3×1106 – Vilo

Publicado: 30/05/2017 en Al otro lado de la vida

1106

 

Obra abandonada en el barrio de Bayit

6 de enero de 2009

 

Christian no daba crédito a la suerte que había tenido. Morgan no sólo no se había percatado de su presencia, si no que se había metido en la caseta de obra y se había echado cuan largo era en el suelo. El ex presidiario desconocía si había pasado desapercibido debido al ruido de la tormenta o al olor a desperdicios mezclado con el de la tierra mojada o si Morgan había decidido ponerse a cubierto sencillamente porque había empezado a llover, pero no estaba dispuesto a dejar escapar esa oportunidad de oro. No paraba de repetirse que no debía dudar un instante en acabar con él si las cosas se ponían feas, por más que el corazón le dictase lo contrario, pero si el propio policía le ponía las cosas más fáciles, no sería él quien se quejase.

Observándole de soslayo por la ventana, comprobó que incluso había cerrado los ojos, más que dispuesto a echarse a dormir. De todos modos, hacía mucho tiempo que había amanecido. Ya era hora. Christian estaba temblando de pies a cabeza, aún bastante abrumado por la situación. Venía con la intención de rescatar a Zoe y lo último que se le hubiese pasado por la cabeza era que acabase encontrando al policía ahí dentro. Había llegado a dar por hecho que jamás lo volvería a ver. Morgan no movió un músculo mientras el ex presidiario buscaba por las proximidades con qué encerrarle ahí dentro, pero sí se levantó a toda prisa cuando el joven atrancó la puerta con una de aquellas varillas corrugadas que tenían que haber servido para hacer la armadura de la cimentación.

Morgan no paraba de dar golpes a la puerta, tratando en vano de pasar al otro lado para hincharle el diente, pero Christian había hecho un muy buen trabajo con aquella barra de metal, tanto que temió que tendría serios problemas para sacarla de ahí si en algún momento decidía liberar al policía de esa cárcel de metal, lo cual ahora parecía cuanto menos descabellado. Resultaba evidente que esa no era la puerta original de la caseta. Todo apuntaba a pensar que sus antiguos dueños habían sufrido algún tipo de robo en el pasado, y habían sustituido la original por otra mucho más robusta, hecha enteramente de metal y con anclajes mucho más gruesos.

Christian respiró hondo, consciente que ahora venía la peor parte. Que Zoe había estado ahí esa mañana era un hecho. Aquella pistola automática no dejaba lugar a dudas. Si seguía ahí o no, era algo que el ex presidiario pretendía averiguar cuanto antes.

CHRISTIAN – ¡Zoeeeeee!

Los gritos y los golpes airados de Morgan se recrudecieron, pero Christian se esforzó por ignorarlos. El ex presidiario volvió a gritar el nombre de la pequeña, y se mantuvo en escrupuloso silencio acto seguido, mientras la lluvia, que se volvía más intensa por momentos, le empapaba la ropa. No obtuvo ni el más remoto amago de respuesta. Su propio instinto le dirigió al lugar del que había venido Morgan.

Bajó la rampa a toda prisa. Resbaló y a punto estuvo de caer de bruces al barro, pero consiguió mantener el equilibrio apoyando y hundiendo la mano izquierda en el lodo. Reptó por encima de la basura hasta alcanzar el lavabo portátil y entonces respiró hondo.

CHRISTIAN – ¿Zoe?

Las gotas de lluvia impactaban con saña contra la superficie de plástico del lavabo. En esos momentos, el intenso olor del producto químico luchaba por ganarle la hegemonía del hedor al de los pañales sucios y mojados. El ex presidiario seguía sin obtener respuesta y estaba poniéndose cada vez más nervioso. No le costó demasiado forzar con los dedos el dial que hacía de pestillo, que pasó de rojo a verde. Tiró de la puerta, que había quedado perpendicular al suelo, y ésta cayó a plomo contra un puñado de pañales sucios. Sintió un cosquilleo de felicidad al comprobar que ahí dentro estaba Zoe, que tenía la piel manchada de color azul. Su alegría se desvaneció al instante tan pronto vio el aspecto que lucía su cara y se le heló la sangre al ver la fea herida que lucía en la muñeca derecha, donde debía encontrarse la cinta violeta que había perdido. La niña o estaba muerta o había perdido el conocimiento.

