robar cuanto gustasen y volver por donde habían venido, con tal de que les dejasen en paz. Temió por Olga, pero trató de convencerse de que la posibilidad de que aquellas personas abandonasen el campamento y subieran la colina eran mínimas.

Enseguida lo vio claro. Frente a sí tenía un gran baúl de mimbre donde los soldados habían guardado docenas de sillas plegables que ahora se encontraban en el aún húmedo comedor. Sin pensarlo más, pues no tenía tiempo para ello, abrió el baúl, que para su alivio estaba vacío, y se encerró en él, rezando por que no le hubiesen visto.

Ahí dentro pasó cerca de un minuto, escuchando las voces del policía y la chica rubia en las proximidades, deseando que se fueran de ahí cuanto antes. No pudo evitar soltar el enésimo estornudo del día. Pese a que había pasado muy buena noche, en compañía de su hermana, aún acarreaba algo de mal cuerpo por toda la lluvia que le había caído encima la jornada anterior. Enseguida se llevó la mano a la boca, pero fue incapaz de ocultar el ruido.

Gustavo escuchó con meridiana claridad unos pasos que se dirigían al baúl en el que él se había ocultado, pese a que resultaba evidente que su autor trataba de pasar desapercibido. La tapa se abrió repentinamente, y el joven arquero gritó a pleno pulmón, levantándose de un salto como movido por un resorte. Trató en vano de salir de ahí y correr de nuevo, pero el policía le agarró fuertemente de la muñeca izquierda, impidiéndoselo. Abrumado por la situación, mientras unos gruesos lagrimones recorrían sus mejillas, trató incluso de morder su brazo, para obligarle a soltarle, pero aquél hombre le apartó la cara, sosteniéndole la frente, mientras él no paraba de agitarse nerviosamente.

MORGAN – Tranquilízate, por el amor de Dios.

GUSTAVO – No me hagas daño, por favor.

BÁRBARA – Nadie te va a hacer daño.

El joven arquero se quedó mirando a aquella mujer. No había ya rastro de la pistola con la que la sorprendiera minutos antes, la primera vez que la vio. Parecía más preocupada por su estado que hostil. Incluso el policía, pese a no aflojar un ápice su abrazo, se mostraba genuinamente interesado en conseguir que se calmase, y no parecía tener intención de acabar con su vida, como él había temido. Unos pasos más atrás se encontraban las otras dos personas que había vislumbrado en el centro de comunicaciones: un joven con el pelo muy corto y signos más que evidentes de una desnutrición prolongada, y una muchachita de escasos diez años, con la cara llena de pecas y una melena pelirroja muy rebelde, ataviada con un bonito vestido veraniego verde.

Gustavo se limpió las lágrimas con el dorso del brazo que tenía libre, mientras los dientes le castañeaban.

MORGAN – Ahora te voy a soltar.

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comentarios
  1. Betty dice:

    David, una pequeña errata ” y no parecía tener intención de acabar con su vida, como él había temido ”
    Gozando de lo lindo con estos flashback 😃

    Saludos

    Betty

    • Muy buena observación, lady Betty. Commo últimamente voy con retraso, cuelgo los capítulos tal cual los escribo, con menos revisiones a las espaldas de las habituales. Ahora escribiré el del sábado, y confío que esté en mejores condiciones xD Gracias por tu aportación. 🙂
      Esta parte, pese a que está narrada desde una óptica inédita, no deja de ser la misma escena que visteis en su momento. Tendrá partes incluso más inéditas de lapsos de tiempo que en su momento no incluí en el primer tomo. Si alguno de vosotros leyéndolo considera que están de más y no aportan al conjunto, hacédmelo saber. La alternativa era saltar toda esta escena de Bárbara y Morgan para seguir con el flashback de Olga y Gustavo tranquilamente, pero no me pareció ni medio sensato. Hace casi tres mil páginas que ocurrió, y además de servir para refescar la memoria del lector, aporta la frescura de narrar una misma escena pero desde otro punto de vista, de modo que se pueda entender mucho mejor, y averiguar sutilezas y reflexiones ajenas que en su momento ni se tuvieron en cuenta. Vuestra opinión me es de gran valor. 🙂

      David.

      • Gamab dice:

        Yo no me acordaba de nada. Me parece bien este refresco ligero.

      • Betty dice:

        Cómo tu bien dices aunque sea la misma escena, esta narrada desde la óptica de Gustavo y Olga así qué por mi nada qué objetar.
        Cómo dije antes gozando de estos capítulos!! 😃

        Saludos

        Betty

        • En cualquier caso, fue tan poco el tiempo que ambos grupos estuvieron juntos, que incluso para los más susceptibles a ese respecto pasará rápido. E incluso aunque narre la misma escena, lo reescribo todo desde esta otra óptica, aportando más información. Lo único que respeto y no modifico son los diálogos, aunque incluso a estos les añado y quito trozos de conversación para enfatizar aspectos que en su momento quedaron sobreentendidos.

  2. Gamab dice:

    He is back!

  3. Drock9999 dice:

    Debes tener algún ancestro pirata, pues estas obsesionado con los baúles, o tal vez un mago escapista.

    Ciertamente es una gozada volver a ver a Morgan. Al menos para mi, abierto fan del señor policía.

    D-Rock.

  4. Metáforas, todo metáforas. xD

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