3×1097 – Provee

Publicado: 29/04/2017 en Al otro lado de la vida

1097

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

15 de noviembre de 2008

 

En la nave reinaba un relativo silencio sólo mancillado por el eco de eventuales mordiscos, eructos, ventosidades y algún que otro gemido aislado. Ya hacía cerca de una hora que había dejado de llover, motivo por el cual Morgan decidió abandonar la que fuera su prisión nocturna. El frenesí de violencia y horror ya había pasado a la historia, y aunque todavía había más de cien infectados ahí dentro, el lugar parecía otro.

Morgan pisó la abollada puerta metálica, provocando un ruido que hizo que algunos de sus semejantes se girasen en su dirección. El policía siguió adelante como si nada, y ellos prosiguieron con sus quehaceres, ignorando por completo su presencia. Algunos de los infectados estaban alimentándose de los cadáveres de quienes habían perecido durante la refriega de la jornada anterior. Muchos de ellos estaban desmembrados, y alguno que otro todavía conservaba la vida, implorando clemencia con la voz quebrada. La mayoría, no obstante, dormían, aprovechando el techo que les ofrecía a un tiempo protección frente a la lluvia y sombra de los rayos de luz del amanecer que emergían tímidos de la línea del horizonte.

El policía se adentró aún más en la nave, sin ningún tipo de prisa, arrastrando los pies. La cantidad de sangre que había por el suelo hacía virtualmente imposible llegar a la pared opuesta sin mancharse sus ya dos pies descalzos. La cuerda que llevaba anudada a la cintura enseguida se empapó en el líquido carmesí de docenas de vidas arrasadas en cuestión de minutos. Tuvo que sortear un gran charco de agua que se había formado por las goteras tras la tormenta de la noche anterior, y pasó junto a una pareja de infectados que estaba practicando sexo salvaje, en una curiosa versión de la postura del misionero. Un japonés de unos cincuenta años y una niña que a duras penas debía tener nueve o diez años. Eran de los pocos que tenían los genitales libres de ropa, y no dudaron en aprovechar la oportunidad, ajenos por completo a las miradas de sus semejantes y a cualquier atisbo de impedimento moral.

El olor ahí dentro hubiese resultado prácticamente insoportable para cualquier hijo de vecino, pero Morgan, pese a tener muy buen olfato, no le dio importancia alguna. Era el olor de la vida: sangre, sudor, orín y heces. Nada que él miso no hubiese excretado en infinidad de ocasiones desde su renacimiento, nada a lo que él mismo no apestase desde hacía semanas.

Llegó hasta la mitad de la nave, sorteando sillas, mesas y sacos de dormir. Se plantó frente a una mujer que se arrastraba lastimosamente por el suelo, en dirección a la entrada. A juzgar por la marca lineal de sangre que había dejado en el suelo durante su avance, ya había recorrido más de la mitad de su trayecto. Tenía las dos piernas rotas y le faltaba el brazo izquierdo a la altura del codo. No había rastro de él. Tenía el cuerpo entero lleno de cardenales y heridas de mordiscos que se habían llevado grandes pedazos de carne. La pobre mujer se arrastraba con el otro brazo, muy lentamente, teniendo que dedicar un buen rato a recuperar fuerzas y a respirar hondo a cada pocos centímetros de avance.

El policía miró a lado y lado, como si fuese a cruzar una calle, temeroso que de nuevo alguien tratara de privarle de su presa. Sus semejantes estaban ocupados en otros quehaceres: difícilmente tendría competencia en esta ocasión. Sin pensárselo dos veces, Morgan agarró a la mujer de la cintura, lo que provocó un grito sordo del más absoluto sufrimiento. Se la acomodó sobre el hombro, cual saco de patatas, y dio media vuelta, observando con curiosidad la actividad de los demás infectados. Nadie echaría en falta ese pedazo de carne con todos los cadáveres que había desperdigados por doquier. Todos estaban más que ahítos y ahora lo que tenían era sueño.

Morgan se llevó la mano izquierda a los ojos, entrecerrados, al salir de nuevo al exterior. Jamás se acostumbraría a esa transición. El sol había sobrepasado ya la línea del horizonte, y todo apuntaba a pensar que la tormenta se había ido para no volver. Aquella mujer no paraba de suplicarle que la dejase ir, con un hilillo de voz. Al principio le golpeó la espalda, con las pocas fuerzas que le quedaban, agitándose, tratando en vano de liberarse. El policía ni se inmutó. Arrastrado por la inercia y la intuición, sin pensarlo demasiado, lo que hizo fue volver sobre sus pasos, literalmente, hasta que llegó de nuevo a la lavandería. Ricardo había estado durmiendo durante su ausencia, pero al escucharle entrar, inició de nuevo su ritual de gritos para tratar de espantarle, lo que hizo que el policía pusiera los ojos en blanco.

Morgan agarró a la mujer que llevaba a cuestas de la cintura, caminó hasta quedar a medio metro del hiperactivo niño, y la dejó caer al suelo con un sonoro golpe. Para su sorpresa, Ricardo se tranquilizó un poco, sorprendido por lo que acababa de ocurrir. El policía emitió un gruñido, mirando fijamente a los ojos encharcados en sangre del niño, se dio media vuelta y se acurrucó en una esquina, entre la puerta del lavabo y una de aquellas lavadoras industriales. Ricardo le siguió con la mirada. Morgan emitió un sonoro bostezo, con la boca bien abierta, cerró los ojos y se abandonó al sueño. Llevaba demasiado tiempo sin dormir, y estaba agotado.

Ricardo centró su atención en la mujer que tenía delante, que seguía con vida, pero ya no tenía espíritu siquiera para continuar arrastrándose. Seguía pidiendo clemencia, con algo más parecido a un susurro que una voz, implorando al niño que no le hiciese daño. Ricardo no comprendió una sola palabra de lo que decía aquella mujer, e hizo lo que le correspondía hacer, sin atisbo alguno de maldad. Eso era para lo que estaba programado en esa nueva etapa de su vida, lo que sentía que debía hacer para sobrevivir, y sí, sintió algo de placer al hincar sus dientes en la carne fresca y notar el estallido de sabor en las papilas gustativas.

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comentarios
  1. Carol dice:

    Perturbador…..

  2. Drock9999 dice:

    Interesante. A pesar de todo, queda algo de nobleza en la recientemente reseteada mente de Morgan. Lo hace, a mis ojos, mas honorable.

    D-Rock.

  3. Angela dice:

    Excelentes capitulos, gracias David, saludos.

  4. battysco dice:

    Ouch, papa Morgan en modo on!!

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