3×1017 – Estúpido

Publicado: 09/02/2016 en Al otro lado de la vida

1017

 

Bosque de Pardez, a diez kilómetros de Sheol

            31 de agosto de 2008

 

Guillermo tenía la frente apoyada en el volante. Sobre el salpicadero descansaba un cigarro que prácticamente se había consumido por sí solo tras la única calada que el investigador biomédico había dado.

No podía parar de darle vueltas a lo estúpido e ingenuo que había sido. Otra lágrima recorrió su tabique nasal e impactó en el volante. Aún no daba crédito de cuán lejos había llegado. Su ego había sido más grande que el sentido común, y estaba convencido de que sería incapaz de enmendar lo que había estropeado en tan poco tiempo.

Sólo ahora era capaz de ver que todo cuanto había soñado que ocurriría no era sino una construcción de su imaginación perturbada por el trágico acontecimiento del que fue testigo la noche anterior. Aquella maldita rata quizá ni siquiera estaba muerta. Él desde luego no le hizo la autopsia. Nadie se la hizo. Todos en el laboratorio dieron por hecho que había muerto tan pronto dejó de moverse y respirar, pero quizá eso tan solo fuera un efecto secundario del fármaco. Su padre estaba en lo cierto desde el principio: esa versión del virus no tenía futuro.

Devolver a la vida a un cadáver, como si del moderno prometeo se tratase. ¿En qué estaría pensando? Jamás se perdonaría la atrocidad que acababa de perpetrar, y dudaba mucho que nadie más lo hiciese. ¿Con qué cara se presentaría frente a Bárbara, una vez ella descubriera lo que había hecho? Porque atarían cabos, más tarde o más temprano. Las cámaras del hipermercado, sus huellas digitales en el portón del cementerio, las huellas de sus zapatos alrededor del gran agujero en el suelo del que había sacado a su padre… Había sido impulsivo y temerario, más seguro de sí mismo a medida que todo salía rodado, y no fue hasta ese momento, pasada la euforia al comprobar que aquella sangre no había producido el menor cambio en el cuerpo sin vida de su padre, cuando empezó a vislumbrar lo que estaba por venir.

Dio un fuerte golpe en el salpicadero, fruto de la frustración que le envolvía. El cigarro perdió su precario equilibrio y rodó hasta caer sobre el asiento del copiloto, junto al neceser que contenía aquél inútil vial con la sangre de Mordisquitos. Se apresuró a coger el cigarro antes que éste quemase el tapizado y lo tiró por la ventanilla abierta, mientras blasfemaba a voz en grito. Entonces respiró hondo, y miró de nuevo los rojos números del reloj que tenía delante. La una y media de la madrugada. Aún era relativamente pronto. Quizá el guarda aún seguía durmiendo, y todavía no se había dado cuenta de nada. Quizá aún estaba a tiempo de arreglarlo. Nadie tenía que relacionarle con lo sucedido, si no había pruebas que señalasen en su dirección. Sí. Eso sería lo que haría: volvería al cementerio con José, y lo dejaría de nuevo en el ataúd del que jamás debió haberle sacado. Lo volvería a enterrar y ocultaría sus huellas a tiempo de huir antes que el guarda despertase. Todo quedaría como un extraño suceso con autor desconocido, y él se mostraría sorprendido y ofendido tan pronto recibiese la noticia. Si es que ésta llegaba. Nada tenía por qué salir mal. Lo único que debía hacer era darse prisa. Mucha prisa.

Salió a toda velocidad del coche, nervioso pero decidido, con la linterna por delante. Desanduvo sus pasos hasta llegar al olmo sobre el que había recostado el cadáver de su padre. Se quedó quieto ahí donde estaba durante cerca de un minuto, observando el tronco desnudo del árbol. Estaba convencido de que ese era el lugar donde le había dejado. No estaba tan lejos del coche, y el curso del riachuelo resultaba inconfundible. Sin embargo, ahí no había nadie.

Guillermo tragó saliva. Respiró hondo, tratando de mantener la calma, preguntándose si en ese bosque había animales salvajes. Alejó esa idea de la cabeza y volvió al coche, esforzándose por convencerse de que se había equivocado de ruta. Se tomó la libertad incluso de dar un par de tragos a otra de las botellas de agua que había traído consigo en la bolsa de deporte antes de ir de nuevo en busca de su padre. Las piernas le llevaron irremediablemente al mismo olmo. Ahí seguía sin haber nadie más que él mismo.

El investigador biomédico comenzó a sentirse realmente mal. Sintió un retortijón en el estómago, y se encogió mientras sollozaba. Su padre tenía que estar ahí, pero sencillamente no estaba. No podía haber ido a ningún lugar, principalmente porque estaba muerto. ¿O quizá ya no lo estaba? El nerviosismo se infectó de esperanza, y empezó a temblar de nuevo. El corazón retumbaba con contundencia tras su caja torácica.

