3×1053 – Leña

Publicado: 17/09/2016 en Al otro lado de la vida

1053

Mansión de Nemesio, isla Nefesh

14 de diciembre de 2008

Abril miró por enésima vez el reloj de agujas que pendía de la pared de la cocina. Faltaban unos minutos para las cuatro de la tarde y ya estaba empezando a ponerse nerviosa, imaginando qué podría haberles pasado a quienes ya debían estar ahí con ella. La comida que con tanto esmero había preparado se había enfriado, lo cual era una verdadera lástima. El postre también se había enfriado, pero eso revertía en una buena noticia, siempre y cuando quienes debían alimentarse de él se dignasen en aparecer.

En realidad no estaba tan preocupada por quienes venían a visitarla desde la ciudad como por el propio Ezequiel. No sabía a ciencia cierta a qué hora habían salido de Bayit ni cómo se encontraba a esas alturas el camino desde ahí hasta ese recóndito oasis en mitad del bosque. Lo más probable es que estuviesen al caer. Al fin y al cabo, estaban armados y protegidos por el armazón del vehículo que les llevaría hasta ahí, y la probabilidad de encontrar infectados en el bosque era escasa. Por quien sí estaba realmente preocupada era por Ezequiel. Hacía cerca de dos horas que había salido a buscar leña para alimentar la chimenea y no había vuelto a dar señales de vida desde entonces. Estaba preocupada exclusivamente por la demora aunque sabía que, pese a su estado, él sabía cuidar de sí mismo como el que más.

La médico subió la cremallera de la chaqueta que llevaba puesta, hasta prácticamente la garganta, miró una vez más el reloj y abandonó la cocina. Esa casa era bastante fría, y ella especialmente friolera. Cruzó el pasillo de servicio y al llegar al comedor escuchó unas voces provenientes del otro lado de las ventanas burdamente tapiadas con maderos que dejaban entrar irregulares retazos de luz diurna.

CARLOS – ¿¡Se puede!?

Abril desanduvo sus pasos y corrió hacia aquél atestado trastero que hacía las veces de entrada principal, al encontrarse la oficial a todas luces impracticable. Se tomó incluso la molestia de arreglarse el pelo y atusarse la ropa mirándose en el espejo de cuerpo entero que había frente a la puerta antes de abrirla. Al otro lado se encontraban Carlos y Marion, que se apresuró a estrecharla entre sus brazos, demostrando demasiado entusiasmo para su gusto. Carlos la obsequió con dos besos, uno por mejilla. La médico notó el olor del tabaco impregnado en su ropa y en su aliento. Tras ellos estaba Fernando, que aún no sabía muy bien cómo se había dejado enredar para abandonar el barrio al que tanto le había costado volver. Tras las presentaciones de rigor Abril les guió hacia la sala de estar-biblioteca, donde Carlos y Fernando descargaron todos los bienes que le habían traído, que no eran pocos. Leche, algunos huevos, latas de conserva, bastante arroz y sobre todo sacos de grano para alimentar a los animales. Los invitados tomaron asiento y la médico fue a buscar unos refrescos con los que obsequiarles, antes de sentarse con ellos.

ABRIL – ¿Pero cuánto tiempo hace que se fue?

CARLOS – Pues hace ya… seis días.

ABRIL – Ah. Tú no te preocupes, seguro que están ya a punto de llegar.

Carlos puso los ojos en blanco, respiró hondo y tomó un sorbo de la lata de cerveza que tenía en la mano. Marion revoloteaba por la estancia y comenzó a subir las escaleras, ignorando la conversación.

CARLOS – He dejado a Chris al cargo de la radio y con un walkie encima por si… pasara algo. Pero ya… estoy empezando a ponerme nervioso. Sobre todo por Zoe. Maldita cría.

Abril chistó con la lengua, quitándole importancia.

ABRIL – Ya la conoces. Esa niña adora a Bárbara. Si está en el barco con ella, no tienes de qué preocuparte.

CARLOS – Ese es el problema. Que no lo sé… Que no sé nada.

MARION – Oye, y… ¿dónde está tu amigo? El famoso Ezequiel.

La médico miró hacia arriba, donde se encontraba la hija del difunto presentador, y se rascó la nuca.

ABRIL – Salió hace un rato a buscar leña, que anoche nos quedamos sin… No creo que tarde mucho más ya…

Un silencio incómodo se apoderó de la sala, sólo roto por el incansable tic-tac del reloj de péndulo y el rumor lejano de la cascada próxima.

ABRIL – ¿Habéis comido?

CARLOS – Hemos picado algo a medio camino, pero venimos hambrientos.

ABRIL – Eso tiene fácil solución. Va, venid conmigo.

Abril tomó la delantera y los demás la siguieron por la sombría casa. Al cruzar el pasillo de servicio Fernando no pudo evitar fijarse en una puerta abierta que había a mitad de camino de la cocina. Pese a ser el cuarto de la plancha, era al menos cinco veces más grande que la celda que él había compartido con Christian en la prisión de Kéle. Al fondo del cuarto había un tendedero de alambre con varias prendas de ropa colgadas con pinzas: un par de pantalones de trabajo, calzoncillos, braguitas, un sujetador y varias camisetas, dos de las cuales tenían uno de los brazos con un nudo a la altura del codo.

CARLOS – ¿Fernando, vienes?

El mecánico reanudó su marcha y les acompañó a la cocina, donde descubrió que Abril era una anfitriona excepcional. Se le hizo la boca agua al saberse destinatario de tan apetecibles manjares. Entre todos ayudaron a preparar la mesa en el comedor principal. Esperaron unos diez minutos más, confiando que Ezequiel se dignase a aparecer, pero al final decidieron comenzar sin él, pues en caso contrario la comida se les habría enfriado ya por segunda vez. Durante la comida apenas abrieron la boca para más que degustar los platos que la hábil mano de Abril había guisado. Todos elogiaron su saber hacer, y se lamentaron por su categórica negativa a acompañarles a Bayit.

Ya hacía un rato que habían acabado el postre y Ezequiel aún no había vuelto. Abril trató que no se percibiese su preocupación, aunque sin demasiado éxito, y decidió comenzar con la exploración a Fernando, para distraer la mente.

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comentarios
  1. battysco dice:

    Uyuyuyuyuyuy esa manga anudada con un nudo a la altura del codo… Ese Ezequiel que “pese a su estado” sabe cuidarse a sí mismo…….. Nos tienes en ascuas David, como sabes impacientarnos.

    Feliz semana,

    Sonia.

  2. Rosa Ponce dice:

    A aah ya se quien es…. el brazo de París es el complemento….

  3. Drock9999 dice:

    “y sobre todo sacos de grano par alimentar a los animales” Para.

    Sobre el capitulo solo diré:

    NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    D-Rock.

    • 1. Mil gracias por tus siempre acertadas correcciones a mis erratas. Sabes que son más que bienvenidas. 🙂
      2. JAJAJAJAJA
      Dudé si ponerlo o no, por miedo a resultar demasiado explícito, pero… quería darle esa oportunidad al lector, a estas alturas de la novela. Tantos secretos y tantas sorpresas que vendrán en lo que queda de tomo… me pareció de recibo regalar un huevo de pascua a los lectores más despiertos, para que se sintieran mejor llegado el momento al exclamar un: ¡¡¡LO SABÍA!!!

      David.

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