3×1095 – Caza

Publicado: 22/04/2017 en Al otro lado de la vida

1095

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

14 de noviembre de 2008

 

El caos dentro de la nave resultaba abrumador. Su escala cogió a Morgan por sorpresa. El local era mucho mayor de lo que aparentaba visto desde fuera. El policía quedó inmóvil en mitad del paso, dificultando aún más la supervivencia a las docenas de personas que trataban desesperadamente de salvar la vida evitando ser atrapados por los infectados que aquél chico había liberado, corriendo de un lado a otro cual pollo sin cabeza. No había otra vía de escape que esa puerta echada abajo, lo cual convertía al lugar en una ratonera. Morgan no se lo pensó dos veces y se unió a la fiesta.

Pese a su falta de experiencia, no le costó demasiado diferenciar a sus semejantes de sus víctimas potenciales. Al igual que el dimorfismo sexual permite al común de los mortales distinguir si la persona que tiene delante es hombre o mujer, los infectados disponían de un sentido similar, que les permitía diferenciar a quienes habían resultado infectados como ellos de los que no. Él centró su atención en quienes, de manera evidente, trataban de evitar ser cazados, guiado en parte por la intuición, el olfato y ese extraño sexto sentido, que se agudizaría a medida que fuese madurando, llegando a un punto que incluso a centenares de metros de distancia le permitiría saber si le convenía o no proceder al ataque.

Se fijó en una mujer que estaba arrodillada junto a un niño de unos ocho años, protegiéndole con su propio cuerpo. Su mirada asustada y el hecho que fuese la única persona, junto con el niño, que no estaba en pie formando parte de aquella danza macabra, acabó de convencer a Morgan que ella debía ser su próximo objetivo.

El policía corrió en dirección a la mujer, notando a un tiempo cómo un hilillo de saliva le corría por la descuidada barba a medida que avanzaba a toda velocidad. Poco antes que tuviese ocasión de alcanzarla, otra infectada se la llevó por delante, embistiéndola con violencia desmedida, haciéndola rodar por el duro y frío suelo de cemento. Aquella pobre mujer, que no pretendía más que proteger a su hijo herido del ataque de los infectados, se dio un fuerte golpe en la cabeza, quedando aturdida. No tuvo siquiera ocasión de incorporarse antes que la infectada se le echase encima y comenzase a abofetearla, para acto seguido agarrarla del pelo y golpear su cabeza contra el suelo una y otra vez, en un rito extático, dejándola inconsciente para acto seguido partirle el cráneo y comenzar a alimentarse de la carne blanda de su cuello, formando un surtidor de sangre que manchó a otro infectado que pasaba cerca.

Morgan frenó su avance y se quedó parado frente al chico, que gimoteaba llamando a su madre, incapaz de levantarse. Su nombre era Ricardo, y le faltaban un par de meses para cumplir los ocho años. Otro de los infectados le había atacado, con tan mala fortuna que le había partido la pierna derecha, de la que sobresalía un bulto alrededor de una mancha que se iba tornando lilácea a ojos vista. Tenía la tibia partida y un feo mordisco en la axila del que no paraba de manar sangre. Por fortuna, su atacante había encontrado otra víctima más apetecible y le había abandonado, justo a tiempo de ser atendido por su asustada madre, a la que el ataque le había sobrevenido haciendo la colada en el extremo diametralmente opuesto de la nave. Morgan estaba más que dispuesto a poner fin a lo que él había empezado.

El policía le alcanzó, y Ricardo le miró fijamente a los ojos, con los suyos anegados por las lágrimas, mientras miraba por el rabillo del ojo a su madre moribunda. Morgan le agarró del hombro. Se disponía a hundir sus dientes en la carne blanda de su pecho, mientras el niño trataba en vano de apartarle de sí, consciente de lo que vendría a continuación, cuando otro infectado le agarró del brazo opuesto, tratando de arrebatárselo. El policía gruñó, visiblemente molesto, y tiró con más fuerza del chico, dislocándole el hombro en el acto. Ricardo perdió el conocimiento debido al intenso dolor. Cada vez estaba más pálido por la ingente pérdida de sangre a la que estaba siendo sometido.

