3×1054 – Lento

Publicado: 20/09/2016 en Al otro lado de la vida

1054

Mansión de Nemesio, isla Nefesh

14 de diciembre de 2008

 

CHRISTIAN – Que sí. Está todo en regla. Ahora mismo están Juanjo y el chavalín con los críos. Ío se ha ido a echar un rato, que dice que estaba muerta de sueño.

MAYA – ¡Hola Abril!

ABRIL – Hola guapa.

CARLOS – Y… no ha llamado nadie, ¿verdad?

CHRISTIAN – Qué va. Aquí no ha pasado nada desde que os fuisteis.

CARLOS – Bueno… Pues nada. Nos vemos… nos luego.

CHRISTIAN – Ah. Adiós.

Carlos cortó la comunicación y tomó asiento en la cama. Abril se sentía realmente extraña compartiendo la habitación en la que estaba instalada la radio con él y con Marion al mismo tiempo. Un silencio incómodo se apoderó de la sala.

El examen al que Abril sometió a Fernando no hubiese sido necesario. El poder curativo de la infección que se había apoderado de su cuerpo sobrepasaba a todas luces la nada despreciable habilidad de Abril como médico. Tras explorarle a conciencia, pese a su limitado equipamiento, concluyó que su salud no corría ningún peligro. Todo lo contrario. Lo que sí hizo fue dejar bien claras las que serían sus obligaciones en adelante dada su nueva condición, de igual modo que lo había hecho con Maya y con Bárbara anteriormente. Fernando era plenamente consciente del daño que podía ocasionar a sus semejantes y prometió ser responsable al respecto. La hija del difunto pescador le había estado instruyendo a ese respecto la tarde anterior, y el mecánico lo había absorbido todo cual esponja. La médico se limitó a darle algunos consejos para mejorar su cojera, le ofreció varios fármacos y material para mejorar sus cicatrices y coser apropiadamente futuras heridas, visto el desastre que había hecho con las anteriores, y tras un pequeño interrogatorio en el que se sorprendió en más de una ocasión por cuanto el mecánico le explicaba, dio por concluido su trabajo, sintiéndose especialmente inútil.

El instalador de aires acondicionados respiró hondo y se dirigió a Abril, que miraba el suelo mientras se mordía el labio inferior. No podía quitarse a Ezequiel de la cabeza.

CARLOS – ¿Seguro que no quieres que hagamos una ronda por la zona?

ABRIL – Que no, que no. Con todo lo que tenéis vosotros que hacer en Bayit… No os puedo retener más tiempo. Además, que no es la primera vez que me lo hace. Él seguro que está bien. No… no… no le des importancia. Ya vendrá. Lo único… la lástima que no le hayáis conocido.

CARLOS – A mi no me cuesta nada. De verdad. Que no te sepa mal. ¿Seguro que no…?

ABRIL – No. Idos, que si no al final se os va a echar la noche encima, y todavía va a ser peor. Ya le echaré la bronca yo cuando vuelva.

CARLOS – Bueno, como quieras. Pero… si ves que no ha vuelto para cuando nosotros lleguemos, avísanos si quieres que vengamos a ayudarte a… yo qué sé… a buscarle. Lo que haga falta, de verdad.

ABRIL – No, pero… sí. Llámame cuando lleguéis.

CARLOS – Lo haré.

Tras un corto intercambio de besos y buenos deseos en el porche, Carlos, Fernando y Marion volvieron por donde habían venido, a bordo de aquella infatigable furgoneta. Abril se quedó mirándola hasta perderla de vista, sin dejar de pensar en Ezequiel. No había pasado ni un minuto de la partida de quienes le habían brindado tan fugaz visita, que una figura emergió de entre los árboles cercanos, arrastrando una carreta llena hasta los topes de madera seca. La médico respiró aliviada, aunque con el ceño fruncido, y fue al encuentro de su compañero.

ABRIL – ¿¡Se puede saber dónde te habías metido!?

EZEQUIEL – Yo también me alegro de verte.

ABRIL – Me tenías muy preocupada.

