3×1049 – Ambos

Publicado: 03/09/2016 en Al otro lado de la vida

1049

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

13 de diciembre de 2008

Fernando se dio media vuelta al escuchar la voz de Christian a su lado, a través de la verja de la escuela. Aún sostenía el rifle que el joven le había tirado desde el baluarte. El ex presidiario se apresuró a abrir el portón de la escuela y Fernando se lo quedó mirando. Dejó caer el arma y casi cayó de espaldas al suelo cuando el chico se abalanzó sobre él y le abrazó con fuerza. Él le correspondió el abrazo, gratamente sorprendido.

CHRISTIAN – ¿Cómo puede ser…? ¿Có…? ¿Qué…? ¿Qué haces tú aquí…? ¿Cómo…? ¿Cómo…? Pasa. Pasa. Date prisa, va. Entra.

Fernando se sintió algo abrumado por tan calurosa bienvenida. Aún estaba empapado de pies a cabeza e incluso goteaba. El cansancio y la falta de sueño se podían leer en su rostro. Ambos cruzaron el portón y Christian cerró a conciencia tras de sí.

CHRISTIAN – ¿Cómo…? ¿Cómo vas así? ¿Cuántas horas llevas debajo de la lluvia?

FERNANDO – Poco… unos diez minutos. Estoy así porque… he venido nadando.

CHRISTIAN – ¿Nadando? ¿Pero se puede saber de dónde vienes?

FERNANDO – Bueno…

CHRISTIAN – Da igual. Ya… ya hablaremos de eso luego. Ahora ven, corre. Ven, que… que te daré una toalla y ropa seca.

El mecánico siguió al ex presidiario por el patio de la escuela y ambos accedieron al Jardín. Fernando se sorprendió por cuánto había cambiado todo desde su ausencia, orgulloso de haber participado del inicio de ese sueño de seguridad y prosperidad en el que se había convertido Bayit, que él tanto había añorado las últimas semanas.

CHRISTIAN – Pero… no entiendo nada. ¿Cómo es que estás…?

FERNANDO – ¿Vivo?

Christian se llevó una mano a la sien y acarició la cicatriz en forma de L que su cabello había ocultado.

CHRISTIAN – Pero si… te enterramos.

FERNANDO – Sí. Doy fe. La próxima vez… hacedlo un poco menos hondo, si no es molestia.

El ex presidiario rió, pero enseguida se puso serio. No quería resultar ofensivo. Fernando reparó en el mural. Se reconoció instantáneamente y esbozó una sonrisa sincera.

FERNANDO – No te preocupes.

CHRISTIAN – Estabas… Estabas muerto. Te lo puedo jurar. Si no, jamás se nos hubiera ocurrido… ¡Por Dios!

Fernando alzó los hombros, enfatizando su ignorancia al respecto.

CHRISTIAN – Eso ha debido ser el virus. Te infectaron cuando te mordieron y… tú no estabas vacunado. Ha tenido que ser eso. ¿No te lo dije? ¿Te acuerdas? Que te cure la ceguera o la hemiplejia… vale, pero que te cure de haberte… muerto. ¡Para mear y no echar gota! Joder, pero es que… estabas… ¡muerto! Lo comprobé cien veces. Te lo juro. Yo jamás habría…

FERNANDO – No sé si lo estaba o no lo estaba, Chris… el caso es que me desperté…

CHRISTIAN – ¿Bajo tierra?

FERNANDO – Sí.

CHRISTIAN – ¿Y cómo saliste de ahí?

FERNANDO – Bueno… tuve… un poco de ayuda.

Christian frunció ligeramente el ceño. Ambos miraron hacia arriba al escuchar un grito proveniente del bloque de pisos del centro de ocio. El mecánico sonrió abiertamente al ver asomarse por una ventana a su orondo compañero de fechorías.

PARIS – ¡No! ¡¡No!! ¡¡¡No pude ser verdad!!! ¡No os mováis!

El dinamitero desapareció de la ventana. Christian y Fernando se miraron mutuamente, mientras escuchaban sus pisotones incluso a través del ruido de la lluvia que seguía cayéndoles encima. Avanzaron sin prisa hacia la persiana del taller por donde accederían a la primera corona de seguridad del barrio, mientras el chico seguía acribillando a preguntas a Fernando, sin darle apenas tiempo a contestar. Ambos se sorprendieron al ver cómo la persiana se levantaba con un gran estruendo. Al otro lado se encontraba Paris, con una sonrisa en el rostro como ninguno de los dos había visto jamás con anterioridad. Christian se sorprendió especialmente, pues la actitud del dinamitero las últimas semanas se había tornado muy apática y malhumorada.