Enfocó al suelo y observó con detenimiento cuanto rodeaba al último lugar en el que había visto a José. Sobre unos matojos descubrió una pequeña mancha oscura, pero su atención enseguida se fijó en la tierra alrededor del tronco. En el suelo había varias huellas. Echó un vistazo a la suela de uno de sus zapatos, y comprobó que el dibujo no era el mismo. Ni siquiera era parecido. Las huellas seguían un camino errático en dirección al riachuelo, y se volvían mucho más evidentes al contacto con el fango.

GUILLERMO – ¡Papa!

La única respuesta que obtuvo fue el insistente canto de los grillos. El investigador biomédico siguió las huellas bosque adentro, linterna en mano, gritando a pleno pulmón, temiendo que su padre, desorientado, pudiese tener otro accidente.

No tardó mucho en perder tanto el rastro de las huellas como la noción de dónde se encontraba. Él era un hombre urbano, y su sentido de la orientación dejaba mucho que desear. No paró de gritar, al principio llamando a su padre, más tarde pidiendo ayuda a cualquiera que pudiese oírle. Estaba perdido en mitad del bosque, en una noche sin luna, sin más compañía que la de una linterna a la que no tardarían en agotársele las pilas.

En su deambular errático y desesperado llegó un momento que perdió el equilibrio y cayó rodando por un terraplén, con tan mala fortuna que se dio un fuerte golpe en la pierna derecha al tiempo que la linterna se desprendía de su mano e impactaba contra unas rocas para acabar apagándose definitivamente. Su grito de dolor hizo alzar el vuelo a un par de lechuzas. Él, magullado y asustado, trató de ponerse de nuevo en pie, pero enseguida se dio cuenta que esa no era una posibilidad. El tobillo se le estaba hinchando, y si trataba de apoyarlo, el dolor se volvía insoportable.

Se tumbó boca arriba en el suelo, viendo el cielo estrellado a través de las copas de los árboles, y comenzó a reír a carcajadas.

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comentarios
  1. Josetxu dice:

    Hola, la verdad esta parte me ha decepcionado bastante no me creo que un científico hiciera esto de manera tan chapucera. Yo esperaba un laboratorio improvisado en algún sótano o garaje con todas las medidas de seguridad que se le ocurrieran a un microbiologo o lo que sea Guillermo y que la fuga de su padre sea por un fallo de protocolo o por motivos ajenos a el. Simplemente esta parte no concuerda para nada con un personaje de esas características.
    un saludo
    Josetxu

    • Muy interesante perspectiva, lord Josetxu. Todos los cabos sueltos que fui dejando (la aparición del padre en el campamento de aquellos chavales en el bosque, la cojera de Guillermo, su obsesión por la cepa desechada, las discusiones a ese respecto con José…) estaban encaminados a llegar a este desenlace para que todo acabase encajando. El modo cómo afrontarlo, con un timing tan limitado, es el que he intentado ofrecer como argumento para que todo fuese tan precipitado. He enfatizado el momento de enajenación tras literalmente ver morir en sus brazos a su padre y mentor, y el efecto cuenta atrás para lo que en su cabeza podía enmendar esa muerte y obtener de rebote el prestigio que jamás nadie le concedió. No obstante, respeto al máximo que no haya superado tus expectativas, y lo tomo como un toque de atención. Siempre he imaginado a Guillermo como el pez que acompaña al tiburón comiéndose sus migajas, entendiéndose a su padre como ese tiburón metafórico, que siempre soñó con ser un tiburón, y que al ver abrirse esa posibilidad, todo lo demás dejó de tener importancia, tanto su puesto en la empresa, como su libertad y su propia familia.
      Analizando tu reflexión, en las siguientes relecturas y de cara a la continuidad de este tramo, intentaré verlo desde tus ojos y ser más crítico con lo escrito, para ver si puedo pulir algo más las implicaciones emocionales que le empujan a ser, como tú bien dices, tan chapucero.
      Gracias como siempre por tus palabras y por seguir al otro lado. ¡Un abrazo! 🙂

      David.

  2. battysco dice:

    Yo creo que haber hecho ese experimento en algún tipo de laboratorio habría implicado mucha mayor dificultad, de ahí el haber utilizado un escenario mucho más permisible. De todos modos, choca bastante que una persona tan formal e inteligente como Guillermo realice un acto tan impulsivo jugándose lo que se juega. Es cierto que no cuadra del todo que alguien como él (tan metódico, estudioso, cabal) realice semejante acto. ¿Que estaba en juego la gloria? Sí, estaba en juego. ¿Pero tanto como para llegar a desenterrar a su padre?

