3×1082 – Amigos

Publicado: 28/02/2017 en Al otro lado de la vida

1082

 

Frente al centro de acogida a refugiados de Majaneh

13 de septiembre de 2008

 

Los dos compañeros de trabajo y amigos se fundieron en un sincero abrazo, para acto seguido palmearse la espalda, entre risas e insultos fraternales. Las miradas de recelo de los agentes de la ley que custodiaban el acceso al centro de acogida no les intimidaron en absoluto. Ambos se sentían increíblemente afortunados al tener delante un pequeño exponente de cordura, un nexo con el mundo al que ambos habían pertenecido, que parecía desmoronarse a ojos vista.

JAIME – Hola chaval.

Guille agachó la cabeza entre los hombros y se escudó con sutileza detrás de su padre. Era un chico tímido, y no se sentía en absoluto cómodo alrededor de toda aquella gente armada, aunque en los tiempos que corrían su reacción bien debía ser la contraria. Jaime no le dio importancia, y Guillermo tenía otras cosas de las que preocuparse.

JAIME – ¿Qué diablos te ha pasado? ¿Por qué has tardado tantísimo en llegar?

El investigador biomédico tomó aire y suspiró pesadamente. Jamás admitiría delante de Jaime que el verdadero motivo de su demora no había sido otro que su cobardía.

GUILLERMO – Hemos tenido… algunas complicaciones.

JAIME – Joder, tío. Si hubierais llegado hace un par de días, todavía podríais haber entrado. ¡Qué rabia! Ahora están con la tontería de que no dejan entrar a hombres adultos. Yo… tengo miedo hasta de que me echen. Fíjate lo que te digo.

GUILLERMO – ¡Anda!

JAIME – No, en serio… Esto ha cambiado mucho en muy poco tiempo… Oye, ¿qué tal estáis?

Guillermo negó con la cabeza. No tenía tiempo para charla insustancial.

GUILLERMO – Mi hermana. ¿Sabes algo… de mi hermana?

Jaime frunció ligeramente el ceño.

JAIME – Tu hermana… Bárbara.

GUILLERMO – Sí. Mi hermana Bárbara. La única que tengo. Tú… la conoces. Es como… pues como era mi madre, pero más joven, tienen la misma cara. Y ella es más rubia, y… tiene el pelo muy muy largo. Te tienes que acordar de ella. Habéis coincidido más de una vez.

JAIME – Recuerdo a tu hermana, sí. Pero… no entiendo la pregunta.

GUILLERMO – Debería estar aquí.

Jaime leyó en los ojos de su amigo la desesperación, y trató de medir sus palabras.

JAIME – No… no lo sé. Lo siento. Yo… ella por aquí no ha pasado. No que yo sepa…

GUILLERMO – ¡Joder!

Jaime se mordió el lateral del labio inferior.

JAIME – ¿Habíais quedado aquí?

GUILLERMO – Algo así… No… no sé qué hacer. La he buscado por todos lados, y no hay manera.

JAIME – Bueno… si viene en autobús, es fácil que tarde. Salen muy de vez en cuando. Y cada vez más. Antes no paraban, pero últimamente… a duras penas salen uno o dos al día.

GUILLERMO – No, ya… Pero… tampoco sé dónde coño meterme con el crío, ni…

JAIME – Hay muchos más centros, con… más plazas que este. Tu qué has venido, ¿en coche, verdad?

GUILLERMO – Sí.

JAIME – Pues mucho mejor. Así no tienes que esperarte a que salgan los autobuses. Mira ahí en la parada de la entrada del pueblo.

Guillermo miró hacia donde señalaba Jaime. En espacio habilitado para la publicidad de la parada había varios folios de colores pegados con celo.

JAIME – Pregunta a los soldados cuál te conviene más, y te vas ahí.

GUILLERMO – No, si… ese no es el problema. El problema es que no sé dónde está ella. Y si viene y yo ya me he ido, estamos en las mismas. Y no hay puta manera de que me coja el teléfono.

JAIME – Aquí no te puedes quedar. Y… no te aconsejaría que estuvieras por aquí cerca cuando anochezca. Créeme.

GUILLERMO – ¿Entonces qué hago?

JAIME – Vete, tranquilo. Si ella viene, a ella sí la van a dejar entrar. Cuando llegue, yo le digo a dónde os habéis ido, y que coja el primer autobús que salga. Solucionado.

Jaime sonrió al ver el brillo en los ojos de su amigo.

GUILLERMO – ¿Te acordarás de ella, seguro?

JAIME – Que sí, hombre, que sí. Estate tranquilo.

GUILLERMO – Joder, tío. Te debo la vida.

Guillermo se abalanzó de nuevo hacia él, dispuesto a abrazarle, con lo que se ganó el reproche en forma de grito de uno de los soldados franceses. Ambos se separaron el uno del otro, visiblemente incómodos por el arma que les apuntaba.

GUILLERMO – ¿Qué llevas ahí?

Jaime levantó la muñeca, dejando a la vista una pulsera plástica de un llamativo color amarillo, con el grabado del escudo del ejército de tierra.

JAIME – Nada… la pulsera del todo incluido. Desayuno, comida y cena.

Guillermo soltó una carcajada incómoda.

