3×1047 – Preparado

Publicado: 27/08/2016 en Al otro lado de la vida

1047

 

Costa norte de Nefesh

12 de diciembre de 2008

 

Fernando echó un último vistazo atrás, mientras se apartaba de la frente el pelo apelmazado por la lluvia. Estaba convencido que sólo eran dos, pero descubrió un tercero algo más rezagado calle abajo. Seguir huyendo no era una opción. Eran todos adolescentes: dos chicas y un muchacho. La que estaba más adelantada resbaló con el suelo empapado y se dio un golpe de órdago, pero los otros dos siguieron corriendo en su dirección, sin la menor intención de parar. Su presencia, de igual modo que la de tantos otros que el mecánico había sufrido las últimas dos semanas, delataba que si bien las rondas de limpieza eran bastante útiles a corto plazo, no garantizaban que una zona se volviese segura: los infectados eran seres eminentemente nómadas.

El mecánico chistó con la lengua. Eso no era lo que él había previsto. Eso estaba muy lejos de lo que él había previsto con tranquilidad y sangre fría en la seguridad del piso en el que había vivido las últimas semanas. No pensaba abandonar su escondrijo tan pronto: aún no se encontraba en plenas facultades físicas. La dura rutina de rehabilitación que se impuso había dado muy buenos resultados, no obstante, y ahora ya sólo acarreaba una ligera cojera y un buen puñado de cicatrices. Sin embargo, el amanecer de ese día lluvioso le había resultado demasiado tentador. Estaba convencido que con la lluvia los infectados no saldrían a su encuentro. Lo había comprobado en más de una ocasión, y todos parecían seguir idéntico patrón. Todos menos esos tres jóvenes, a los que el clima parecía importarles bien poco.

Su idea desde el principio había sido la de encontrar un vehículo que poder puentear y con el que dirigirse a Bayit sobre ruedas. Él era la persona más indicada para hacerlo en cientos de kilómetros a la redonda, y no le supondría ningún problema. Siempre y cuando no viniesen varios infectados a acecharle antes siquiera de haber encontrado un solo coche aparcado en aquellas angostas y sucias calles, como fue el caso. Si escogió el norte como dirección hacia la que huir cojeando lastimosamente fue únicamente porque las infectadas venían del sur. No tardaría en darse cuenta que ello le había salvado la vida.

Escasos veinte metros le separaban de un ataque del que sabía a ciencia cierta que no podría salir con vida, desarmado y aún débil como se encontraba. Respiró hondo, se soltó de la barandilla a la que estaba fuertemente aferrado, se mantuvo un par de segundos en precario equilibrio y acto seguido dio un discreto salto hacia delante y se dejó caer al vacío. Cerró los ojos mientras notaba la gravedad tirando de él y se preparó para el impacto.

Superó los más de quince metros que le distanciaban de la superficie del mar, al que entró como una flecha. Notó un fuerte tirón en las axilas producido por la mochila que llevaba a la espalda. Se preocupó. Desde que se convenció que había perdido la facultad de sentir dolor, se había vuelto incluso neurótico, temiendo que cualquier golpe o arañazo fuese mucho más serio de lo que su cuerpo decidía informarle. Pese a que incluso a él mismo le sorprendía, echaba de menos el dolor. En esa mochila llevaba todo su botín: todo cuando había conseguido saquear de las viviendas vecinas durante su auto impuesto cautiverio, lo cual no era demasiado. Temió que el agua echase a perder parte su alijo, pero a ese respecto ya no había marcha atrás.

Nadó apresurada y torpemente hacia la superficie y tras tomar una bocanada de aire echó un vistazo hacia arriba. Más allá del escarpado acantilado que acababa de salvar vio al otro lado de la barandilla a dos de los infectados que le habían estado siguiendo, mirando en todas direcciones, visiblemente sorprendidos, incluso boquiabiertos. La lluvia les caía encima con saña, pero ellos la ignoraban. El mecánico les maldijo por ello. Resultaba evidente que le habían perdido de vista, y él no hizo amago alguno por hacerles salir de su estupor. Al contrario, lo que hizo fue comenzar a dar brazadas, tiritando de frío, dirección este.

Más adelante se daría cuenta que su pequeña crisis se había convertido en una oportunidad realmente interesante. Los infectados podrían o no sentir rechazo hacia la lluvia, pero de lo que no cabía la menor duda era que no estaban capacitados para nadar. Él tampoco sabía, pero había aprendido a avanzar sin hundirse, en parte gracias al contenido de la mochila, y eso era más de cuanto necesitaba. Pronto empezó a sentirse cómodo en ese nuevo papel, mucho más cuando encontró aquella vieja tabla de surf infantil. Estaba rota, y sus motivos de princesas Disney no la volvían demasiado atractiva a sus ojos, pero fue sin duda el mejor hallazgo imaginable. Enseguida desestimó su idea de volver a la isla a hacerse con un vehículo: nadar sobre esa tabla era cien veces más seguro. Y cien veces más lento. Pero él no tenía prisa: nadie le estaba esperando.