Ezequiel puso los ojos en blanco, restándole importancia.

ABRIL – ¿Por qué has tardado tanto?

EZEQUIEL – No te lo vas a creer. He encontrado un árbol al que le había caído un rayo. Estaba… partido por la mitad. Pero… Pero… literalmente. Como si le hubieran pegado un hachazo con un hacha del tamaño de esta casa. Increíble. Y la madera… estaba sequísima. Bueno mírala. Nos va a venir genial para la chimenea. Luego ya me he liado con el hacha a llenar la carreta y… se me ha ido el santo al cielo. No sé ni qué hora es.

ABRIL – Te has encontrado con algún…

EZEQUIEL – No, no, no. Qué va… He estado yo solo todo el rato, y no he visto ni una triste ardilla.

Abril negó con la cabeza, molesta por la situación. Cualquiera hubiera podido jurar que Ezequiel había estado esperando que desaparecieran para volver.

EZEQUIEL – Con esto tenemos para… Oye, ¿dónde están tus amigos?

ABRIL – Se acaban de ir. Caray, has tardado tanto…

EZEQUIEL – ¿Ya se han ido? Madre mía, ¿pero qué prisa tenían? Si todavía debe de ser prontísimo.

ABRIL – Ya, pero tienen que llegar antes que se les hiciera de noche. Nefesh está bastante lejos.

EZEQUIEL – Qué putada.

ABRIL – La próxima vez…

EZEQUIEL – Sí. La próxima.

Abril vio cómo Ezequiel sonreía, con un brillo especial en los ojos, y enseguida se le fue el enfado.

ABRIL – ¿Vendrás con hambre, no?

Ezequiel sonrió, enseñando los dientes.

ABRIL – Vas a comerte la comida recalentada dos veces. Por lento.

EZEQUIEL – Ahora voy, pero… primero vamos a meter esto en el establo, que no quiero que se moje si vuelve a llover.

Abril asintió y ayudó a su compañero a tirar de la pesada carreta, sorprendida porque aquél hombre hubiese podido arrastrarla solo hasta ahí. Una vez dejaron la madera a cubierto llevaron algunas de las ramas más pequeñas consigo y encendieron la chimenea, de la que empezó a manar humo prácticamente al instante. Los días, pero sobre todo las noches, eran cada vez más frías, y todo aquél montón de madera les vendría genial para calentarse en el invierno inminente. La médico aprovechó esa misma lumbre para recalentar algo de lo que había sobrado de la comida, mientras Ezequiel se cambiaba la ropa, y ambos se pusieron a charlar distendidamente sobre cuanto había ocurrido en la ausencia del otro. Pese a que apenas tenían nada en común habían aprendido a convivir, y aunque sólo fuera por la compañía, incluso se llevaban bien.

Anuncios
comentarios
  1. Betty dice:

    Mmmmm… Ezequiel no quiere que le vean… Así qué esto se pone pero qué muy interesante 😉!!

    • Siempre tengo miedo de escribir este tipo de capítulos, porque para los lectores menos avispados (entre los que no os encontráis), deberán parecer capítulos vagos y carentes de sustancia, cuando en realidad lo que están haciendo es dar pistas y sentar bases para futuros petardazos. Me encanta que estéis tan atent@s a todos estos detalles. Llegado el momento, todo encajará en vuestras cabezas. ¡Nada al azar!

      David.

  2. battysco dice:

    ¿¿¿Es broma no???

    ¿¿¿Dónde has escondido a Ezequiel???

    Cortando troncos lo tienes, si es que…

    Yo también soy de la opinión de Betty; el tipo no quería que le vieran.

    ¿No será nuestro amigo morenito no? Mecachis con la intriga.

    Sonia.

    • Aún está todo abierto a elucubraciones. Y en cuanto suene el primer petardo, empezarán a llover las repuestas. Ya no queda mucho. 😉

      Ninguna decisión inocente.

      David.

  3. Rosa Ponce dice:

    A ver.. pero si le falta un brazo como corto la leña.? O no le falta ..? Jeje. Pues a esperar para ver quien es…pero de que los evita los evita.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s