3×1057 – Todos

Publicado: 01/10/2016 en Al otro lado de la vida

1057

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

24 de diciembre de 2008

 

Fernando disparó por tercera vez consecutiva y la bala impactó de nuevo en el pecho del infectado, que al fin cayó abatido de espaldas al suelo, al tiempo que emitía un gruñido iracundo. No obstante seguía con vida, y no tardaría en incorporarse. El mecánico sabía a ciencia cierta que sólo un disparo en el corazón o en la cabeza acabarían con él, y trató de concentrarse. Tragó saliva, apuntó de nuevo y disparó justo antes que aquél pobre infeliz consiguiera tenerse en pie. En esta ocasión la bala hizo diana en mitad de su frente y el infectado volvió a caer a plomo al suelo. No volvería  levantarse jamás.

Pese a que sabía que no se había tratado de puntería sino de suerte, Fernando se sintió pletórico. Hacía varios días que no tenía ocasión de practicar con el rifle, tan pobre era la afluencia de infectados a la zona, y por primera vez en mucho tiempo vio renacer en él esa sensación de satisfacción al creerse superior a aquellas bestias que habían arrasado con todo a su paso, ese sentimiento de superioridad al saberse uno de los pocos elegidos que habían sobrevivido a su pertinaz yugo. Aunque en su caso, eso no era estrictamente cierto.

Un escalofrío recorrió su cuerpo. Pese a que iba escrupulosamente abrigado, incluso con el pasamontañas y aquél grueso gorro beige de lana, y relativamente protegido por el antepecho de hormigón del baluarte, estaba helado. Hacía bastante viento. Echó un vistazo al cielo y concluyó que se pondría a llover de un momento a otro, lo cual se había convertido en una tediosa rutina los últimos días. El invierno parecía haber llegado a Nefesh para quedarse.

Los minutos pasaban, pero todo seguía en calma. Como era debido. Se fijó de nuevo en el árbol que se habían pasado media tarde engalanando el día anterior, sintiendo un arrebato de orgullo. Se trataba de un álamo, lo más parecido a un abeto que había en el Jardín. El más alto de cuantos había en dicha parcela de terreno. Tenía espumillón de todos los colores enrollado en espiral, bolas, cintas, y figuras de todos los tamaños y colores colgadas por doquier y una enorme estrella que brillaba orgullosa en el extremo más alto. Sonrió al recordar cuánto les había costado a Carlos y a Paris colocarla ahí encima, y cuánto se había enfadado el dinamitero cuando se cayó. Tal y como estaba ahora aferrada, antes se caería el árbol entero que aquella bella figura de aluminio.

Miró hacia la calle de nuevo, en busca de algún otro infectado errante, deseoso de poder seguir haciendo prácticas de tiro. Todo seguía desierto a su alrededor. Apartó la chaqueta de su muñeca y observó el reloj que se había agenciado hacía poco más de una semana. Aún faltaba una hora para que llegase su turno al cargo de los bebés, en compañía de la joven Ío. Estrió ambos brazos al aire, entrelazando sus dedos enguantados y oyéndoles restallar, y fue entonces cuando reparó en aquél pequeño punto que se acercaba a Bayit desde la carretera.

Fernando frunció el ceño y comprobó que su arma estuviese a punto. Lo estaba. La sujetó con la mano derecha, dispuesto a hacer uso de ella al primer paso en falso. Escudriñó la figura, en la que pronto distinguió a un viejo Ford Sierra de color rojo. Por un instante llegó a convencerse que se trataba de alguno de sus antiguos compañeros de prisión, pero enseguida desechó esa posibilidad. Él mismo les había visto subir a todos a aquél barco que voló por los aires. Nadie que estuviese a bordo podría haber sobrevivido. El vehículo paró a escasos metros del baluarte y la puerta del copiloto se abrió a toda prisa, para cerrarse de nuevo acto seguido una vez su ocupante ya se encontraba fuera: era Bárbara.

Ambos se aguantaron la mirada durante unos segundos. Fernando la saludó amistosamente agitando su mano izquierda, curioso por su actitud, al tiempo que bajaba el arma.

BÁRBARA – ¿Ca… Carlos?

