3×992 – Pesado

Publicado: 04/09/2015 en Al otro lado de la vida

992

Campamento de refugiados a las afueras de Midbar

7 de octubre de 2008

GUSTAVO – Olga.

La joven de los pendientes de perla gruñó lánguidamente. Aplastó su cara contra la almohada, molesta por los zarandeos de su hermano.

GUSTAVO – Olga, ¡despierta!

Olga chasqueó la lengua. Abrió lentamente los ojos, y ante sí apareció, algo borroso, el rostro de su hermano. Llevaba el pelo revuelto y bajo sus ojos se podían distinguir las ojeras que la reiterada falta de sueño había dibujado en su cara. Parecía intranquilo. La joven de los pendientes de perla abrió y cerró los ojos un par de veces, tratando de amoldarlos a la luz matutina que entraba por la ventana, que dibujaba franjas horizontales en el suelo y en las paredes, delatoras de los barrotes que les protegían del exterior. El reloj de agujas de la pared marcaba las siete y media de la mañana.

OLGA – ¿Qué quieres, pesado? Por el amor de Dios. ¿Qué hora es?

GUSTAVO – Se ha estropeado la puerta.

OLGA – ¿Qué puerta? ¿Qué dices?

GUSTAVO – Sí. La puerta de aquí. Se ha encallado. No va. Mira. Ven.

El joven arquero tiró del brazo de su hermana, obligándola a levantarse de la cama. Olga se llevó la palma de la mano a la cara, restregándose el ojo derecho al tiempo que bostezaba con la boca bien abierta. Ambos se quedaron parados frente a la puerta del dormitorio. A Olga le sorprendió que estuviese cerrada. Ella había sido la última en entrar, y recordaba haberla dejado entreabierta.

OLGA – A ver, ¿qué le pasa a la puerta?

GUSTAVO – No sé. Se ha encallado. No se abre. Iba a ir al lavabo a hacer pipi, pero… no…

Olga chasqueó la lengua de nuevo, mientras ponía los ojos en blanco.

OLGA – Déjame, va.

Giró la maneta hacia un lado y tiró de ella con fuerza. La puerta no cedió lo más mínimo. Frunció el ceño y giró la maneta en sentido contrario. Volvió a tirar, pero el resultado fue idéntico. Aunque sabía a ciencia cierta que la puerta se abría hacia dentro, la empujó. Todo siguió igual. Un mal presentimiento cruzó por su mente. Las piernas empezaron a temblarle. No obstante, ella se esforzó por alejar de su cabeza esa desagradable idea. Tomó aire.

OLGA – ¡Jonatan!

Gustavo se rascó la nuca. Ambos se mantuvieron en silencio, esperando la respuesta que debía venir a continuación. A medida que pasaban los segundos, la sospecha de Olga se fue haciendo cada vez más amargamente real.

OLGA – ¡Mónica, Jonatan! ¡¿Hola?! ¡¿Estáis ahí?!

El joven arquero dio un paso atrás al ver cómo su hermana empezaba a hiperventilarse. A Olga comenzó a temblarle la mandíbula inferior, y se quedó mirándole fijamente a los ojos. Sin pensárselo dos veces, se dio media vuelta y revisó la habitación de arriba abajo. De lo que no cabía la menor duda era de que por la ventana no podrían salir. Si aquella joven infectada no había conseguido entrar, ellos tampoco podrían usarla con ese propósito. Miró de nuevo a la puerta, y la golpeó con los nudillos. Una sensación reconfortante recorrió su estómago al escuchar aquél característico sonido hueco. A diferencia de la puerta de entrada, que era de metálica y bastante robusta, las puertas interiores eran de muy mala calidad. Eran huecas y estaban hechas con dos chapas de madera con el interior de cartón.

La joven de los pendientes de perla agarró un radiador eléctrico con ruedas que había contra la pared, e invitó a su hermano a apartarse. Gustavo acató presto su orden, y observó cómo Olga golpeaba con fuerza la puerta. Tras unos cuantos golpes, la chapa de madera se partió lo suficiente para meter la mano. Olga tiró de ella con cuidado de no cortarse y arrancó un trozo, mostrando el panal de cartón que había en el interior. Entre los dos arrancaron más trozos de chapa y cuanto cartón fueron capaces. Lo hicieron a un ritmo vertiginoso, ignorantes de que por más prisa que se dieran, ya no iban a cambiar nada.

Olga siguió golpeando la puerta con el radiador hasta que hizo un agujero que le permitió ver lo que había al otro lado. Le sorprendió ver una nueva capa de madera. Según sus cálculos, ya debería haber atravesado la puerta entera. Arrancó otro trozo de chapa, y entonces lo comprendió todo.

