3×994 – Temblores

Publicado: 12/09/2015 en Al otro lado de la vida

RECETA PARA EL APOCALIPSIS: PASO 3

Dejar macerar un kilo de premeditación durante dos horas

994

Acceso a los laboratorios ЯЭGENЄR, ciudad de Sheol

30 de agosto de 2008

ADOLFO – Buenas noches, señor Vidal.

Guillermo se giró asustado y vio al guarda de seguridad, que le saludaba amistosamente con una inclinación de cabeza y una sonrisa en los labios. El investigador biomédico no pudo evitar echar un vistazo a la pistola que pendía de su cinturón, y tragó saliva, esforzándose por aparentar normalidad. Por más que su principal intención en esos momentos era la de pasar desapercibido, ya era tarde para hacer ver que no le había visto. Sonrió forzadamente, haciendo un gesto de despedida con la mano izquierda, y caminó al trote de vuelta a la carretera. La mano derecha la tenía en el bolsillo del pantalón, agarrotada por el frío.

Al final lo había hecho. Todavía no se lo podía creer. Una parte de sí se esforzaba por convencerle de que había sido un acto irreflexivo, un arrebato de inconsciencia fruto de la situación de estrés post traumático que había sufrido al presenciar la muerte de su padre. Pero él sabía en el fondo que no era así. Llevaba muchos años deseando hacer lo que acababa de hacer, sólo que hasta el momento jamás antes se había atrevido. No se sentía orgulloso, ni siquiera vagamente satisfecho. Ahora mismo lo único que sentía era terror, y una enorme sensación de culpabilidad.

En el bolsillo derecho de su pantalón se escondía el mayor avance médico de la historia, un fármaco de tal potencial regenerador que a su lado el que le había otorgado a su padre el premio Nobel hubiese parecido poco más que una simple aspirina. Guillermo había aprovechado su acceso sin restricciones a los laboratorios para recoger el fruto de lo que había sembrado hacía más de veinte años, ignorando el sabio consejo en forma de orden que le había brindado su recién difunto padre. La idea de lo que haría con ello estaba aún muy vaga en su mente, pero en cualquier caso, ya era tarde para echarse atrás.

Se trataba de un aparentemente inofensivo vial con una pegatina identificativa que lo describía como una mutación del virus de la gripe del año 1981. Sin embargo, lo que había ahí dentro nada tenía que ver con eso. Tan solo observando el intenso color rojizo que dejaba ver el pequeño recipiente de cristal, cualquiera hubiera podido identificar su contenido con una muestra de sangre, una bastante escasa. Y en efecto, así era. Aquello que sostenía con fuerza en su puño cerrado era la sangre de un pequeño roedor.

Guillermo abrió la puerta trasera del taxi que le había traído hasta ahí y cerró tras de sí. Las piernas le temblaban, y fue incapaz de levantar la vista de su regazo.

TAXISTA – ¿A dónde quiere que le lleve ahora?

GUILLERMO – Llévame…

El investigador biológico reflexionó durante unos segundos. Su coche estaba en Etzel, a escasas manzanas de la vivienda de su hermana. Observó su reloj: pasaban las tres de la madrugada. Respiró hondo, sintiendo un malestar en las sienes, delator de un incipiente dolor de cabeza. Si volvía a Etzel, tendría que volver a Sheol en coche, y perdería al menos otros veinte minutos. Además, en el estado de nervios que se encontraba, temía que cogiendo el coche pudiese acabar teniendo un accidente.

GUILLERMO – Lléveme a Sheol. Al barrio alto. Yo le guiaré cuando estemos llegando.

TAXISTA – De acuerdo.

El taxista puso de nuevo en marcha el taxímetro y se incorporó a la vía desierta, circulando a velocidad moderada frente a los jardines que hacían de antesala a aquellos lujosos laboratorios, los más tecnológicamente avanzados del país. Guillermo cerró los ojos con fuerza, tratando en vano de abstraer su mente de todos los problemas que le atormentaban. Tenía tan entumecidos los dedos de la mano derecha, que ya apenas los sentía, pero no soltó el vial ni un segundo durante los más de veinte minutos que se demoró el taxi en llegar a su vivienda.

De vuelta a casa, lo primero que hizo fue dirigirse al frigorífico. Sacó la muestra de sangre de Mordisquitos de su bolsillo, y la introdujo con sumo cuidado en el cajón inferior del congelador, prácticamente a ras de suelo, apoyada en uno de los cubículos vacíos de su vieja cubitera. Al cerrar el frigorífico, sintió una sensación reconfortante recorriéndole el cuerpo. Dio un par de pasos atrás, como si de aquél modo el influjo que ese pequeño objeto ejercía sobre él fuese a perder su efectividad.

