3×1088 – Cima

Publicado: 25/03/2017 en Al otro lado de la vida

1088

 

Bosque de coníferas al sur de la isla Nefesh

22 de octubre de 2008

 

Morgan despertó bañado por la luz del sol matutino, rodeado de un manto verde que lo cubría todo, acompañado por el sonido del alegre canto de los pájaros que revoloteaban por doquier, dando la bienvenida al nuevo día. Estiró los brazos al cielo, notando crujir las articulaciones, y emitió un largo y sonoro bostezo, con una sensación reconfortante en el cuerpo, instantes antes de recordar qué le había llevado ahí.

Se incorporó, con el ceño visiblemente fruncido. Ya no quedaba rastro del agotamiento que le había acompañado la jornada anterior. Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue el hecho que tampoco había vestigio alguno del intenso dolor y malestar que le había embargado hasta hacía tan poco. Algo no acababa de encajar.

El policía se desabrochó la camisa del uniforme y dejó al descubierto su pecho moreno, salpicado por doquier de ensortijado vello negro. Miró con detenimiento la herida ya cicatrizada de la bala que a punto estuvo de acabar con su vida en alta mar. Gruñó, perturbado, al presionar con el índice la herida, y no notar el intenso dolor al que tan acostumbrado estaba. Tan solo notaba la presión de su dedo en la piel, de igual modo que si estuviese tocando cualquier otra parte de su cuerpo que careciese de herida alguna. Pero no había el más mínimo atisbo de dolor. Volvió a abotonarse.

Pese a que había escuchado esa misma historia docenas de veces: personas que resultaban infectadas y que poco antes de transformarse experimentaban una mejoría inaudita, no pudo evitar soñar que su caso sería diferente, que ese drástico e inesperado cambio podría significar algo más que la calma chicha previa a la tempestad definitiva. Esforzándose, en vano, por alejar esa idea de su cabeza, se levantó y continuó su camino ascendente, intentando mantener la mente en blanco.

No llevaría ni veinte minutos reptando y escalando por el complicado terreno cuando vio algo que le hizo parar en seco. La mandíbula le cayó a plomo, y comenzó a notar un desagradable sofoco en el pecho. En cualquier otro contexto le hubiese parecido irrelevante e insignificante, hasta el punto incluso de obviarlo, como parte del paisaje, pero la visión de aquél objeto le resultó bastante chocante. No era más que una lata de refresco de naranja con gas, herrumbrada hasta resultar prácticamente irreconocible. Aún conservaba la anilla, y estaba burdamente doblada por la mitad. Eso lo cambiaba todo.

De repente, sus prioridades y su concepción de la isla dieron un vuelco de ciento ochenta grados. La idea que se había formado en la cabeza sobre ese aparentemente idílico paraje virgen dio un vuelco radical, y Morgan no pudo evitar empezar a darle vueltas a la cabeza. Esa lata no tenía por qué significar nada, pero no pudo evitar pensar en la pequeña Zoe, y se le formó un nudo en el estómago.

Si de algo estaba convencido, y más en ese momento, era que debía llegar hasta el punto más alto de la isla, la cima del monte Gibah, y debía hacerlo cuanto antes. Sin duda, desde ahí tendría la perspectiva que tanto necesitaba para saber a ciencia cierta hacia dónde había dirigido a los que hasta hacía tan poco fueron sus compañeros. Por fin averiguó el verdadero propósito de su peregrinaje: aquella sucia y vieja lata le había abierto los ojos.

Con renovadas fuerzas, que él desconocía de dónde provenían, pues hacía ya al menos veinticuatro horas que no había llevado más a la boca que un poco de agua de un riachuelo que cruzó la jornada anterior y algún que otro fruto silvestre que había encontrado esa mañana, siguió adelante, con mayor celeridad si cabía.

El cambio fue prácticamente imperceptible, pero llegó un momento que Morgan notó que se estaba acercando a su destino. Quizá fuera la disposición de la vegetación en el suelo, formando pequeños senderos delatores del uso reiterado de tales rutas, o el mero cambio en la inclinación del terreno. No tardó mucho en averiguar que estaba en lo cierto. El camino en el que se encontraba llegó a una bifurcación y Morgan se sorprendió al ver una señal clavada en el suelo. Disponía de tres maderos señalando las tres direcciones. El camino del que él provenía estaba señalizado como “Camino rural”. La bifurcación que se encontraba a su izquierda rezaba “Camino de los enamorados”; la de la derecha “Guardabosque”. El policía escogió la última, habida cuenta que era la única de las tres que seguía la pendiente ascendente. En menos de diez minutos, llegó a su destino.