Temblando de pies a cabeza, Christian la sacó con delicadeza del interior del lavabo y la llevó en volandas hasta la rampa. La colocó con suavidad boca arriba el en suelo, y aguantó la respiración mirando su pecho. Exhaló todo el aire de sus pulmones y gritó aliviado al comprobar que todavía respiraba. Zoe había conseguido salvar la vida después de todo. Christian la sujetó por los hombros y comenzó a zarandearla. Los golpes y los gritos de Morgan se extinguieron paulatinamente.

CHRISTIAN – Zoe. ¡Zoe despierta!

La siguió zarandeando un buen rato y se disponía a darle un bofetón en la cara cuando la niña emitió un gruñido y trató de agarrarle con la mano derecha. Christian reaccionó instintivamente: dio un respingo hacia atrás, y cayó de culo al suelo, a tiempo de ver abrirse el ojo de la pequeña que no estaba hinchado por los golpes. Lucía triste, pero de un color verde inmaculado. El ex presidiario, algo avergonzado, se maldijo a sí mismo por su salida de tono y se adelantó de nuevo para estar a su lado.

ZOE – ¿Chris?

Con el ojo entreabierto, la niña trató de nuevo de alzar la mano, y Christian se la sujetó con firmeza.

CHRISTIAN – Tranquila. Ya ha pasado…

Zoe hizo una rápida inspiración, repentinamente consciente del peligro al que estaban expuestos. La lluvia se volvía cada vez más fuerte.

ZOE – Christian, ¡ve con mucho cuidado! Morgan está por aquí. Es… Es… ¡Está infectado!

El ex presidiario se esforzaba por mirar a la niña a los ojos, pero no podía apartar de su cabeza la herida en forma de media luna que lucía en la muñeca. Él sabía perfectamente que la niña estaba vacunada, y negar que esa herida era de un mordisco sería estúpido. Se parecía demasiado a la que lucía Maya en la parte interior del muslo derecho.

CHRISTIAN – Tranquila, Zoe. Morgan ya no te volverá a hacer daño.

El ojo sano de Zoe se abrió por completo al tiempo que cambiaba por completo su expresión facial.

ZOE – ¿¡Lo has matado!?

Instantáneamente, Zoe comenzó a llorar.

CHRISTIAN – ¡No! No, no, no, no, no. No lo he matado. Lo he encerrado en la caseta, ahí arriba.

Zoe miró hacia donde señalaba Christian, y se relajó bastante.

ZOE – Él… no tiene la culpa de…

La niña tragó saliva, consciente de lo ridículas que sonaban sus palabras, después de todos los infectados que ella había matado sin el menor reparo. Se le formó un nudo en el estómago y comenzó a llorar de nuevo. Christian la abrazó, y le susurró al oído.

CHRISTIAN – Tranquila. Tranquila, pequeña. Ahora te llevaré de vuelta al barrio y… llamaremos a Abril para que te cure. ¿Vale?

Por algún motivo, las palabras de aliento de Christian, lejos de apaciguar el maltrecho espíritu de la pequeña, tan solo consiguieron hacer que llorase aún con más intensidad. Christian la abrazó con más fuerza, sintiéndose increíblemente impotente, y fue incapaz de no empezar a llorar, igual que ella.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Zoe esta infectada, ahora, a la reacción de los demas, bonito regalo de navidad.

  2. battysco dice:

    Dentro de lo malo no está mal del todo, al menos tenemos a Christian de una pieza y a Morgan vivito y coleando.

    Me imagino la cara de David cuando lee nuestros comentarios, seguro que más de una vez se ríe de lo lindo.

    Sonia.

  3. Fran dice:

    Espero por que, por todos los dioses del mundo, se salve Zoe de esa situación… Le he tomado un cariño tremendo a ese personaje.

    Fran

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