3×1039 – Bocina

Publicado: 24/05/2016 en Al otro lado de la vida

RECETA PARA EL APOCALIPSIS: PASO 5

Rehogar medio kilo de cobardía

 

1039

Bosque de Pardez, a diez kilómetros de Sheol

31 de agosto de 2008

 

Guillermo despertó sucio, con el tobillo derecho hinchado y dolorido, y empapado de pies a cabeza. No fue la lluvia la que le despertó, si no uno de aquellos estruendosos truenos que hacían que el mundo quedase inmóvil por un instante.

Durante un par de segundos, un maravilloso par de segundos, no fue capaz de recordar qué hacía ahí, tumbado sobre un montón de tierra húmeda, perdido de la mano de Dios en mitad del bosque. La realidad le cayó encima como una losa: en un acto de manifiesta inconsciencia había intentado devolver a la vida a su difunto padre, llevándose su cadáver del cementerio con nocturnidad y alevosía. Si lo había conseguido o no, era todavía un enigma para él, pero de lo que no cabía la menor duda era que su padre ya no se encontraba junto al olmo donde él le había inyectado la sangre de aquél pequeño roedor. Y aunque todo apuntaba a pensar que José había abandonado la zona por su propio pie, ni siquiera el propio Guillermo era todavía capaz de creerlo.

Pese a las nubes que cubrían el cielo, de lo que no cabía la menor duda era que hacía horas que había amanecido. Su mente comenzó a divagar e imaginó cómo el guarda del cementerio habría llamado a la policía tan pronto descubriese la tumba abierta de José, y cómo éstos enseguida le relacionarían con la exhumación. Trató de ponerse en pie a toda prisa, pero trastabilló al notar un intenso dolor en su tobillo herido, y tuvo que hincar una rodilla en el suelo, con los ojos bien cerrados y los dientes apretados. Segundos más tarde lo volvió a intentar, y en esta ocasión sí fue capaz de tenerse en pie. Se acercó a un pino muerto que tenía al lado, y arrancó una de sus ramas, que en adelante utilizaría como muleta, para poder caminar sin necesidad de apoyar el pie herido en la lodosa superficie boscosa. Sin saber muy bien hacia dónde, siguió el peregrinaje errático que había comenzado la noche anterior, ahora con la única esperanza de volver a la civilización.

No fue hasta bien entrada la tarde, tras más de diez horas de deambular errático por el bosque, que consiguió dar con el camino que le había llevado a perderse. Tan pronto comenzó a reconocer la zona, pese a la evidente diferencia que mostraba a plena luz del día, enseguida desanduvo sus pasos. El corazón se le encogió en el pecho al pasar junto al olmo. Seguía sin más compañía que el incesante repiqueteo de las gotas de lluvia sobre sus hojas. No se dejó llevar por los sentimientos, y continuó su camino hasta que finalmente dio con su coche, en el que se metió enseguida, pese a estar empapado de pies a cabeza y dejar la tapicería húmeda y el suelo lleno de barro.

Tomó aire intermitentemente, en la medida que el repiqueteo de sus dientes, delator del nerviosismo que atenazaba su cuerpo, se lo permitió. Echó un vistazo al salpicadero. Tan solo faltaban unos minutos para las ocho de la tarde. Había pasado casi veinte horas desconectado del mundo. Echó un vistazo a su teléfono móvil. Tenía cinco llamadas perdidas de Bárbara, y otras sesenta y dos de un número oculto. Sin pensárselo dos veces salió del coche con el móvil en la mano, lo acercó a una roca cercana y comenzó a golpearlo con una piedra del tamaño de un melocotón que encontró por el suelo, hasta que quedó hecho trizas. Ahora ya no le cabía la menor duda: la policía estaba buscándole.

Temblando de pies a cabeza dejó lo que quedaba del teléfono sobre aquella roca y volvió al coche. Introdujo la llave en el contacto e instintivamente encendió la radio, antes incluso de ponerse el cinturón. Siempre lo hacía. Le sorprendió escuchar a un locutor, pues no era una hora punta, los únicos momentos del día en los que se interrumpía la programación musical para ofrecer un minúsculo noticiario. Se disponía a apagar la radio, pero se quedó con la mano suspendida frente al botón.