GUILLERMO – Bueno… no te entretengo más. No quiero tener al chaval todo el día de arriba abajo. Voy a ver qué centro nos conviene más. Ahora vuelvo.

JAIME – Te espero detrás de la valla, ahí detrás, ¿vale?

El investigador biomédico asintió, agarró a su hijo de la mano y puso rumbo a la parada de autobuses, mientras el soldado que les había apuntado con su rifle llevaba a Jaime de vuelta a la seguridad que brindaba el centro de acogida.

Tras un corto análisis del escueto horario, Guillermo tomó una decisión en firme. La lista contenía un total de doce centros similares al que había servido de asilo a Jaime los últimos días, repartidos por toda la provincia, pero sólo uno de ellos cumplía sus requisitos: el de Mávet. Se trataba de un lugar lo suficientemente próximo a Sheol para poder seguir luchando por encontrar a su hermana si el plan actual se traducía en un fracaso, pero al mismo tiempo lo suficientemente lejos como para no resultar una amenaza. Además, él había pasado mucho tiempo en los alrededores, pues los padres de su primera novia vivían ahí, y conocía las carreteras. Enseguida se reunió de nuevo con Jaime, en esta ocasión con la robusta valla de por medio.

GUILLERMO – Si la ves, dile que hemos ido a Mávet.

JAIME – Curiosa elección. Nosotros estuvimos a punto de ir ahí, pero en el último momento nos transfirieron aquí. No sé ni por qué.

GUILLERMO – Ah, por cierto. Toma.

Guillermo se llevó una mano al bolsillo y sacó el llavero con las llaves de la casa de campo en la que había pasado los últimos días en compañía de su hijo. Jaime las cogió, sin darle importancia. El investigador biomédico se disponía a marcharse, cuando Jaime le llamó la atención.

JAIME – Oye…

Guillermo tragó saliva. Tan solo observando la expresión de su cara supo al instante lo que estaba pensando. La conversación que tanto había temido durante los últimos días.

GUILLERMO – No vayas por ahí, por favor. No tengo tiempo…

JAIME – Sólo dime si fue cosa suya.

GUILLERMO – ¿De quién?

JAIME – De tu padre.

El investigador biomédico frunció ligeramente el ceño. La pregunta le pilló con la guardia baja, y por más que le beneficiaba, pues podía cargarle el muerto al pobre José con total impunidad, le ofendió un poco.

JAIME – ¿Fue él, verdad?

Guillermo respiró hondo, y exhaló el aire rápidamente.

JAIME – Lo sabía. Lo sabía. El puto profesor chiflado y sus experimentos de mierda. La madre que lo parió.

GUILLERMO – Estás hablando de mi difunto padre.

JAIME – ¿Tú has visto la que ha liado? Por el amor de Dios. El hijo de la gran puta.

El investigador biomédico se dio media vuelta, haciéndose el ofendido, y comenzó a caminar de vuelta a su coche, de la mano del pequeño Guille.

JAIME – ¡Lo siento!

Guillermo dejó de caminar.

JAIME – Sé que no es culpa tuya, pero… ¡madre de Dios!

Guillermo no se dignó siquiera a darse media vuelta. No tuvo el coraje suficiente.

GUILLERMO – ¿Le dirás eso a mi hermana si la ves?

JAIME – Mávet.

GUILLERMO – Exacto Gracias. Cuidaos.

JAIME – Igualmente.

Padre e hijo volvieron sobre sus pasos y pusieron rumbo a ese nuevo paraíso prometido.

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comentarios
  1. battysco dice:

    ¡Vaya! Al final le van a cargar el muerto al muerto, muy bueno, sí señor.

  2. Betty dice:

    ¡¡Jajajajaja, muy bueno Sonia!!
    De todas maneras poca gente quedará para acordarse de quién fue el culpable… 😉

  3. Betty dice:

    ¡Y para Lord David, espero qué se encuentre ya repuesto y que se cuide mucho!

    • battysco dice:

      Pero aunque queden pocos, ésto puede “salvarle el culo” frente a la pandilla de Bárbara…, que de saber la verdad, se lanzarían al degüello.
      ¡¡¡Puede ser un dato importante!!!

      Pd: ¿Tenemos pachucho al jefe? Si es así, mis mejores deseos de recuperación.

      Sonia.

  4. Yo ya estoy repuesto y más que dispuesto a seguir dándolo todo. Que le tengo unas ganas al flashback de… cierto personaje de color, que no es ni normal. Gracias por preocuparos. 😀 Un par de capítulos más y llega el salto a dicho flashback y el engarce de nuevo a la trama troncal. Y ojito que será MUY distinto a lo habitual (por razones obvias), pero confío sea tan interesante como lo que estáis acostumbrad@s si no más. ¡¡Saludos desde el otro lado!!

    David.

  5. Fran dice:

    Pero salvarás a Zoe, verdad…?
    Es la niña de mis ojos del libro, no te la puedes cargar, eh!!!

    Fran

    • Me hice muchas veces esa pregunta mientras encajaba el guión de la novela antes de pasar a la acción y escribir los capítulos. Llegué a una conclusión, pero para conocerla aún tendréis que esperar un poco más. Todo el flashback de Morgan y unos… 10-12 capítulos más. Paciencia,que todo lo bueno se hace esperar. 😉

      David.

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