La mesa a la que habían cenado estaba tumbada contra la puerta, con las patas apuntando hacia el salón, en posición prácticamente vertical. Estaba firmemente sujeta, aprisionando la maneta exterior de la puerta, de modo que quienes se encontraban al otro lado no pudieran salir del dormitorio. A Olga no le hizo falta ver lo que había detrás para saber que ninguna de las cajas repletas de bebida y alimento que habían guardado celosamente en la caseta estaba ya ahí dentro.

Con un par de empujones a la mesa consiguió destrabar la puerta. Entonces giró de nuevo la maneta, y ahora la puerta cedió sin ofrecer ninguna resistencia. Lo que vieron al otro lado era exactamente lo que esperaban, y ambos se sintieron al mismo tiempo increíblemente furiosos y estúpidos.

Los dos hermanos recorrieron todas las estancias de la caseta, incapaces de creer lo que veían. Aquellos truhanes se habían llevado hasta la crema dental que había en el lavabo. La puerta de entrada estaba abierta de par en par. Olga corrió hacia ella y se dirigió a Gustavo, que estaba observando uno de los cajones vacíos de la pequeña cocina de la que disponía la caseta.

OLGA – Ni se te ocurra seguirme, ¿me has entendido?

El joven arquero asintió con contundencia. Su hermana salió al exterior y cerró con un portazo tras de sí. Aún conservaba un rayo de esperanza. Quizá todavía no lo hubiesen cargado todo en el coche, y aún tuviese tiempo de arreglar el estropicio que su ingenuidad había provocado. Corrió a toda prisa hacia el único punto débil que había ahora en el campamento, pasando de largo el humilde pinar y la carpa de los dormitorios para los civiles.

Llegó frente al portón de acceso en tiempo récord. No había rastro alguno ya del coche, y para añadir algo más de desprecio y humillación a la jugarreta que les habían hecho, comprobó que la puerta de entrada al complejo estaba abierta de par en par, invitando a cualquier infectado errático a entrar y darse un banquete con los dos hermanos. Olga respiró hondo, tratando de calmarse, esforzándose por contener el llanto.

Gritó hasta desgañitarse, mientras las lágrimas le recorrían las mejillas. Quería golpear algo, sentía la necesidad de volcar toda su frustración, pero se quedó quieta donde estaba. Si les hubiese tenido delante en ese momento, estaba convencida de que no hubiera dudado un momento en tratarles como lo había hecho con la infectada que se había colado en el campamento hacía unos días, y ese pensamiento la convenció de que realmente ya no había marcha atrás en aquella pesadilla.

Abatida, y consciente de que nada de lo que hiciese iba a cambiar lo que había ocurrido, cerró la puerta, y caminó arrastrando los pies de vuelta con su hermano.

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comentarios
  1. Josetxu dice:

    Hola, era de esperar por pardilla. En estas situaciones no hay que fiarse de nadie en un principio. En un campamento seguro que hay varios barracones yo dormiría en uno de ellos encerrado y tendría alijos de comida repartidos por todos sitios por lo que pudiera pasar.
    un saludo
    Josetxu

    • Es un “se veía venir” de manual. xD Olga y su hermano han pecado de ingenuos y de ilusos al acercarse tanto a los cantos de sirena. Pero al menos les ha servido para aprender una dura lección que difícilmente olvidarán. Por fortuna, algo de alimento sí ocultaron, de modo que no se quedan con lo puesto, aunque lo más gordo, sí lo han perdido.

      Ya tenemos nuevos candidatos para el libro de relatos sobre los personajes fugaces. 🙂

      David.

  2. Betty dice:

    Una lección más en el aprendizaje de la supervivencia!! Leyéndo el capítulo anterior ya me imaginaba este desenlace!
    David, me he fijado en qué hemos saltado del capítulo 991 al 993 ¿?

    Saludos y buen finde!!

    Betty

    • ¡Tienes razón! Quizá sean las ganas que tengo de alcanzar la meta de los 1000 capítulos. xD
      Ya está corregido, gracias a tu aportación.
      ¡Que vaya bien! 🙂

      David.

  3. Rosacaspon dice:

    Despues de dejar de leer por un tiempo regrese y no estan los capítulos finales del segundo tomo, por que? Debo comprarlos?, solo compre el primero

  4. Para poder participar en el programa de promocion de Amazon, uno de los requisitos era que el libro estuviera en exclusiva en Amazon, por lo cual deshabilité temporalmente esos capítulos. Envíame un correo a elvillahermosa@gmail.com y te buscaré una solución enseguida. No es necesario que lo compres. 😉

    David.

  5. Carol dice:

    Efectivamente…se veía venir. Pero, por otro lado, esto es lo que les obliga a salir, cosa que era necesaria y que ayuda a los acontecimientos posteriores. Veremos!

    • Nadie nace enseñado, y ahora las circunstancias son mucho más extremas que en el mundo real, por lo que confiarse es un error por partida doble. Al menos han aprendido la lección. ¿O quizá no? xD

      David.

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