3×1083 – Impás

Publicado: 04/03/2017 en Al otro lado de la vida

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La acogida en el centro de refugiados de Mávet supuso un contraste impensable con la vida que habían llevado padre e hijo los últimos días. Sorpresivamente para ambos, fue para bien.

Se trataba de un centro mucho más pequeño que el de Majaneh, y por ende con menos plazas, pero resultaba evidente que no estaba tan superpoblado, aunque no por ello estaba menos protegido: al contrario. En un primer momento, Guillermo achacó la relativa escasez de demanda de plazas a lo próximo que se encontraba a Sheol, lo cual le resultó incluso beneficioso. Tan pronto Bárbara leyese la nueva nota que él le había dejado en la masía de los abuelos justo antes de dirigirse al centro, o se pusiera en contacto con Jaime, lo que quiera que ocurriese antes, por fin se reencontrarían y podrían idear el nuevo plan a seguir. A saber: quedarse en ese centro u otro mejor protegido hasta que la situación estuviese controlada, o huir del país a un lugar seguro, lejos de la infección que él mismo había provocado.

Les recibieron con los brazos abiertos, con mudas limpias, toallas, un set completo de higiene personal y camas contiguas. Les hicieron un pequeño tour por las instalaciones, explicándoles todo cuanto debían saber antes de darles de comer caliente. Enseguida se sintieron parte de la comunidad. Esa nueva vida nada tenía que ver con la previa al inicio de la pandemia, pero Guillermo llegó a convencerse que podría acostumbrarse. Las limitaciones inherentes a la situación en la que se encontraban, tales como la prohibición explícita de abandonar el centro o la imposibilidad de comunicarse con el exterior, no eran si no pequeñas prendas que debían pagar a cambio de una vida fácil y sencilla, en la que no tendrían que volver a preocuparse por su seguridad ni su alimentación. Siendo Guille su principal preocupación en esos momentos, para él Mávet era todo cuanto podía soñar.

Guillermo pasaba el día mirando de reojo la zona de acceso, y siempre que llegaba un nuevo autobús o un vehículo conducido por civiles que buscaban asilo corría hacia ahí, con el corazón encogido, esperando la ansiada llegada de su hermana, que se resistía a producirse. Así lo hizo una y otra vez, día tras día, siempre con idéntico resultado. Le sorprendió el hecho que por cada cinco personas que llegaban, otras diez abandonaban el centro para dirigirse a otro distinto. Muchos de quienes se quedaban eran vecinos de las proximidades, la mayoría de los cuales provenían de Sheol. A nadie le apetecía demasiado estar tan cerca de la zona cero, e incluso Guillermo, pese a que la vida a ese lado de la verja no le dio motivos para ello, empezó a infectarse de dicha sensación, deseando que viniese Bárbara para irse de ahí cuanto antes.

Quien mejor se tomó el cambio fue Guille. Pronto dejó de preguntar por su madre, consciente al escuchar hablar a los demás de cuál había sido su destino real, y pese a que pasaba la mayor parte de día cabizbajo y lloraba con mucha frecuencia, Guillermo lo notó mucho más animado que los primeros días. Incluso hizo un amigo del que se volvió inseparable, un chaval un año menor que él que se convirtió en su sombra, y con el que se pasaba la mayor parte del día jugando. A expensas de la nueva amistad de su hijo, Guillermo conoció al padre del chico, un tal Genaro, un vecino de Etzel que había quedado viudo a primeros de mes. Le llamó especialmente la atención porque parecía su vivo retrato, antes de descuidarse la barba, con aquél espeso bigote entrecano, unas entradas más que generosas y algún que otro kilo de más, y enseguida hicieron buenas migas, también, ambos padres.

Guillermo obvió en todo momento la historia real que le había llevado hasta ahí en sus largas conversaciones con Genaro, más sí compartió con él su inquietud por la ansiada vuelta de su hermana. Tuvo que morderse la lengua en más de una ocasión al escucharle blasfemar sobre el imperio que había levantado su padre, al que Genaro despreciaba con toda su alma, al asumirlo verdugo de su esposa, pero tuvo la suficiente sensatez y sangre fría de seguirle la corriente, sin entrar demasiado al trapo, por no descubrirse. Aún no daba crédito al hecho que por más veces que le habían pedido la documentación, ningún agente de la ley le hubiese reconocido como el perpetrador de semejante desastre.

De entre todo cuanto vivieron esos días padre e hijo en el centro de acogida, las noches se llevaron la peor parte. Dormían hacinados en tres grandes naves desmontables hechas con un complejo mecano de piezas metálicas y lonas que de poco servían para librar al interior del frío nocturno. Lo más incómodo, más incluso que el festival de ronquidos que hacía de dormir una misión francamente complicada, eran los recurrentes disparos en la madrugada. El complejo estaba rodeado por altos focos alimentados por corriente eléctrica del suministro municipal, y dichos focos alumbraban todo el perímetro, imposibilitando que ningún infectado se acercase más de la cuenta sin ser avistado. Había soldados haciendo guardia en los cuatro flancos, veinticuatro horas al día en turnos rotativos, y por más que hacían su trabajo a la perfección, deshaciéndose sin miramientos de los intrusos, que nunca llegaban siquiera a alcanzar la valla, provocaban tal revuelo entre los supervivientes: gritos de pánico, cuchicheos, llantos de los más pequeños… que hacían que las noches fuesen un verdadero suplicio. Tan pronto rompía el alba, todo cambiaba considerablemente. Incluso la afluencia de infectados decrecía hasta prácticamente desaparecer.

No debían llevar ahí ni cinco días, viviendo en una paz y una armonía impropias de los tiempos que corrían, cuando todo cambió la mañana del 18 de septiembre. A diferencia de lo que todos temían, aunque raramente lo pusieran en común, la perdición del centro no fue debida al ataque de un grupo de infectados, por más que sí hubieron infectados involucrados en la masacre que en breve se produciría. En ocasiones, el mismo ser humano, cabal, sano y consciente, era su peor enemigo.

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comentarios
  1. Drock9999 dice:

    Wow, el final del capitulo es la hostia!

    D-Rock.

  2. Angela dice:

    Buen día a todos, he estado un poco perdida del blog por mudanza y estoy recién empezando.😓
    muy buen capitulo David, como siempre me dejas con ganas de leer mas, muchas gracias por la buena lectura.

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