Cogió un vaso del estante que había en el armario sobre el fregadero, y lo llenó con agua del grifo. Se la bebió de una sentada, y dejó el vaso vacío sobre la encimera. Al salir de la cocina echó un vistazo a la puerta del frigorífico, se dio media vuelta y comprobó que la puerta estuviese bien cerrada. Acto seguido, presionó uno de los botones que había en el frontal de la nevera, y bajó cuatro grados la temperatura del congelador. Jamás conseguiría una temperatura similar a la de la cámara criogénica de la que había sacado la muestra, pero confió que fuese suficiente, al menos para el poco tiempo que iba a pasar ahí.

Se dirigió a su dormitorio y se desvistió, aún con cierto malestar en el cuerpo, y una jaqueca que se iba intensificando por momentos. Se sentó en la cama, dispuesto a echarse a dormir, y reparó en el teléfono que había sobre la mesilla de noche. Pensó que sería una buena idea llamar a su hermana, para preguntarle qué tal se encontraba. Había sido muy busco con ella esa noche, después del trágico accidente que había acabado con la vida de su padre, y sentía la necesidad de disculparse. Llegó a descolgar el teléfono, y a marcar el prefijo, pero en el último momento se echó atrás. Temió despertarla, por lo que volvió a dejar el teléfono donde estaba.

Bárbara estaba todavía despierta. De hecho, esa noche fue incapaz de conciliar el sueño un solo minuto. Exactamente igual que él.

Anuncios
comentarios
  1. Betty dice:

    El capítulo de hoy confirma las opiniones qué en su día discutimos en el blog sobre si era un acto de desesperacion o premeditado por Guillermo el uso de la vacuna con su padre…
    Me parece un individuo muy peligroso para el grupo!!

    Saludos y buen finde!!

    Betty

    • Aún quedan muchos flashbacks en los que podréis decantaros hacia un lado u otro. Yo me decantaría más por los grises, pero para gustos los colores, nunca mejor dicho. xD

      David.

  2. Carol dice:

    Uf, David….después de esto, mucho gris habrá que ver para no llegar a detestar a este personaje. Si nos convences a Betty y a mi, reconoceré humildemente mi error al juzgar a Guillermo. Slds

    • Betty dice:

      Jajajaja, cómo Carol me comprometo a reconocer qué me equivoqué con Guillermo, pero el gris tampoco aparece en mi gama de colores de momento… 😜

  3. battysco dice:

    Yo debo de ser la que os lleva la contraria… porque a mí me sigue cayendo bien. Sus actos fueron premeditados y, desde luego, irresponsables a todas luces, pero este personaje no actúa con mala fe. A su juicio, está convencido de que puede hacer el bien (de hecho, quiere revivir a su padre). Teme lo que va a ocurrir porque tampoco estudiaron la embergadura de las consecuencias. El padre sí que creyó adivinar que aquella muestra era áltamente peligrosa. El hijo, sin embargo, creyó divisar una fuerza arrolladora posible de lo imposible; algo así como una esperanza.

    Que yo como lectora conozca las terribles consecuencias de lo que hizo Guillermo no hace que le odie, más bien al contrario, me da pena, y sé que a Bárbara le pasa lo mismo. El pobre tiene el peso del fin de prácticamente la totalidad de la humanidad y del destrozo del mundo… Pero si se une al grupo seguro que tendrá una actitud ejemplar con todos. Si no fuera así le lincharé como la que más, jaja.

    Sonia.

  4. Grises, negros y blancos aparte, fríamente… Después de ver perder la vida a un ser querido, y sabiéndote poseedor de algo que puede enmendar eso… sin conocer las implicaciones que eso puede acarrear, pues él no sabe nada, ni tiene intención alguna de destruir la humanidad… a ver quien es el guapo que lo ignora y deja a su padre muerto, para vivir por siempre jamás con la duda de “¿podría haberlo salvado?”. No es tan sencillo como lo pinto, y habrá más trascendencia emocional a ese respecto y dudas y demás, pero… en este punto me gustaba ofrecer esa perspectiva. Si tienes en tu haber la posibilidad de dar marcha atrás en el tiempo y enmendar la muerte de un ser querido… raro será que haya quien no haga lo que hizo él. Al menos esa es mi opinión. Pero yo no soy más que el autor, y los personajes van a su bola. xD

    David.

    • Drock9999 dice:

      ”Una ves que una flor muere, nunca vuelve a florecer. La gente, las aves, incluso las estrellas que brillan intensamente… La vida ocurre solamente una vez, por eso es tan hermosa y preciada. Deseaba traer a alguien de la muerte. Me equivoque al desear tal cosa”

      Lo dice un personaje anime que trataba de traer a su amada del inframundo pero vio su error. Es también mi posición al respecto.

      D-Rock.

      • Interesante reflexión, lord D-Rock. Ando ahora leyendo un libro de un escritor sueco, llamado “Descansa en paz”, y dicha frase le encajaría a la perfección. 🙂

        David.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s