3×1042 – Exilio

Publicado: 11/06/2016 en Al otro lado de la vida

1042

 

La estancia en la casa de la sierra de Jaime fue todo un calvario para Guillermo.

Llegó de madrugada la misma noche en la que viese por última vez a su hermana. Lo hizo con el mal presentimiento de que Jaime le habría traicionado, temiendo encontrar ahí también una pareja de policías que se lo llevase esposado, para acto seguido mantener una larga conversación con él que acabase con sus huesos en la prisión de Kéle. Para su alivio, al llegar, la única compañía que encontró fue la de una vieja ardilla, que olisqueó unos segundos las ruedas de su Audi para acto seguido huir a toda prisa y subir a un árbol cercano, desde donde observó cómo el desdichado investigador biomédico accedía a la que sería su morada durante los próximos días. Guillermo estaba tan agotado, después de dos jornadas tan intensas, que esa primera noche durmió más de ocho horas ininterrumpidas, pudiendo al fin apaciguar su espíritu y olvidar todas sus tribulaciones.

Desde esa posición privilegiada, alejado de la civilización en ese pequeño reducto de paz y tranquilidad, comenzó a seguir la actualidad informativa haciendo uso de una pequeña radio propiedad del propio Jaime que encontró en un cajón. Lo hizo desde el primer momento, hora a hora, día a día, fascinado y aterrado ante la fulgurante escalada de sangre y muerte de lo que ya nadie podía negar que se trataba de una epidemia que tenía a Sheol como zona cero. No hacía más que darle vueltas a cuánto ocurrió aquella fatídica noche, maldiciéndose por haber perdido de vista al por entonces cadáver de su padre. Aún no era capaz de asimilar cuán lejos había llegado todo por un simple despiste, y mucho menos dar crédito a cuanto estaba ocurriendo, no solo en Sheol, sino en muchos más lugares del país, e incluso fuera de éste.

Por más que trataba de encontrar una explicación a todo cuanto estaba ocurriendo a su alrededor, su nivel de estrés emocional era tal que apenas alcanzaba a asimilar que todo cuanto narraban aquellos alterados locutores fuese realmente cierto. Tras ese primer sueño reparador, y a medida que las informaciones de las que era testigo se volvían más y más crudas, comenzó a tener serios problemas para conciliar el sueño. Pasaba el día intranquilo entre esas cuatro paredes, sin parar de dar vueltas de un extremo al otro de la casa, fumando un cigarro tras otro, la única actividad que parecía paliar, aunque sólo fuese mínimamente, su creciente ansiedad.

El dolor de su tobillo herido fue remitiendo con el paso de los días, hasta que acabó tornándose en una pequeña molestia, tan solo perceptible si hacía un mal gesto apoyando todo el peso en es pie. En cualquier caso, esa era la última de sus preocupaciones.

En más de una ocasión, con el paso de los días, se vio tentado a mandarlo todo a paseo, ignorar el pánico que tenía de ser arrestado e ir de una vez por todas a buscar a su hermana y a su hijo, para acto seguido abandonar con ambos el país en busca de un lugar seguro. En más de una ocasión llegó incluso a subirse al coche con tan noble intención, pero su cobardía siempre acababa imponiéndose a su sentido del deber, e inexorablemente acababa volviendo con el rabo entre las piernas, prometiéndose que si al día siguiente las noticias no resultaban ser más halagüeñas, retomaría cuanto había dejado a medias. Jamás lo eran. Todo lo contrario.

Durante todo ese tiempo no recibió una sola visita, y tan solo abandonó la casa de la sierra en dos ocasiones. En ambos casos tan solo recorrió los escasos siete kilómetros que le separaban de la estación de servicio más cercana. Lo hizo para reabastecerse de comida basura, todo tipo de prensa escrita, y tabaco. Mucho tabaco.

Su día a día acabó convirtiéndose en una rutina, de la que acabó creyendo no podría salir jamás. Los episodios de violencia que narraba aquél aparato del demonio eran cada vez más frecuentes, cada vez más dramáticos. El número de muertos y desaparecidos crecía exponencialmente. Por más que los mensajes institucionales, cada vez más frecuentes, invitaban a la ciudadanía a tranquilizarse, asegurando tener controlados los principales focos, la evidencia hablaba por sí misma.

