3×1051 – Innecesario

Publicado: 10/09/2016 en Al otro lado de la vida

1051

 

Centro de día para ancianos en Bayit, ciudad de Nefesh

13 de diciembre de 2008

 

FERNANDO – Pero si estoy bien… de verdad.

Fernando se metió otra cucharada de fabada en la boca, sintiendo un estallido de sabor en las papilas gustativas. Prácticamente había olvidado el placer que ofrecía comer en abundancia y pudiendo escoger el menú. Después de las carencias que había pasado las últimas semanas, Bayit era lo más parecido a un paraíso para él. Incluso se arrepintió de no haberse acercado antes, visto lo sencillo y seguro que había resultado su traslado por mar hasta ahí.

CARLOS – Eso no lo sabemos, Fernando. Ella es una profesional, y… te convendría que te echase un vistazo. Y más después de… lo que te ha pasado. Además… mira, hace ya unos días que quería acercarme, para llevarle algunas cosas. Te vienes, y… así también te la presento, que tú aún no la conoces. No te cuesta nada, hombre.

Paris puso los ojos en blanco. Su enemistad con Abril era por todos conocida, pero incluso así, la idea de que una médico le echase un vistazo a su amigo no le desagradaba.

Estaban todos congregados en el centro de día. Era la hora de la comida, que se había demorado sustancialmente tras la inesperada sorpresa. Pese a que el cielo seguía encapotado, ya no llovía. El único que no estaba ahí con ellos era Juanjo, pero aunque todos eran conscientes de ello, nadie movió un dedo por ir a buscarle. Era una persona non grata para la enorme mayoría del grupo de supervivientes y su ausencia no suponía problema alguno para ellos. El único que se sentía algo mal por ello era Fernando, pero estaba tan atareado recibiendo los agasajos de sus compañeros que no tenía tiempo para preocuparse del banquero, al que a duras penas acababa de conocer.

FERNANDO – ¿Y dónde dices que está esa amiga vuestra?

CARLOS – ¡Nada! Está… Si salimos mañana a primera hora, podemos estar ahí para la hora de comer. No está muy lejos, y además, el camino es casi todo por rutas forestales, que no hay ni infectados prácticamente.

Fernando tomó aire.

FERNANDO – Bueno… vale…

Carlos sonrió. Se levantó, le dio una palmadita en el hombro, y se dirigió a la habitación donde echaban la siesta los bebés. Al menos algunos de ellos. En la sala donde comían volvió a manar aquél zumbido incesante de preguntas dirigidas a Fernando por todos sus demás compañeros. Si bien segura y estable, la vida en Bayit se estaba volviendo sustancialmente aburrida, y la presencia de ese nuevo foco de atención había sido muy bien recibida por todos y todas.

Minutos más tarde Carlos se dirigió al ático de Bárbara, mientras los demás seguían charlando en el centro de día. Paris, que no se había separado del mecánico un solo minuto desde que éste despertó de su reparadora siesta, aprovechó para ir a la tienda de animales donde tenía retenida a Nuria. Hacía un par de días que no le cambiaba el agua, y sabía a ciencia cierta que pese a todos sus esfuerzos por evitarlo, la infectada habría volcado todo el líquido y estaría muerta de sed. Siempre lo hacía.

Tuvo que llamar en hasta tres ocasiones hasta que finalmente pudo ponerse en contacto con la médico.

ABRIL – ¿Ya han vuelto Bárbara y los demás?

CARLOS – No… Todavía no sabemos nada de ellos…

ABRIL – Ya no creo que tarden mucho más en llegar… Ya verás que no.

CARLOS – Pero… no te llamaba por eso.

ABRIL – Pues… Dime. Dime. Ahora tengo tiempo.

CARLOS – Te tengo que contar algo un poco… raro.

ABRIL – ¿Estáis bien, todos?

CARLOS – Sí, sí. No es nada malo. Es… ¿Recuerdas que te hablé de Fernando, aquél hombre que nos ayudó tanto cuando rescatamos a Ío?

ABRIL – Sí. Que tuvo un… accidente no hace mucho.