Fue entonces cuando se dio cuenta que no le había reconocido. Además del hecho que tenía prácticamente la totalidad de su cuerpo oculta bajo la ropa, incluida la cara, ella le daba por muerto. Concluyó que sería divertido seguirle el juego un poco más, y negó con la cabeza, sin mediar palabra.

BÁRBARA – ¿Chris?

El mecánico negó de nuevo, mostrándose inexpresivo.

BÁRBARA – Paris no eres.

Fernando rió ante tal ocurrencia, lo cual sorprendió y relajó a Bárbara a partes iguales. Paris jamás podría haber subido la cremallera de esa chaqueta, con semejante panza.

BÁRBARA – ¿Te conozco?

El mecánico agitó la cabeza arriba y abajo, al tiempo que un halo de vapor se materializaba frente a su boca. Se estaba divirtiendo bastante más que la profesora. Entonces reparó en que sus demás acompañantes estaban abandonando el coche. Todos a excepción de un hombre de unos cincuenta años y un chaval de unos diez, que parecía dormido. De las cinco personas que le observaban, él sólo reconoció a una: la pequeña Zoe. Sus ojos se iluminaron al ver de nuevo a aquella ocurrente niña. Ella tampoco le había reconocido.

BÁRBARA – Me rindo.

Consciente de que estaba poniéndoles nerviosos y de que una broma inocente podía tornarse en una tragedia, a sabiendas que ellos también estaban armados, Fernando procedió a quitarse el gorro de lana, con aquél llamativo pompón blanco. Seguidamente agarró el pasamontañas por debajo y lo levantó con lentitud, dejando a la vista su rostro ajado por el accidente que acabó con su vida. Pese a lo cambiado que estaba, con su barba entrecana, la ausencia de sus gafas y todo el peso que había perdido, ambas le reconocieron al instante. El grito de alegría de Zoe le hizo dar un respingo.

ZOE – ¡Fernando!

FERNANDO – Zoe, cariño. ¡Me alegro mucho de verte!

Zoe no daba crédito a lo que estaba viendo, y se puso a gritar y a dar saltitos de alegría. Dos de las jóvenes que la acompañaban cruzaron sus miradas. El hombre mayor frunció ligeramente el ceño, curioso pero tranquilo al ver la actitud de la pequeña. El chaval se rascó la cabeza. Bárbara le observaba con atención, con una expresión de incomprensión en el rostro, como si cuanto veía formase parte de una broma, sin acabar de darle el crédito que sin duda merecía.

FERNANDO – ¿Ya no te acuerdas de mí?

La profesora se quedó boquiabierta, y tragó saliva de nuevo, sin encontrar las palabras con las que responder al mecánico.

BÁRBARA – Pero… Tú… ¿Tú no habías…? ¿Tú no estabas muerto?

Fernando asintió, con una expresión algo sombría en el  rostro.

FERNANDO – Y enterrado.

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comentarios
  1. Betty dice:

    Barbara no debería sorprenderse tanto cuando ella pasó por la misma experiencia… Y sabiendo lo qué sabe… 😉

  2. Angela dice:

    Por fin todos juntos!!!

    He estado un poco perdida, entre acontecimientos y vacaciones pero ya al día en lectura, excelentes capítulos.
    gracias.

  3. Gracias a vosotr@s por seguir leyendo, ahí el pie del cañón. Os puedo asegurar que ahora viene LO MEJOR de los tres libros. Le tengo unas ganas locas. 😀

    David.

  4. battysco dice:

    Ya llega Navidad a Nefesh! Ahora a desmadejar la madeja de los nudos imposibles.

    Sonia.

  5. Gobel dice:

    Otro final repetido punto por punto y van…..

    • Dieciocho si no me equivoco. Tantos como anexiones al grupo con flashback incluido.
      El diálogo es literalmente el mismo, eso siempre lo respeto, aunque en ocasiones empiezo antes o acabo más tarde. Lo que siempre cambia es la perspectiva del narrador, en cada caso enfocado desde el grupo que ha llevado la voz de la trama hasta el momento. La idea es generar la conexión final entre ambos arcos argumentales para poder seguir desde ahí. Siempre me ha parecido más sano este acercamiento suave, que como mucho abarca medio capítulo, página o página y media a lo sumo, que algo más brusco que haga que el lector tenga la sensación de haberse perdido por el camino. Es precisamente la magia de mostrar la misma escena desde dos ópticas distintas lo que rige toda la parte de los flashbacks de la novela. Yo lo considero un aliciente, aunque respeto que tú no lo hagas. Al fin y al cabo, con más de 4200 páginas a las espaldas, que cada 300 haya una que sea virtualmente idéntica a otra, es una de mis últimas preocupaciones.

