3×1058 – Colisión

Publicado: 04/10/2016 en Al otro lado de la vida

1058

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

24 de diciembre de 2008

 

FERNANDO – ¿Y lo has arrancado tú sola?

BÁRBARA – ¿Es que acaso lo dudabas?

Fernando esbozó una sonrisa, orgulloso al ver los frutos de cuánto le había enseñado a Bárbara. Entre los dos cerraron el portón de la escuela, lo que hizo que el mecánico se sintiese mucho más tranquilo.

FERNANDO – Ahora sólo me falta enseñarte a abrir las puertas sin destrozar la ventanilla y ya estarás hecha toda una delincuente.

Bárbara echó un vistazo a la ventanilla hecha añicos, burdamente oculta tras unos cartones adheridos con cinta americana.

BÁRBARA – Bueno… y a conducir. Es uno de mis propósitos de año nuevo.

Ambos rieron de nuevo. El mecánico tomó buena nota de ello. No era la primera vez que lo ponían en común. Zoe seguía revoloteando alrededor de ambos y no paraba de hacerle preguntas a Fernando. Pese a que ya había pasado por eso con anterioridad, el mecánico volvía a sentirse abrumado por esa cariñosa bienvenida, tiznada de sorpresa e incredulidad. Daba la impresión que en adelante, ahora que ya estaban todos juntos, nada pudiera salir mal.

Guillermo salió del vehículo y caminó hacia la puerta del copiloto, la abrió e hizo salir al pequeño Guille, sujetándolo de la mano. El niño había vuelto a colocarse la capucha de su sudadera, ocultando de ese modo su rostro. Se encontraba en un lugar que le era extraño, y estaba algo nervioso. Su padre, que era quien mejor conocía su nueva condición, se esforzó por mantenerlo al margen y ofrecerle palabras de aliento, para evitar problemas. Bárbara se acercó a ambos, trayéndose consigo a Fernando. Ya le había presentado a los dos hermanos y a abuelo y nieta.

BÁRBARA – Éste es mi hermano, Guillermo.

FERNANDO – Encantado.

Fernando y Guillermo estrecharon con fuerza sus manos.

BÁRBARA – Y éste de aquí es mi sobrino. Guille. Es… un poco tímido.

FERNANDO – Hola chaval.

El mecánico se agachó un poco, para estar a la altura del niño, pero éste hundió la cabeza entre los hombros y se aferró a su padre, girándole la cara. Guillermo hizo un gesto con el rostro, disculpándose, al que Fernando respondió con un movimiento de la mano, restándole toda importancia.

Tras recoger las pocas pertenencias que habían traído consigo, mientras Darío no paraba de farfullar sobre la necesidad de esconder el barco cuanto antes, abandonaron el patio de la escuela y accedieron al Jardín. La cara de estupefacción de Maya al verles sorprendió a Bárbara tanto como descubrir en la chica tan acusadas raíces castañas en su pelo teñido de pelirrojo. La profesora reflexionó sobre cuánto tiempo había pasado desde que abandonaran Nefesh, pero fue incapaz de encontrar una respuesta. El abrazo se prolongó varios segundos, y Zoe fue su siguiente víctima. Acto seguido dio la voz de alarma, gritando a pleno pulmón, para alertar a los demás de la ansiada vuelta de quienes tanto tiempo llevaban esperando.

Carlos y Marion se asomaron a la ventana del piso que compartían, y el instalador de aires acondicionados les dio la bienvenida a voz en grito, justo antes de dirigirse a las escaleras para reunirse con ellos. En un abrir y cerrar de ojos, se habían congregado en el Jardín más de quince personas. La sensación de comunidad, de que después de tanto esfuerzo Bayit se había convertido en esa tierra prometida que durante tanto tiempo habían soñado, se iba haciendo cada vez más patente entre los presentes.

Josete abrazó a Carla tan pronto se encontraron, y comenzó a llorar a moco tendido. La veinteañera le estrecho con fuerza, susurrándole al oído palabras de aliento, y no pudo evitar soltar alguna que otra lágrima. Zoe e Ío también lloraron de alegría al reencontrarse. Darío no hacía más que instar a Carlos a ir en busca del barco, pero éste le daba largas. Incluso dejó de lado el enfado por el estado tan lamentable en el que se encontraba todo el plantío, más que abandonado tras su ausencia. La posibilidad de que aún quedase algún otro superviviente en la isla era real y tangible, por más que ellos no se habían cruzado con nadie más en los más de dos meses que llevaban ahí viviendo. No obstante, Carlos estaba convencido que aunque así fuera, el barco no debía correr peligro por estar ahí veinte minutos más. Era mucho lo que aún tenían que poner en común. Bárbara se sorprendió al constatar que nadie echó en falta a Samuel. Ni una sola persona hizo la más mínima mención sobre su ausencia, ni se preocupó por su destino.

CARLOS – Joder, ¿y por qué no habéis llamado?