Si algo le llamó poderosamente la atención durante su corta estancia en la casa de la sierra, es que no se le mencionó ni una sola vez en ninguno de los noticiarios especiales que tanto abundaban en todas las frecuencias. En alguna que otra ocasión se relacionó la incipiente epidemia con la compañía fundada por su padre, la que él debía haber heredado, junto con su puesto en la misma y un sustancial aumento de sus ingresos, pero tan solo fue de pasada, en alguna tertulia. Guillermo no daba crédito, e incluso llegó a plantearse la posibilidad de que realmente hubiesen tirado la toalla con su búsqueda. Al fin y al cabo, policía y ejército tenían otros muchos problemas entre manos de los que preocuparse.

Durante todo el tiempo que permaneció oculto jamás tuvo contacto alguno con la pandemia que él mismo había provocado, más que por las noticias que le llegaban por la radio. Estuvo ahí encerrado poco menos de una semana, hasta que finalmente no pudo soportarlo más, consciente de que si seguía demorando su partida, las posibilidades de volver a ver a sus familiares irían decreciendo hasta extinguirse, como la vida de tantos inocentes desde aquella fatídica noche de finales de verano.

No fue hasta el 6 de septiembre que tomó la decisión irrevocable de volver a Sheol e ir a buscar primero a Guille y luego a su hermana Bárbara. Lo hizo en un arrebato de responsabilidad, como tantos otros que había tenido con anterioridad, pero en esta ocasión sí llegó hasta el final. Y en efecto, le encontró, pero nada de cuanto había escuchado por la radio podría jamás haberle preparado para cuanto presenciaría aquella fatídica jornada, que no podría alejar de su memoria mientras viviese.

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comentarios
  1. Battysco dice:

    Hola chic@s, qué tal?

    A estas alturas me es imposible ponerme al día con los capítulos pendientes, más que nada porque ya no sé ni por dónde me quedé. David, estoy deseando que lo acabes y lo cuelgues en Amazon para hacerme con el último tomo y leerlo al completo. Cuando eso ocurra, lo comentaré por aquí para ver si aunque tarde, aún puedo participar en la tertulia que se genere con nuestras impresiones compartidas.

    Por cierto, ¿cómo va la nueva novela?

    ¿Hay alguna novedad en general?

    Por aquí ando, currando, atareada, pero feliz.

    Saludos para todo el mundo del blog!!

    PD: no entro nunca a Twitter, pero sí al Facebook. Os paso el mío si queréis.

    Sonia.

    • Betty dice:

      Hola Sonia!! Saludos para ti también, me alegra saber que todo te va muy bien 😊
      Aunque por aquí se te echa de menos!! Yo sin embargo no tengo Facebook, seguro qué nos encontraremos comentando por aquí 😉

      Un abrazo!!

    • ¡Saludos cordialérrimos lady Sonia! 😀

      La novela sigue adelante, sin freno. Ahora ya está abocada a una concatenación de tramas que desembocarán en el final definitivo, y yo estoy ilusionado como el primer día por seguir metiéndole mano y mordiéndome las uñas por conocer vuestra impresión.

      Me alegra saber que pese al ajetreo diario, sigues bien. Siempre es un gusto. 🙂

      Yo no tengo facebook desde hace años, y por ahora sólo me mantengo al día en redes sociales en twitter… y por aquí, gozando del feedback como el primer día.

      Un gusto saber de ti.

      David.

  2. battysco dice:

    ¡¡Así que la próxima novela va viento en popa!! Así me gusta, que nunca pare tu creatividad.

    A mí me está entrando el mono lector de nuevo, temblad que os alcanzo chic@s.

    Por aquí me tenéis de nuevo.

    PD: acabo de ver tu foto dominguera con el gatete “to tirao”. Me encantaaa.

    Sonia.

    • La próxima novela aún está solo en mi cabeza, y en una libretilla negra donde tomo apuntes, pero pinta ser épica. xD

      Me alegra que sigas disfrutando con la lectura 🙂

      El gato me acompaña allá donde me siente a leer. xD

      David.

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