    Sólo me queda pensar que este personaje tan serio y formal quizás no lo sea tanto. Uno puede dedicarse profesionalmente a algo, incluso dejándose la piel, y fuera del mundo laboral tener otros anhelos y comportamientos muy dispares.

    Sonia.

    • Esto también ha creado cierta controversia, porque el lector daba por hecho muchas cosas que la novela obviaba.
      Planteémoslo así: Guilermo pasó del expermiento fallido por respeto a su padre, desidia y falta de motivación y necesidad. De repente su padre muere, y su cuerpo se está comenzando a degradar a tiempo real. No ha preparado nada, porque ha seguido su vida y el verdadero genio es su padre. Tiene en su mano una posibilidad entre un millón de revertir la muerte de su padre, al alcance de su mano. No hay tiempo para nada más.
      Si yo estuviera en su situación, ya podría arder Troya que haría exactamente lo mismo. Y eso es lo que he intentado transmitir, aunque veo que no con mucho éxito. Quizá si en vez de él hubiese sido Bárbara, que no tiene conocimientos de biomedicina, la resolución hubiese sido más verosímil, enfatizando tan solo el interés por no superar la primera fase del duelo: la negación. Además, el hecho de lo imprevisible y dramático que resulta se enfatiza por el hecho que ni el propio Guillermo tenía la más repajolera idea de qué iba a pasar.

      David.

  3. battysco dice:

    Gracias por tan larga explicación. En mi opinión tampoco hay que darle muchas más vueltas de las que tiene. Total, los “zombies” no existen. Quiero decir que dentro de la normal búsqueda y del empeño en dotar de la mayor realidad posible a la novela, nunca podemos olvidar que el factor fantasía e imaginación es el condimento que la impregna, y eso tampoco tiene nada de malo. Creemos conocer a las personas; creemos conocer a Guillermo. Pero realmente cada uno de nosotros somos impredecibles. Un personaje de ficción aún con más motivo lo es.

    Sonia.

  4. Drock9999 dice:

    Para mi el contexto es perfecto y la reacción de Guillermo, totalmente comprensible. Si bien es un científico y la forma de llevar a cabo el experimento ataca toda norma y procedimiento, hay que ver que es su padre, quien apenas acaba de morir, quien le prohibió continuar con los experimentos y ademas esta cometiendo varios delitos para finalizar sus pruebas. Yo creo que es mas realista de esta manera,donde el infractor busca hacer su fechoría a escondidas, que si vemos al científico reuniendo piezas para armar en su laboratorio a Frankenstein. A propósito de el…

    ¡Esta vivo!

    • No deja de ser curioso como cada cual se forja una idea mental de los personajes, y en muchas ocasiones la realidad les invita a replantearlo todo, pues ven que no reacciona como esperaban o no es quien creyeron que era. El caso de Samuel es el mas evidente, pero Guillermo sin duda ha marcado un precedente. Todo el mundo le odia, y eso… me sorprendió. xD

      David.

  5. Fran dice:

    Muy buenas…
    Qué bueno…!! Me acaba de aparecer un mensaje de Twitter en el margen izquierdo mientras leía el presente capítulo en el que me agradeces el combo de reseñas que realicé en Amazon el pasado día 12, jajaja
    Me ha hecho ilusión!!! Muchas gracias por las gracias, pero no se merecen. Es lo que me pareció que tenía que hacer dados los buenos momentos que me haces pasar con tu historia y el mensaje que me encontré en uno de los comentarios solicitándolo después de leer una entrega.
    La suerte es que me he encontrado el tercer tomo muy avanzado, ya que esperar a leer entrega por entrega me pone de los nervios…
    Al ir a comprar el tercer tomo en Amazon me encontré con que aún no está disponible y con el enlace al blog y no me pude resistir a seguir leyendo.
    Reitero mi agradecimiento por los momentos que me haces pasar con tu historia, no pares de escribir!
    Fran

    • ¡Saludos cordiales Fran!

      Bienvenido al otro lado. 🙂
      Sí se merecen, hombre. Es con esas reseñas con las que la novela consigue prestigio digital suficiente para que otros lectores se animen a darle una oportunidad, como hiciste tú en su momento. Por ello reitero mi agradecimiento. Vosotr@s hacéis grande AOLDLV. 😀
      El tercer tomo lleva a las espaldas cerca de 500 páginas, y aún quedan poco más de tres arcos argumentales para cerrar la trilogía.
      En adelante, cuando alcances el ritmo de colgadas, tendrás dos capítulos disponibles semanalmente, martes y sábados, para poder seguir adelante, aunque lamentablemente a un ritmo más pausado del que estás acostumbrado.

      ¡Gracias por todo, crack!

      David.

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