Ambos infectados se pelearon por el chico inconsciente, hecho un guiñapo, zarandeándolo con violencia, gritándose el uno al otro en aquél idioma ininteligible. Morgan era mucho más fuerte, más alto y estaba en mucha mejor forma, pese al evidente deterioro de su estado físico en esa nueva etapa de su vida. El otro infectado acabó dándose por vencido y decidió seguir probando suerte con algún otro de los supervivientes que corrían de un lado para otro. Tenía muchos entre los que escoger.

Morgan agarró al chico, incluso con cierta delicadeza, del mismo modo que el marido lleva en brazos a su esposa al nido conyugal el día de la boda, y comenzó a desandar sus pasos. No quería que nadie le volviese a molestar, y ahí dentro, con semejante jaleo, eso le iba a resultar misión imposible. Esa era su primera víctima real, y quería disfrutar de esos treinta kilos de alimento con tranquilidad y serenidad. Con la cabeza del chico apoyada en su hombro, Morgan pasó otra vez por encima de la puerta abollada y entrecerró los ojos al notar de nuevo aquél intenso brillo. Un relámpago le obligó a cerrar los ojos, y el sonido del trueno que vino a continuación le hizo estremecer y apurar aún más el paso.

Caminó con el chico en brazos durante cerca de cinco minutos, hasta que el griterío que provenía de la nave no fue más que un leve susurro que bien podía confundirse con el del fuerte viento que se había levantado. Encontró lo que buscaba prácticamente al mismo tiempo que empezaban a caer las primeras gotas de una lluvia que se prolongaría durante horas. Para cuando Morgan posó al chico al fondo de aquella vieja lavandería, orgulloso de su hazaña, Ricardo ya había muerto.

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comentarios
  1. Fran dice:

    Bueno, después de haber leído todo el presente tomo del tirón, me toca sufrir lo que ya llevan otros sufriendo mucho tiempo, esperar a que sigas publicando los capítulos venideros.
    Ansioso por ver lo que le espera a Zoe, la niña de mis ojos, a la que sé que salvarás de alguna manera. Pobre de ti si no…

    Fran

    • El salto es importante, a partir de ahora, con la carrerilla que llevabas. No obstante, los demás lectores y lectoras te podrán reconocer que al final uno se acostumbra. Los saborearás más, pero tendrás que armarte de paciencia. Si te sirve de consuelo, esta noche cuelgo uno nuevo. A partir de ahora dispondrás de nuevos capítulos todos los martes y sábados a las 00:00, justo la madrugada del lunes al martes y del viernes al sábado.
      Es para mi todo un honor que hayas llegado hasta aquí, por lo cual agradezco tanto tu buen rollo como tu pasión por el género y la obra en concreto. Espero seguir viéndote por aquí, pues serás siempre más que bienvenido, y poco a poco irás conociendo a los demás lectores, que son todos de órdago.

      David.

    • Carol dice:

      Hola, Fran. Me uno a mis colegas de “sufrimiento” en la bienvenida. Cuantos más para comentar, mejor!

  2. Drock9999 dice:

    Saludos Fran y buenvenido(a) a este grupo de infectados por AOLDLV.

    Lord Villahermosa, que grandes capitulos nos vienes dando. Me siento como Morgan y quiero mas. Mas. Maaasssss!!!!!! Saludos desde el otro lado del Atlantico.

    D-Rock

  3. battysco dice:

    Me uno a la bienvenida Fran!

    Por aquí toca seguir sufriendo capítulo a capítulo, como si empezase a llover y las gotas recién fuesen rodando lentamente por el cristal de la ventana. Aún así, te acostumbrarás y, mientras tanto, nos tienes a nosotros y a David para ir comentando la jugada.

    Saludos,

    Sonia.

  4. Betty dice:

    ¡Saludos Fran y bienvenido!

    Sufrimos y disfrutamos a partes iguales con estos grandes capítulos qué nos regala Lord David, una vez que te enganchas estas perdido y quieres más y más 😃

    ¡¡Saludos!!

  5. Fran dice:

    Muchas gracias por vuestra bienvenida y a seguir disfrutando de la historia.

    Fran

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