3×1050 – Deshauciado

Publicado: 06/09/2016 en Al otro lado de la vida

1050

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

13 de diciembre de 2008

 

Juanjo se despertó con un sobresalto. Miró en derredor, asustado, y echó la sábana y la funda nórdica a un lado, al tiempo que se incorporaba. Alguien estaba golpeando la puerta de su piso con entusiasmo desmedido, mientras daba voces exigiendo que se personase. El banquero se calzó sus zapatillas de andar por casa, aún con los ojos legañosos, hinchados y entrecerrados, y salió del dormitorio.

JUANJO – ¡Ya va! ¡¡Ya va!!

Paris seguía aporreando la puerta y dando voces. El banquero empezó a ponerse nervioso, temiendo que hubiesen accedido infectados al barrio. Cruzó el pasillo a toda prisa, corrió torpemente hacia el recibidor y abrió la puerta. Al otro lado se encontraban el dinamitero y un hombre barbudo y de pelo largo al que no había visto en su vida. Juanjo se frotó el ojo derecho mientras reprimía, sin mucho éxito, un bostezo, ya algo más tranquilo al ver que ninguno de los dos estaba armado.

JUANJO – ¿Se puede saber qué pasa?

PARIS – Te tienes que ir.

JUANJO – ¿Qué? ¿Qué de…? ¿Qué pasa?

PARIS – ¿Qué es lo que no has entendido? Sal del piso. Fuera.

JUANJO – Pero… esta es mi casa. No entiendo…

PARIS – No. Esta no es tu casa. Esta la casa de Fernando.

Juanjo se quedó en silencio. No comprendía nada.

PARIS – ¿Te acuerdas que te dije que este piso pertenecía a un amigo mío?

JUANJO – Sí. Que murió poco antes de que llegásemos nosotros.

PARIS – Pues mira, resulta que no está muerto. Es él. Y va a volver a su piso. Ahora.

Fernando frunció el ceño y se dirigió al dinamitero.

FERNANDO – Pero que no hace falta, de verdad, Paris. Me puedo buscar otro sitio. Incluso en este bloque, o… yo qué se… donde sea. No tiene importancia. ¡Será por pisos vacíos!

El banquero miró alternativamente a uno y a otro. Hacía demasiado poco tiempo que había despertado para poder procesar con eficiencia lo que estaba ocurriendo. De lo que no cabía la menor duda era que Paris no estaba bromeando.

PARIS – Que no. Este es tu piso.

Paris se dirigió de nuevo a Juanjo.

PARIS – Tienes todo el barrio para escoger otra casa. Ésta es suya. ¡Venga!

Juanjo empezó a ponerse nervioso. Era consciente que rebelarse ante Paris sería un error, pero no tenía intención alguna de salir en pijama de su piso a esas horas de la mañana.

JUANJO – ¿Y mis cosas?

PARIS – Tus cosas puedes venir a buscarlas luego. Ahora Fernando necesita secarse y descansar. Así que arreando.

FERNANDO – Paris…

El banquero comenzó a tartamudear, tratando de decir algo coherente que hiciese cambiar de parecer al dinamitero.

PARIS – ¿Pero que no me estás oyendo? ¡Fuera!

Paris agarró a Juanjo de la pechera del pijama, tiró de él con violencia y lo sacó al rellano. El banquero tuvo que sujetarse a la barandilla para no caer. Se giró justo a tiempo de verles entrar a ambos en el que hasta el momento había sido su hogar. El dinamitero dio un portazo tras de sí, y en el rellano sólo se oyeron los reproches no demasiado entusiastas de Fernando, al que todo cuando había ocurrido le pilló tan por sorpresa como al propio banquero.

Juanjo se quedó quieto donde estaba, en silencio, con la mano apoyada en la barandilla, durante cerca de un minuto. Salió de su ensimismamiento al escuchar unas voces y unos pisotones provenientes de escaleras abajo. Pronto vio aparecer a Christian, que venía acompañado por Maya y por aquella chica tan alta y con el pelo tan claro. Cuando los tres llegaron al rellano Christian miró alternativamente la puerta del piso de Paris y del que hasta hacía tan poco había ocupado Juanjo, y se dirigió a este último.

CHRISTIAN – ¿Dónde se han metido?

Juanjo se quedó mirando al muchacho y se limitó a hacer un leve gesto con la barbilla en dirección a la puerta que tenía delante. El ex presidiario asintió y dio un par de golpes con los nudillos en la puerta. Los cuatro escucharon a Paris mandando a Juanjo al infierno, pero tan pronto Christian se identificó, la puerta se abrió. La había abierto Fernando. Ío abrazó al mecánico, con los ojos vidriosos, cosa que sorprendió a propios y extraños dada la aversión que la joven tenía hacia el género masculino. Fernando le dio un beso en la mejilla. De nuevo le acribillaron a preguntas, mientras Paris apartaba muebles a empujones, quejándose de lo desordenado que lo había dejado todo Juanjo.

El banquero, consciente de que ya no pintaba nada ahí, bajó las escaleras con tan poca prisa como presencia de ánimo. Llegó hasta el portal y al abrir la puerta que le llevaría a la calle descubrió que estaba lloviendo. Respiró hondo y siguió adelante, sin que aparentemente le importase lo más mínimo. Incluso cuando metió uno de sus pies, calzado únicamente por las zapatillas de andar por casa, en un charco, tan solo se limitó a chasquear la lengua y siguió adelante cual autómata.

Bajó la rampa del parking, subió la de la calle perpendicular y se encontró en el mero centro de aquella larga calle amurallada en todo su perímetro varias manzanas a la redonda. Escogió la derecha instintivamente.

Caminó por las aceras, esforzándose por resguardarse de la lluvia bajo los balcones que le ofrecían un refugio intermitente, hasta que llegó al extremo mismo de la calle, donde se levantaba uno de aquellos majestuosos muros almenados. A su derecha, el enésimo bloque de pisos, a su izquierda, una hilera de viviendas unifamiliares pareadas con jardín por delante y por detrás. Peinó hacia atrás con los dedos de ambas manos el poco pelo que le quedaba, y se dirigió a la izquierda. Ese era literalmente el extremo más alejado de la primera corona de seguridad. El extremo más alejado de todos sus compañeros. Se adentró en la vivienda unifamiliar que hacía de frontera al barrio amurallado, accedió al interior de la misma y se dejó caer sobre la cama de matrimonio del dormitorio principal, donde pronto se quedó dormido.

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comentarios
  1. battysco dice:

    Me da a mí que se ha ido a meter, precisamente, en el lugar más peligroso de todos…

    Sonia.

  2. battysco dice:

    Juanjo lo habrá improvisado… pero tú no… JAJAJA

  3. Carol dice:

    Además de lo que dice Betty (que yo también lo he pensado….), a ver si por error (o no….) Juanjo va a echar a perder la seguridad de la zona. Veremos lo que nos deparas, David!

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