3×1104 – Pista

Publicado: 23/05/2017 en Al otro lado de la vida

1104

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

6 de enero de 2009

 

La incertidumbre dio paso a la intranquilidad, y ésta a la preocupación, que pronto se transformó en desasosiego. Bárbara estaba al borde de un ataque de nervios. Había dado tantas vueltas al anillo de pedida de Enrique en su dedo que se había irritado la piel, pero era incapaz de parar de hacerlo. Un fuerte trueno sonó en la lejanía, alertando a los residentes de Bayit que la tregua que había dado la lluvia estaba cerca de llegar a su fin.

En ese momento se encontraban literalmente todos los supervivientes en el centro de día, tratando de pensar fríamente dónde podría encontrarse Zoe. Las conversaciones cruzadas vertían palabras estériles, intentando en vano encontrar algo de sentido a lo que había ocurrido. De fondo se oían los llantos de un par de bebés a los que nadie prestó demasiada atención. Hacía más de dos horas que la buscaban, que se habían traducido en un estrepitoso fracaso. Incluso Paris y Juanjo se habían sumado a la partida de búsqueda, tras las súplicas de la profesora.

Se repartieron en cinco grupos y revisaron concienzudamente hasta el último centímetro del bloque azul, el recinto de la escuela, el Jardín, los locales que más frecuentaban de la calle corta, e hicieron un barrido por todos los recovecos y locales de la calle larga, sin obtener ningún tipo de respuesta. Gritaron su nombre infinidad de veces, temiendo que hubiese podido tener un accidente y no estuviese en condiciones de volver por su propio pie, pero nadie respondió a sus demandas, a excepción de un infectado que Paris se encargó de ajusticiar, para que dejase de armar jaleo al otro lado del muro.

Todo esfuerzo resultó en vano, y pese a que nadie lo verbalizó, por lo descabellado que resultaba y porque aún era demasiado pronto para ponerse en lo peor, todos sospechaban en mayor o menor grado que el motivo por el que no la habían encontrado dentro del barrio, era precisamente porque no estaba dentro del barrio. La niña estaba encantada con sus compañeros y vecinos y era feliz, dentro de las posibilidades, en ese nuevo mundo en el que les había tocado vivir. Que hubiese decidido abandonarles, sola, una noche lluviosa, y sin avisar a nadie, no alcanzaba para ellos el más remoto sentido.

Bárbara se lo había llevado a lo personal, y era, con diferencia, la que peor lo estaba pasando de los presentes. No se hubiese encontrado tan mal de no haber sido por el modo cómo la niña había dejado la cama y su rara actitud la noche anterior. Zoe había abandonado el ático a voluntad, y con la intención de no ser descubierta. Desconocer el motivo por el que había tomado tal determinación la estaba matando por dentro. Su relación con la pequeña se había vuelto dependiente, en ambas direcciones, y no concebía que Zoe hubiese decidido irse sin avisarla. No siquiera concebía que hubiese decidido irse, y no paraba de pensar que si no eran capaces de encontrarla, era porque se encontraba en apuros, y eso la estaba matando por dentro.

Christian se rascó la cicatriz sobre la oreja mientras veía a la profesora llorar sobre el hombro de Carlos, y tomó una gran bocanada de aire. Él había ayudado en la misión de búsqueda desde el minuto cero, y tampoco daba crédito a su imprevista desaparición. Su mirada viró entre los presentes, todos en silencio y con caras largas, y acabó centrándose en aquél pequeño e inquieto perro que no paraba de hacer ruido y de dar tirones a la correa que Carla había atado a la pata de una mesa en la sala de estar del centro de día. Junto a él, lucía visiblemente aburrido y algo molesto Josete. Le habían despertado con la promesa de regalos, y llevaba toda la mañana de arriba para abajo de la mano de Carla voceando el nombre de Zoe. El ex presidiario vio cómo el niño se llevaba una de aquellas diminutas manos al bolsillo, y no pudo evitar soltar una exhalación de sorpresa al ver cómo sacaba de su interior una cinta de raso de color violeta.

Josete comenzó a enrollarse la cinta en el dedo índice, distraído, al tiempo que Christian empezó a elaborar una teoría, esforzándose por buscar un significado a lo que acababa de presenciar. Un par de piezas encajaron en su cabeza, y el corazón le dio un vuelco. No dudó un instante en dirigirse hacia el niño, con paso quizá excesivamente firme. Josete le vio venir y metió en el bolsillo la mano en la que tenía el dedo con la cinta enrollada. Para cuando Christian le alcanzó, la mano estaba ya fuera del bolsillo y no había rastro de la cinta.

CHRISTIAN – Josete.

El niño frunció ligeramente el ceño y miró a Carla. La veinteañera estaba distraída charlando con Olga y ni se dio cuenta.

CHRISTIAN – ¿De dónde has sacado eso?

JOSETE – ¿Qué?

CHRISTIAN – La cinta. La cinta lila que tenías en la mano.

Josete se llevó la mano al bolsillo y sacó la cinta, algo cohibido por la expresión facial del ex presidiario.

CHRISTIAN – ¿Dónde has encontrado eso?

JOSETE – En el patio.

CHRISTIAN – En el patio… ¿Dónde, en el patio del colegio?

Josete asintió.

CHRISTIAN – ¿Y cuándo la encontraste?

JOSETE – Ayer por la tarde.

Christian frunció el ceño. Eso echaba por tierra sus suposiciones, pero no por ello se dio por vencido.

CHRISTIAN – ¿Me la dejas un momento?

Josete le acercó la cinta y Christian la cogió. No cabía la menor duda: se trataba de la cinta de Zoe. Tenía los extremos muy maltrechos y lucía descolorida en la zona que había quedado expuesta a las inclemencias durante el largo tiempo que la llevó puesta en la muñeca. De repente lo vio claro. Echó un último vistazo a la cinta, se la devolvió al niño, y se dirigió hacia Maya. La hija del difunto pescador estaba distraída, mirando a Bárbara, y hasta que él no le tocó el hombro no se dio por aludida.

CHRISTIAN – Ahora… Ahora vengo, ¿vale?

Maya frunció ligeramente el ceño, pero se limitó a asentir. Christian abandonó el centro de día aparentando normalidad, pero tan pronto llegó a la copistería desde la que accedían, lejos de las miradas de sus compañeros, apuró el paso. Tenía un muy mal presentimiento, y era consciente que el tiempo jugaba en su contra.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Sera que ahora va a resultar que el ex Morgan va a atacar tambien a Christian?
    Muero de ganas de saber el desenlace!!
    Gracias David!

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