Paris agarró con fuerza al mecánico, lo abrazó hasta hacerle sacar todo el aire de los pulmones, lo levantó del suelo y dio una vuelta completa sobre sí mismo, haciéndole girar en el aire. De conservar la percepción del dolor como el común de los mortales, Fernando se habría retorcido, tan maltrecho como estaba por dentro. Finalmente Paris le soltó, dio un paso atrás y le miró de arriba abajo, aún sin ser capaz de creer lo que estaba viendo.

FERNANDO – Tómatelo con calma, Paris, que yo no estoy ahora para muchos trotes. Tengo la mitad de los huesos rotos.

PARIS – ¡Hijo de la gran puta!

El dinamitero obsequió al Fernando con un fuerte golpe en el hombro, sin apartar de su rostro aquella sonrisa acompañada del mal olor que delataba que hacía escasos minutos que había despertado.

PARIS – ¿Pero qué carajo haces tú aquí? ¿Qué pasa, que el infierno se te ha quedado pequeño?

Fernando sonrió. Sabía que debía andar con pies de plomo con ese hombre, pero no podía negar que había una conexión entre ambos.

FERNANDO – Héctor me manda recuerdos para ti.

Paris rió escandalosamente. Demasiado escandalosamente. Christian empezó a incomodarse.

PARIS – Dile que si echa en falta su brazo, ya no lo tengo. Olía demasiado mal y acabé tirándolo al vertedero.

FERNANDO – Lástima.

CHRISTIAN – ¿Quieres que avise a los demás, Fernando?

PARIS – Es muy pronto. Deben estar todos durmiendo.

CHRISTIAN – Sí… sólo deben estar despiertos Marion y Carlos, que están con los bebés.

FERNANDO – ¿Bebés?

CHRISTIAN – ¡Es verdad! Tú no llegaste a…

PARIS – Déjate de avisar a nadie. ¿No ves cómo va? Fernando, ven. Ven, por el amor de Dios. Ya habrá tiempo de eso luego. No puedes ir así, que vas a coger un constipado… Ven. Acompáñame.

FERNANDO – Si no es molestia, yo… preferiría ir a casa a descansar un poco. Llevo un día entero en pie, metido en el agua dando brazadas, y… estoy que me caigo de sueño.

PARIS – Eso no es problema, hombre. Tú vas, te secas bien, y te echas un rato. Vamos… Venga, vamos.

CHRISTIAN – Pero, Paris…

PARIS – ¿Pero qué?

Christian prefirió mantenerse en silencio, más al ver la mirada asesina que le brindó el dinamitero. Que el piso que ocupaba Fernando antes de abandonarles ya no estaba libre no era algo que le incumbiese, y hacía tanto que no veía a Paris de buen humor, que prefirió dejarlo estar. Incluso podría ser divertido.

PARIS – Eso es. Así me gusta.

Los tres accedieron al taller mecánico y Christian se encargó de bajar la persiana mientras los dos viejos amigos se ponían al día. Fernando echó un vistazo al interior y le sorprendió descubrir que la motocicleta roja que había regalado a Christian, que éste había rechazado de malas maneras, ya no estaba ahí. Prefirió no decir nada.

PARIS – Entonces… ¿Cómo es eso de que… ya no estás muerto?

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comentarios
  1. Carol dice:

    Hola. Momentazo el encuentro……Paris, en su línea (dentro de su imprevisibilidad!) 😄

  2. Betty dice:

    Jajajaja… Con Paris todo es multiplicado x dos, me imaginaba qué se pondría muy contento al ver a Fernando desde qué ocurrió su ” muerte “… estaba en un periodo negativo total. Ellos siempre han conectado muy bien es como el yin y el yan, si hay alguien que pueda manejar a París ese es Fernando 😉
    Vaya!! Veo qué David nos está preparando una buena por su comentario… Una maratón de zascas XDD, nos va a poner todo patas arriba 😎 Me gusta,jijijiji

  3. Battysco dice:

    Al final Paris siempre se sale con la suya. Es un personaje que despierta antipatía pero que ofrece auténticos momentazos. Christian también contento con el regreso, como era de esperar después de cómo acabó todo.

    Preparadísimas para los zascas!! Ay ay ayyyyy.

    Sonia.

  4. Josetxu dice:

    cuando Paris ate cavos de q le han dado la vacuna chunga se va a liar gorda.
    un saludo
    Josetxu

  5. Paris, junto con Morgan, es uno de mis personajes estrella en cuanto a complejidad, y pese a ser de los que más miedo me dan por la opinión que pueda tener el lector de sus reacciones, disfruto como un enano cada vez que entra en escena.
    Interesante apreciación la tuya Josetxu, veo que estás atento a los huevos de pascua. Ese es uno de ellos, como bien has detectado. 😉

    David.

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