Morgan se sorprendió gratamente al descubrir que la cabaña del guardabosque, con un acceso rodado de mucha mejor calidad que los caminos rurales que él había transitado la última hora, se encontraba, literalmente, en el punto más alto de toda la isla. Buena cuenta de ello lo daba una placa conmemorativa que pendía de un poste a pocos metros de la puerta de entrada. La cabaña estaba hecha íntegramente de madera, y sus ventanas no estaban reforzadas, lo cual le inspiró al mismo tiempo confianza y desconfianza. Lo que más le llamó la atención fue el piso superior, con una terraza circundada por una balaustrada de madera, desde donde sin duda tendría la perspectiva de la isla que tanto ansiaba.

MORGAN – ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

Nadie respondió, lo cual no le sorprendió en absoluto. Todo parecía estar en regla, y pese a la ya indiscutible marca del hombre en la isla, al menos por el momento no había encontrado el más mínimo indicio de que la infección hubiese llegado también hasta ahí. Aunque sabía perfectamente que eso no significaba nada. No se lo pensó dos veces, y caminó hacia la puerta de entrada. Para su sorpresa, al echar mano del tirador, ésta cedió sin ofrecer resistencia alguna, mostrando el interior de la cabaña. Morgan respiró hondo, con bastante peor ánimo del que la situación parecía requerir, y accedió al interior.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Bueno, la calma precede a la tempestad…. es un hecho!!
    Que tengas un excelente fin de semana, gracias por el capitulo.

  2. Drock9999 dice:

    Esto se pone cada vez mas interesante. Ademas, podremos conocer bien de primera mano como percibe un infectado su metamorfosis. Me encanta.

    Pobre Morgan 😦

    D-Rock

  3. Muchas gracias a ti por seguir al pie del cañón disfrutando de la novela, lady Ángela. 🙂
    Interesante reflexión la de lord D-Rock, al aventurar que en breve el flashback de Morgan expondrá eso que tan bien describes. Era algo que quería hacer desde hacía MUCHÍSIMO tiempo, y ¿qué mejor personaje que Morgan para darme ese gustazo? A este flashback le he puesto especial cariño, e incluso creo, o al menos espero, que ese “nuevo personaje”, que será Morgan-infectado, os revuelva un poco por dentro, y tengáis ocasión de empatizar con el enemigo. Esa es mi intención: que sintáis lástima por ellos. Siempre se ha mostrado al infectado/zombie en el imaginario popular como un ente genérico al que matar sin lacras morales de ningún tipo, mera carnaza de serie B para dar emoción a una trama vacía. Con este flashback quiero que lleguéis incluso a plantearos quién de los dos tiene más delito, el infectado que mata a un sano indefenso para alimentarse, o el sano que mata a un infectado indefenso por mero deporte.

    David.

  4. Whoopertrex dice:

    Wow! Esto se pone interesante, me recuerda, por obvias razones a diario de un zombie, al cual le tengo mucho cariño. Excelente mini capitulo David!

  5. Carol dice:

    Hola!. De vuelta por aquí (por el momento….). Ya me he puesto al día con todos los capítulos y comentarios. Al hilo de lo que dice Whoopertrex, me surge una duda: David, sería Morgan un nuevo tipo de infectado o, al hilo de lo que nos vas a contar en los próximos capítulos, todos podrían “pensar”? Slds!

    • Interesante reflexión…
      También leí Diario de un zombie, pero yo no sirvo para juzgar exponentes de este tipo de género, porque soy demasiado crítico con todos, ya sea cómic, cine, literatura o serie. Quizá por eso decidí escribir al respecto yo mismo, porque todo me sabía a poco.
      De los infectados sabemos poco o nada. Ansias de violencia impulsadas por sobredosis químicas internas y apetito voraz sin filtros. Detrás de eso, puede haber mucho más… o absolutamente nada. Pensad en la escena del tren de la bruja, cuando llevan a Bárbara arrastrándola del pelo, o… la niña que huye en vez de atacarles cuando están Bárbara y Morgan delante de una farmacia, o la infectada que agarra una piedra para romper la luna tras la que se encuentran Zoe y Bárbara al principio de todo o… Marco. Ahí lo dejo. La magia reside en ir descubriéndolo todo poco a poco, cavilar, y sorprenderse por lo que no esperabais. Por más que me pese, sin spoiler de ningún tipo, Morgan es una persona vacunada a la que han mordido, al igual que cualquier otro hijo de vecino. Pero eso no significa que su historia como infectado tenga que ser menos interesante que la de cualquier otro personaje sano o aporte menos a la trama… eso lo deberéis juzgar vosotr@s. Yo prometo hacerlo lo mejor posible. xD

      David.

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