CARLOS – Pues ha vuelto. Está aquí ahora con nosotros.

ABRIL – Pero Chris me dijo que había muerto. Que… que lo…

CARLOS – Todos pensábamos que estaba muerto, pero… Bueno, en gran parte es de eso de lo que quería hablarte.

ABRIL – Adelante.

CARLOS – No. Hemos estado hablando con él… y nos gustaría que le echases un vistazo. No está del todo bien, físicamente. Tiene pinta de que le ha pasado lo mismo que a Maya. Pero… él estaba muerto. Chris no para de repetirlo.

ABRIL – Yo ya me creo cualquier cosa, Carlos. Esto… todo esto… me supera como profesional de la medicina.

CARLOS – Pues… eso, que me gustaría que le echases un vistazo, que le hicieras preguntas… No sé. Yo me quedaría más tranquilo. Además… nos interesa conocer cuanto más mejor de la infección. Porque… No nos puede volver a ocurrir algo así. Por el amor de Dios, ¡que lo habían enterrado! El pobre hombre estuvo a punto de morir ahogado por culpa de eso. No sé… Quería comentarlo contigo, siempre he pensado que eres la persona más… adecuada para este tipo de cosas. ¿Puedo contar contigo?

ABRIL – Sí, claro. Eso no es problema. Pero… tendréis que venir vosotros. Ya sabes. Yo ahora con la que tengo aquí liada…

CARLOS – No, no. Por supuesto. Esa era la idea. Yo ya sé que a ti no…

ABRIL – Pues… cuando queráis. Ya sabéis dónde estamos. Ezequiel está deseoso de conoceros. Mientras más le hablo de vosotros, más ganas tiene.

CARLOS – ¿No está por ahí él ahora?

ABRIL – No. Ha salido. Aunque… no creo que tarde mucho en volver.

CARLOS – Joder. No he tenido ocasión una sola vez de cruzar dos palabras con él…

ABRIL – Bueno, ahora cuando vengáis le conoces. Tiene sus cosas, pero… os gustará. Ya te digo, que está ansioso por echaros el guante.

CARLOS – Y nosotros a él. Que con el tiempo que lleva ahí contigo y que no nos hayamos visto aún… tiene tela.

ABRIL – Pues… ya sabes.

CARLOS – Habíamos pensado en acercarnos mañana. Salir bien pronto y llegar ahí a primera hora de la tarde. ¿Cómo lo ves?

ABRIL – Por mi perfecto. Ya os prepararé alguna cosa. ¿Cuántos venís?

CARLOS – Ehm… Fernando… Marion, yo… y creo que Ío también quiere venirse, aunque todavía no me lo ha confirmado. Con todo el tema de los bebés, y con todos los que se fueron… ahora faltan manos para poderse hacer cargo de los críos.

ABRIL – Entiendo. Pues… aquí os estaremos esperando.

CARLOS – Genial, Abril. Aprovecharé para llevaros algunas cosillas, como la última vez. Gracias por todo.

ABRIL – Gracias a vosotros. Yo ahora tengo bastantes conejos. Ya os prepararé unos pocos para que os llevéis.

CARLOS – Perfecto. Pues… hasta mañana.

ABRIL – Cuidaos.

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comentarios
  1. Vane dice:

    Qué mala espina me da a mí ese Ezequiel…..ya estoy al día David,ahora enganchada a tu blog

    • ¡Carajo bendito! Vane en el mundo digital. Eres la primera persona que comenta aquí que conozco personalmente. Bienvenida al otro lado. 🙂
      Termina tú misma el dicho: “Piensa mal y…” xD

      David.

  2. Drock9999 dice:

    Entre Ezequiel y Juanjo van a mandarlo todo a la mierda.

    D-Rock.

  3. Fran dice:

    Ese Ezequiel no será negro, no?? 😉

    • Sospecha de todo, esa es la clave para que no te pille por sorpresa. Mis comentarios son spoilerfree, no te puedo ayudar. Pero todo será respondido en su debido momento. 😉

      David.

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