Durante su tedioso periplo bordeando la costa de la isla encontró todo tipo de basura flotando a la deriva: desde bolsas y botellas de plástico, pasando por cadáveres hinchados e irreconocibles y trozos de madera chamuscada. En todo momento se esforzó por mantener una distancia prudencial con todo aquél detritus. Se preguntó si alguno de aquellos pedazos pertenecería al barco en el que sus anteriores compañeros de travesía habían intentado abandonar Nefesh. De todos modos, eso no era algo que debiese preocuparle. Sí le preocupó, sin embargo, la inevitable caída de la noche, cuando los infectados que aún quedaban en Nefesh, que no eran pocos, abandonaron sus escondrijos diurnos en busca de algo que llevarse al estómago.

Nadó tranquilamente durante horas, hasta que uno de ellos reparó en él y corrió playa adentro en su busca. Fernando se asustó de veras al ver que el infectado no se detenía por más que el nivel del agua hacía cada vez más dificultoso su avance. Tan pronto dejó de hacer pie, el infectado comenzó a gritar y a chapotear lastimosamente. Por más que la corriente se esforzaba por llevarle de vuelta a tierra firme, él seguía empeñado en atrapar a Fernando, hasta que finalmente acabó ahogándose por su testarudez. El mecánico no recordaba haberse reído tanto en mucho tiempo.

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comentarios
  1. Carol dice:

    Holaaaaaaa!. Q tal todos? Hace tiempo que no comentaba pero si he ido leyendo puntualmente los capítulos que David ha ido colgando (un mes de espera!. Te lo perdonamos porque te merecías esas vacaciones 😉). Sorprendente lo de Fernando y su resucitacion. Ya estoy deseando que llegue a Bayit para ver (bueno, leer), la reacción del resto. Nuria, Rosa bienvenidas al mundo de David. No os defraudará si buscáis sorpresas!!!. Sonia, que taaaaaal? 😄. Espero q vaya todo estupendamente. Betty, gracias por tu comentario del 28/07. No pude contestar porque estaba de vacaciones fuera de España. David, espero q hayas tenido unas estupendas y descansadas vacaciones 😃. Y dicho eso, a partir de ahora no tendremos piedad. Queremos nuestra ración semanal!. Así que, querido, a escribir…..😀

    • Si supieras con qué cliffhanger acaba el arco argumental que acabamos de empezar, lo fliparías. Más de un@ lleváis hasta años esperando ese momento. ¡Yo el primero! xD
      Ahora llevo buen ritmo, y podré respetar las dos colgadas semanales hasta el final del mismo. Sólo quedan cinco capítulos más con números romanos, excluyendo las recetas de Guillermo y alguna que otra sorpresita al final del libro… xD
      Hoy por hoy estoy escribiendo, literalmente ahora, el capítulo 1050, y la cosa pinta bien.
      Las vacaciones de lujo. 😉

      David.

    • nuria dice:

      Graciasss…..encantada d formar parte de este foro..yo tbn en espera de todos los nuevos capitulos y sorprendida con la nueva d Fernando..cada capitulo me gusta mas q el anterior😃

    • Betty dice:

      Bienvenida entonces de tus vacaciones y espero que las disfrutases a tope 😉!! Y intrigada con la reacción de los demás, como tú, con la llegada de Fernando. Sobre todo la de christian y Paris…

  2. Pronto conoceréis las respuestas a todas esas dudas. 🙂

    David.

  3. battysco dice:

    Cucuuuu, hola a todo el munnndoooo.

    Por lo que veo, las vacaciones geniales para todos. Nos hacían falta!!!

    Genial los capítulos de Fernando, deseando que Christian le vea de nuevo. La tabla de surf con motivos Disney la repera, jajaja.

    Carol, yo también te echaba de menos. Yo ya me he reenganchado y adicta que estoy como la que más. Me habéis guardado mi huequito y os lo agradezco.

    Sonia.

    • Ojito que ahora estoy on fire. Recién estoy inmerso en el flashback de Fernando, y el cómo engrana eso con la trama que quedó en el aire cuando se fue Bárbara, cuando vuelva, y LO que ocurrirá luego.
      No sé si lo he dicho anteriormente… Estáis presenciando la calma antes de la tempestad. La novela llegará a un punto, no faltando mucho, en el que todo se pondrá patas arriba, y en adelante será un zasca detrás de otro hasta que acabe la trilogía, y tengo guardados muuuchos zascas que he ido escondiendo vilmente durante los anteriores libros.
      Gracias por seguir al otro lado. Confío sigáis disfrutando como el primer día. 🙂

      David.

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