3×1105 – Sospecha

Publicado: 27/05/2017 en Al otro lado de la vida

1105

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

6 de enero de 2009

 

Christian no paraba de mirar hacia atrás por encima del hombro, temeroso que alguien le estuviera siguiendo. Salpicó en todas direcciones al pisar un charco poco profundo en el patio de la escuela, manchándose las deportivas de barro, y siguió adelante hacia el portón de acceso trasero. No estaba haciendo nada malo, al contrario, pero no quería despertar sospechas entre los demás supervivientes. Nadie le echaría en falta a él, al menos durante un tiempo, habida cuenta que tenían problemas mucho más importantes entre manos. Finalmente llegó al gran portón y se quedó delante, pensativo.

Se echó la mano a la parte trasera de la cintura y agarró su arma. Comprobó de nuevo que estuviera cargada y a punto para ser utilizada, y la volvió a dejar donde estaba. Respiró hondo y abandonó el recinto de la escuela, cerrando concienzudamente a su paso. En esos momentos no temía en absoluto por sí mismo. Estaba armado y sabía defenderse. En su cabeza no había otra cosa que encontrar a Zoe.

Deseaba por encima de todas las cosas no estar en lo cierto, pero la evidencia hablaba por sí misma: todo apuntaba a pensar que Zoe no se encontraba en el barrio. Él tenía cierta sospecha de dónde podría estar, respaldada por el descubrimiento de la cinta violeta de la niña en posesión del pequeño Josete y su burdo intento por hacer creer a Bárbara que seguía durmiendo. Ella le había explicado la historia que había detrás de aquella insignificante pieza de tela, e incluso le había pedido en un par de ocasiones que se la anudase con más fuerza por miedo a perderla. Él sabía que era muy importante para ella. Resultaba inconcebible que Zoe no se hubiese dado cuenta de su desaparición, y aún más ridículo imaginar que no haría cualquier cosa por recuperarla. Zoe era una niña excesivamente testaruda.

Durante el camino hacia la obra abandonada, literalmente el mismo trayecto que habían hecho ambos el día anterior, no paró de maldecirla por su más que probable temeridad. No paraba de repetir en su cabeza la bronca que le echaría tan pronto la encontrase, ignorante que él estaba haciendo literalmente lo mismo que había hecho ella horas antes al abandonar el barrio sin avisar a nadie, demostrando no haber aprendido de sus errores. Llegó al solar de la obra abandonada en tiempo récord, sin haber sido capaz de encontrar indicio alguno de la pequeña. Deseaba con todas sus fuerzas que se le hubiese ido el santo al cielo y estuviese buscando la cinta dentro del solar donde rescataron al cachorro.

El portón de acceso estaba perfectamente cerrado, como él recordaba haberlo dejado el día anterior. Siempre lo cerraban cuando abandonaban el lugar después de usar el vertedero. No obstante, eso no tenía por qué significar nada. Si Zoe estaba dentro, lo más sensato sería pensar que habría cerrado a su paso para evitar que algún infectado errante se colase. Christian se acercó al portón y lo abrió con sigilo. El inesperado brillo de un relámpago le hizo dar un respingo, y se apresuró a cerrar tras de sí. El sonido del trueno lo envolvió todo durante unos segundos.

Christian comenzó a caminar por el suelo embarrado, esquivando los charcos, en dirección a la excavación. Se disponía a comenzar a gritar el nombre de la pequeña cuando algo le hizo parar en seco. El ex presidiario frunció el ceño. Sobre el suelo embarrado había dibujada una franja de unos dos metros de ancho, con un montón de marcas irregulares de pisadas por medio. Por lo fresco que estaba el barro resultaba evidente que era reciente. Daba la impresión que alguien hubiese estado arrastrando algo enorme. El surco y las pisadas acababan abruptamente al llegar al extremo donde comenzaba la excavación del subterráneo.

Christian tragó saliva, respiró hondo, y echó mano de su arma. Se acercó lentamente al borde de la excavación, sin apenas hacer ruido. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que sobre toda aquella basura, encima de una montaña de pañales sucios, se encontraba el lavabo portátil de la obra, que en ningún momento había llegado a echar en falta al entrar. El corazón le dio un vuelco al ver, dándole la espalda, a Morgan, arrodillado sobre los pañales, escarbando en el techo del lavabo portátil. El ex presidiario tuvo el tiempo justo para apartarse antes que el policía se girase en su dirección, alertado por una distorsión en su visión perimetral.

No era capaz de dar crédito a lo que acababa de presenciar. No había tenido ocasión se ver el color de sus ojos, pero tan solo echando un rápido vistazo a su atuendo y al color de su piel, enseguida concluyó que las sospechas del policía, de las que él mismo le hizo cómplice durante aquella noche en alta mar, se habían traducido en cruda realidad. Al ex presidiario se le acumulaban los secretos que guardar.

Desanduvo sus pasos andando hacia atrás, sin perder de vista la excavación, con el corazón latiéndole a toda velocidad en el pecho, y estuvo a punto de perder pie al pisar algo duro que se hundió todavía más en el lodo. Al levantar el pie, el ex presidiario descubrió una pistola automática, bastante parecida a la suya. No era la primera vez que la veía, y enseguida la reconoció: era el arma de la pequeña Zoe.

Un nuevo relámpago cruzó el cielo, y prácticamente al mismo tiempo que comenzó a sonar el trueno, empezó a llover. Christian ignoró la automática de Zoe y buscó refugio tras la caseta de obra que había a los pies de la grúa. Apoyó la espalda sobre la superficie de chapa y respiró hondo, tratando de mantener la compostura. El ruido de la tormenta le impedía saber qué estaba haciendo Morgan. Caminó hacia el extremo opuesto de ese lado de la caseta, y se asomó de nuevo, justo a tiempo de ver asomar la cabeza del policía por la rampa de la excavación. Estaba abandonándola, acuciado por la lluvia. Christian le tenía a tiro, y tan solo hubiese tenido que adelantarse un paso para acabar con él mucho antes que Morgan tuviera ocasión de saber de dónde venían los disparos. Ni siquiera se le llegó a pasar por la cabeza.

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comentarios
  1. Betty dice:

    Intrigadisima por saber cómo resolverá esta situación christian, llegado el caso será capaz de disparar a Morgan?

    • battysco dice:

      No le pueden disparar a matar si supuestamente, tal vez, quizás, a lo mejor, por alguna causalidad de la vida… nuestro jefazo David tiene algún otro plan para él. Si le matan ya nos podemos olvidar para siempre del señor Morgan.

      Estamos a punto de averiguarlo.

      Sonia.

  2. Angela dice:

    Quizas Cristian se convierta en otro infectado mas si no reacciona y mata a Morgan… es cuestion de vida o muerto vivo, por lo pronto ya sabemos que Zoe es una infectada.
    Gracias David por tan buenos capitulos, saludos a todos.

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