3×1103 – Ignorantes

Publicado: 20/05/2017 en Al otro lado de la vida

1103

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

6 de enero de 2009

 

Bárbara alzó el mentón al cielo y frunció ligeramente el ceño. Había parado de llover hacía ya un buen rato, pero el cielo aún lucía gris y amenazante.

BÁRBARA – ¿Quieres decir que no va a ponerse a llover otra vez?

Carlos pisó la colilla encendida del cigarro que se le había consumido en la comisura de los labios mientras preparaban todo aquél tinglado. A duras penas habría dado dos o tres caladas.

CARLOS – No lo sé, pero… valdrá más que no nos la juguemos.

Entre los dos se encargaron de tapar aquél motón de regalos con la misma lona impermeable que habían utilizado para colocarlos bajo el álamo decorado con espumillón, bolas y todas aquellas lucecitas titilantes de colores. Estaban increíblemente orgullosos de su trabajo, y no veían el momento de dar la voz de alarma para destaparlo y disfrutar de la reacción de los demás.

Habían madrugado mucho para evitar ser descubiertos, escabulléndose de sus respectivos pisos sin ser detectados. Estaban convencidos que a excepción de Olga y Gustavo, que se encontraban al cargo de los bebés en el centro de día, los demás habitantes del barrio seguían durmiendo.

No hacía mucho tiempo que había amanecido cuando sacaron de su escondrijo todos los regalos que habían escondido hábilmente la jornada anterior, después de un arduo trabajo envolviéndolos y escribiendo los nombres de sus destinatarios con grandes letras negras, y hasta ese momento habían estado presentándolos junto al alto árbol. Había muchísimos. Bárbara incluso había preparado una cámara de fotos para inmortalizar la cara de los más pequeños al descubrir la sorpresa. Estaba deseando ver la reacción de Josete y de Zoe, que sin duda bien compensarían todo el esfuerzo.

Ambos desanduvieron el camino que habían hecho, dejando las persianas del taller abiertas, y se dispusieron a avisar a todos de que sorpresiva e inesperadamente, los Reyes magos de Oriente habían llegado a Nefesh. Empezaron por el centro de día. Olga insistió en quedarse a solas con los bebés mientras los demás seguían avisando al resto. Gustavo se dirigió al bloque donde vivían Paris y Fernando, mientras Bárbara y Carlos iban avisando a los inquilinos del bloque azul. El instalador de aire acondicionados se encargó de Marion y de Ío; Bárbara de Christian y de Maya. Todos corrieron en tromba hacia el Jardín, ilusionados ante la buena nueva. Fue Bárbara la que se encargó del ático.

Entró en el piso que compartía con Zoe, su hermano y su sobrino. Los dos Guillermos dormían plácidamente, cada cual en su respectiva cama. Bárbara se alegró al ver que el chico al fin había sucumbido a la insistencia de su progenitor, pues su costumbre de dormir en el suelo traía de cabeza a padre y tía desde que se mudaran. Primero despertó a su hermano, y entre los dos levantaron a Guille, que no se lo tomó demasiado bien, pues había pasado prácticamente toda la noche en vela mirando la lluvia a través de la ventana, y ahora estaba agotado. Ambos abandonaron el piso, y Bárbara se dirigió a la habitación de la pequeña. Golpeó con los nudillos su puerta, que se encontraba entreabierta, con una sonrisa tímida asomándole de los labios.

BÁRBARA – Zoe, cariño. Ya es hora de levantarse.

La profesora esperó unos segundos a que la pequeña reaccionase, pero la única respuesta que obtuvo fue el silencio. Debía estar profundamente dormida. Se extrañó un poco. Empujó la puerta con suavidad y entró al dormitorio. Al mirar hacia la cama, sonrió de nuevo. La niña estaba tapada por completo con la funda nórdica. No le sorprendió en absoluto, dada la época del año en la que vivían, y el hecho que el piso no disponía de calefacción.  Bárbara tomó asiento en el borde de la cama y posó una mano sobre el lugar donde dedujo debía encontrarse el hombro de Zoe. La movió levemente, tratando de despertarla sin sobresaltos.

BÁRBARA – Zoe, despierta. Han venido los Reyes magos.

La niña no reaccionó y Bárbara sintió un mal presentimiento, que se demostró bien fundado tan pronto levantó la sábana. Ahí abajo tan solo había un par de cojines que la niña había tomado prestados del sofá del salón y un osito de peluche enorme que Bárbara no recordaba haber visto antes. Zoe los había colocado estratégicamente para emular, con bastante habilidad, su propio cuerpo bajo las sábanas. El motivo, Bárbara lo desconocía.

La profesora se levantó de la cama, confusa, y se rascó la nuca, tratando de comprender lo que estaba pasando. No entendía nada: la niña tenía total libertad para ir donde quisiera y hacer lo que le viniese en gana, siempre que no se pusiera en peligro ni a sí misma ni al grupo. Instintivamente, comenzó a girar el anillo de pedida en su dedo anular.

Bárbara desanduvo sus pasos, y revisó el piso de arriba abajo, llamándola, pensando que quizá se trataba de algún tipo de juego.  No fue capaz de encontrarla por ningún lado: Zoe no estaba en el ático. Finalmente Bárbara se dio por vencida y se dirigió de vuelta a la entrada. Guillermo y Guille le esperaban en el rellano, algo preocupados por su demora, junto con Carlos, que ya había acabado de avisar a todos los demás residentes del bloque azul.

CARLOS – ¿Y Zoe?

BÁRBARA – No está.

CARLOS – ¿Cómo que no está?

BÁRBARA – Guille, ¿tú has visto salir a la niña en algún momento?

GUILLERMO – No. Yo… Yo he estado durmiendo hasta que has llegado tú. Pensaba que estaba en su cuarto.

El investigador biomédico se mordió el labio inferior. Guille bostezó con la boca bien abierta, visiblemente cansado. Carlos comprendió que había algo más detrás tan solo observando la expresión facial de la profesora.

MARION – ¿¡Bajáis o qué!? ¡Si no, vamos a empezar sin vosotros!

La voz de Marion retumbó unos segundos por las escaleras, hasta acabar extinguiéndose.

CARLOS – Tranquila, Bárbara. Bajamos y la buscamos. No puede andar muy lejos.

Bárbara asintió, agitando rápidamente la cabeza arriba y abajo varias veces, aún con la mirada perdida, y siguió a los otros tres escaleras abajo.

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comentarios
  1. Fran dice:

    Tengo la sensación de estar en la parte más alta de una montaña rusa y a punto de empezar una caída libre que me va a poner los pelos de punta…
    Atenció que viene lo bueno!!!

    Fran

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