BÁRBARA – Es que… estábamos demasiado lejos, y no llegaba la señal.

CARLOS – No tendríais que haber sido tan temerarios. Podríais haber vuelto hasta aquí donde los acantilados, con el barco. La costa está aquí al lado, y desde ahí seguro que habría llegado la cobertura. Os podríamos haber ido a buscar.

MARION – Bueno, eso ya no importa, ¿no? Han llegado sanos y salvos, que es lo importante.

Carlos respiró hondo y al final se dio por vencido. Durante todo el tiempo que estuvo esperando que volvieran había tenido ocasión de reflexionar mucho sobre las decisiones que habían tomado desde que el grupo empezó a tomar forma, y su conclusión había sido muy desagradable. Si seguían con vida, no era tanto por lo hábiles que se hubieran demostrado luchando contra el enemigo, sino por mero azar. Buena cuenta de ello podían darla quienes se habían quedado por el camino. No obstante, él tenía la firme convicción de no volver a cometer los errores del pasado. Ahora ya tenían todo cuanto necesitaban para sobrevivir sin tener que volver a dar cuenta de los infectados, y él no estaba dispuesto a echarlo a perder. No había rastro de Juanjo.

Paris fue uno de los últimos en acercarse a fisgonear ante tal revuelo en el Jardín. Venía de muy buen humor, y Bárbara se quedó de piedra cuando le plantó dos sonoros besos, uno por mejilla, como si fueran amigos de toda la vida. Fue presentándole uno a uno a todos los que serían los nuevos habitantes del barrio amurallado y dejó a su hermano y a su sobrino para el final. El dinamitero dio la bienvenida al investigador biomédico, que se llevó muy buena impresión de él, más después de cuánto le había prevenido Bárbara sobre su persona. La profesora le presentó a su sobrino, excusando su actitud esquiva y tímida del mismo modo que lo había hecho con Fernando hacía unos minutos. Desgraciadamente, Paris no reaccionó de igual modo que lo había hecho el mecánico.

El dinamitero se acercó a Guille, que seguía escudado en su padre. Bárbara se puso en tensión.

PARIS – Qué pasa, chaval, ¿te ha comido la lengua el gato?

Paris le dio una palmadita amistosa en el hombro, tratando tan solo de hacerle reaccionar y que le devolviera el saludo que acababa de negarle explícitamente. Todas las conversaciones cruzadas que cesaron al instante cuando Guille gritó a pleno pulmón al sentirse agredido, intimidado además por la corpulencia y el tono de voz del dinamitero. En una reacción que cogió por sorpresa incluso a su propio padre, Guille trató de pegar un mordisco a la mano de Paris, que consiguió apartarla en el último instante, al tiempo que montaba en cólera.

PARIS – ¿¡Pero qué cojones le pasa a este crío!?

Guille se puso a gemir y a llorar escandalosamente, mientras todos le miraban. Guillermo quiso que se lo tragara la tierra, y se lo llevó a un lado, apartándolo del dinamitero. Bárbara se colocó entremedias, protegiendo así a su sobrino, sintiendo cómo le temblaban las piernas.

BÁRBARA – Discúlpale, en serio, Paris. Está asustado con tantos cambios, y… se ha debido de poner nervioso… No le…

PARIS – Pues que vaya a morder a su puta madre. Me cago en Dios.

Carlos se alejó de Darío, con el que estaba hablando hasta el momento, y se acercó, tenso al ver la expresión facial de Paris.

CARLOS – Tengamos la fiesta en paz.

PARIS – ¿Pero tú has visto lo que ha hecho el puto crío?

Guillermo dejó de atender por un instante a su hijo y obsequió a Paris con una mirada de odio. Fernando y Bárbara se miraron mutuamente. El mecánico se mordió el labio inferior. Paris les mandó a todos a la mierda y se fue por donde había venido, mientras en el Jardín cundía el silencio sólo roto por los gimoteos del pequeño Guille.

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comentarios
  1. Angela dice:

    He estado pensando en el brazo que Paris tiene de adorno y la camisa que vio Fernando en el tendedero de Abril…
    En cuanto a Guille… creo que ya es hora de que todos sepan la verdad sobre la condición del niño. Ademas tienen a Paris con la zombie viviendo en el mismo refugio… otro problemita de inseguridad.

  2. Betty dice:

    Uf…!! Esto se va a poner pero qué muy caldeadito…!!

  3. battysco dice:

    Yo creo que Paris no llega al final de la novela… Podría suceder que en algún momento vaya a querer matar al niño o algo por el estilo y alguien le va a tener que poner remedio forzoso…

    ¿Paris tiene un brazo de adorno? No lo recuerdo…

    Sonia.

  4. Me encantan vuestras elucubraciones. Algunas muy acertadas, otras menos, todas igualmente gratificantes. El tiempo pondrá a cada cual en su lugar. Y a más de uno bajo tierra. xD

    David.

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