LOCUTOR – … de última hora. Un anciano desorientado ha sido encontrado en el bosque de Pardez, en las inmediaciones de…

Guillermo abrió los ojos como platos, incapaz de creer lo que estaba escuchando. Notó cómo le sobrevenía un mareo. Se llevo una mano a la sien, empezando a ser consciente de lo que había provocado, pues para él resultaba evidente que el anciano del que hablaban no era otro que José, su padre. No cabía ninguna otra posibilidad. Una sonrisa se dibujó en su rostro, y su propia carcajada no le permitió escuchar bien lo siguiente que decía el locutor, que bien parecía estar improvisando sobre la marcha su discurso. Con una mano temblorosa, alcanzó a subir el dial del sonido, mientras el corazón luchaba por salírsele del pecho.

LOCUTOR – … el septuagenario, visiblemente enajenado y en actitud extremadamente violenta, ha atacado a unos jóvenes que estaban pasando el fin de semana…

El investigador biomédico se quedó de piedra. La imagen de aquél pequeño roedor sobre el cadáver ensangrentado de su compañero de jaula se le vino a la mente como una losa. Tragó saliva. Ya no quedaba ni rastro de la sonrisa que había surcado su rostro instantes antes.

LOCUTOR – … el atacante ha sido abatido por las fuerzas de seguridad del estado, tras acabar con la vida de …

Guillermo exclamó a voz en grito, maldiciendo su mala suerte.

LOCUTOR – … su cadáver ha sido trasladado al anatómico forense local para efectuar las pruebas pertinentes, pues se baraja la posibilidad que estuviera infectado de un raro brote de rabia que…

El investigador biomédico no fue capaz de escuchar una sola palabra más. Golpeó con fuerza la radio, con tan buen tino que la apagó a la primera, y acto seguido comenzó a dar golpes al volante, haciendo sonar la bocina y asustando a un tiempo a los pájaros que se resguardaban de la lluvia en los árboles cercanos, que no dudaron en alzar el vuelo. Grandes lagrimones recorrieron sus mejillas, todavía húmedas por la lluvia que había azotado su cuerpo durante horas, mientras él se desgañitaba y no paraba de dar golpes a todo cuanto tenía a su alcance.

Su plan había sido al tiempo un éxito rotundo y el más flagrante de los fracasos, y pese a que su padre sí había recuperado la vida, tal como él había previsto, ello tan solo había sido durante un brevísimo lapso de tiempo, pues había vuelto a morir, y en esta ocasión, ya nadie podría arrebatarle del abrazo de Hades.

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comentarios
  1. Betty dice:

    Cada vez que aparece Guillermo no puedo evitarlo… Me viene a la cabeza ¡¡Cobarde, egoísta y patético!! Parece mentira qué sea hermano de Bárbara XDD!!

  2. Angela dice:

    Continuamos con el patetico hermano, entiendo que estes atando cabos y que por culpa de Guillermo todo se fue al demonio.
    Que sera de Guillermo? Seguira hasta el final de la historia? Ayudara a que las personas sobrevivientes no sean infectadas? sera valiente alguna vez?
    Muero de ganas de saber porque Barbara estaba en un ataud, ni ella sabia…
    Gracias David, creo que estoy muy cerca de saber lo que sucedio con Barbara.

  3. Que asquito le tenéis tod@s, pobre hombre. Si sólo ha provocado la muerte de la práctica totalidad de la raza humana del planeta. xD

    El futuro de Guillermo que hábilmente aventuras es tema baladí. Es un personaje troncal desde el minuto cero, y no ha aparecido como tal hasta el tercer tomo, pero aún tiene mucho que decir.

    El motivo por el que Bárbara acabó/empezó en el ataúd será desvelado. En primera instancia de manera MUY vaga de aquí no mucho, y en segunda instancia de modo MUY claro bastante más adelante.

    David.

  4. Drock9999 dice:

    He de aceptar que este capitulo me ha acercado a Guillermo. Creo que soy el primero en verle con mejores ojos que el resto. No deja de darme desconfianza y causarme mala espina, pero su reacción empieza a ser comprensible para mi y hasta.. humana, por no saber como mas describirlo.

    D-Rock.

    • Hay una máxima que dice: Ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos. Guillermo es egoísta, pero su objetivo era noble. Eso sí… la ha liado pero bien. xD

      David.

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