      Saludos. 🙂

  6. Gobel dice:

    Una óptica respetable, aunque no comparto esa opinión. En literatura ser breve y conciso vale mucho, de lo contrario “la novela” se convierte en un tocho mas que considerable, que ya lo es. Un saludo

    • Discrepancia de opiniones con educación y buenas maneras. Esto no parece internet. xD
      Sí comparto contigo la premisa de lo descomunal que está resultando la trilogía, y que con estas repeticiones con diferencias sólo en pequeños matices ello aún tienda más al infinito. No empezó así, pero ahora me la planteo más como un ejercicio de ambición en el aspecto coral, entendiendo que no es un libro, que son 30 libros que están interconectados que acaban confluyendo en una misma trama, un tronco y cientos de ramas con cientos de ramificaciones. Un ejercicio de ambición literaria (al menos en cuanto a la extensión), algo desafortunado, pues me ha llevado diez años, y aún estoy trabajando en la recta final. He aprendido muchísimo escribiéndola, y comentarios como el tuyo sólo reafirman conclusiones que he asumido y adoptado para con mis futuras obras, por lo cual son más que bienvenidas. Pero a lo que respecta a AOLDLV, las cartas que están sobre la mesa son con las que quería jugar desde el inicio, y es con ellas con las que voy a llegar al final. Eso sí, no habrán más novelas corales de semejante calibre con mi firma, y por ende, situaciones como las que hábilmente señalas, no tendrán siquiera cabida.

      David.

  7. Drock9999 dice:

    A mi me gusta que llegues a la escena original y se respete el dialogo, con ese cambio de perspectiva. En el proyecto que trabajo actualmente hago lo mismo, me gusto desde que vi un capitulo de los Simpsons donde Lisa hace un robot llamado Linguo.

    D-Rock.

    • En esta novela tan coral, en la que entre ambas escenas pueden pasar fácilmente hasta 100 páginas y la extensión se cuenta en miles, a mi personalmente me parece incluso necesario, en su justa medida. En cualquier otra novela más convencional, sería un pegote que yo mismo llamaría “paja” sin que me temblase la mano. Esta novela es un perro demasiado viejo para domesticarlo, ya. Va a hacer diez años. xD

      David.

      • Drock9999 dice:

        Yo la encontré por casualidad hace ya casi 4 y aun me duele haber perdido los dibujos originales, pero ande haciendo copias fieles antes de seguir donde me quede.

        D-Rock

        • ¡Pardiez! Yo guardo a buen recaudo las copias digitales de semejantes joyas que nos brindaste. Lamento que los documentos originales desaparecieran. Pero siempre vivirán en nuestro recuerdo. xD

          David.

  8. Fran dice:

    Por mi parte diré que me parece fantástico el hecho de repetir la escena desde perspectivas diferentes, en función de la primera persona del relato en cuestión. Ayuda a recordar exactamente la escena aportando de forma sutil los pensamientos y emociones de los diferentes personajes ante el mismo ímput.
    He de decir que la obra (más de 4000 páginas ya? sólo?) se me está haciendo corta, jeje
    En fin, ya me falta poco para ponerme al día…

    Fran

    • Agradezco tu particular punto de vista, Fran, a tenor de tan delicado tema. Ello no demuestra si no que es imposible agradar a todos, y que en resumidas cuentas, vale más imponer el estilo que tu conciencia te sugiera, pues siempre van a aparecer detractores y haters (y no va por Gobel, que ha expuesto su discrepancia con un gusto exquisito). Yo he aprendido mucho con esta novela, y mis siguientes libros se nutrirán de ese aprendizaje, pero esta novela acabará cómo empezó, narrador omnisciente que se hace el loco cuando le conviene, información sesgada para crear sorpresas, e historias contadas con saltos temporales continuos, que la hacen tender al infinito. ¡Saludos cordiales a tod@s! 😀

      David.

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