3×1110 – Irreconciliable

Publicado: 13/06/2017 en Al otro lado de la vida

1110

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

7 de enero de 2009

 

GUILLERMO – ¿Es esto lo que quieres para ella? ¿En serio, Bárbara?

Guillermo sujetó a Guille por la muñeca y le obligó a dar un paso en dirección a su tía. Bárbara sorbió los mocos escandalosamente. El niño gruñó, tratándose de zafarse de él. Lo consiguió sin demasiada dificultad y se dirigió al extremo opuesto del dormitorio, visiblemente inquieto. Se estaba poniendo nervioso por la subida de tono en la conversación entre su padre y su tía. Bárbara resopló airada. Su hermano no la había visto tan enfadada en mucho tiempo. Sólo el padre de ambos había conseguido llevarla hasta ese extremo.

Pasaban unos minutos de la medianoche y tanto Carlos como Abril habían abandonado el ático. La médico pasaría la noche en la habitación de invitados que Carlos había habilitado en su propio piso, escaleras abajo. Ezequiel se había quedado al cargo de la mansión, los animales y el invernadero. Ella se quedaría con ellos hasta que fuera preciso, por más que su presencia ya poco podía aportar. Zoe dormía en su propia habitación. Fuera ya había dejado de llover.

BÁRBARA – Tú no sabes lo que puede pasar si lo hacemos. ¡Tú mismo lo dijiste! Tan pronto puede no servir de nada como…

GUILLERMO – No vas a cambiar nada, Bárbara. Nada. Y si lo hicieras, no va a ser lo que esperas. No quiero darte falsas esperanzas.

BÁRBARA – Pero podríamos… evitar que…

El investigador biomédico negó con la cabeza, esforzándose en vano por hacerla entrar en razón.

GUILLERMO – No lo entiendes. El proceso ya ha empezado. Con esto como mucho podrías… prevenirlo. Pero antes. Ahora ya es tarde.

BÁRBARA – Quizá todavía estamos a tiempo. ¡No sabemos cómo funciona! Ha empezado esta misma mañana. Hace muy poco tiempo. Quizá… todavía podríamos curarla.

GUILLERMO – ¡No puedes curar algo que no existe! La infección esa de la que todo el mundo habla no… no existe. No es nada. Es una entelequia. No es más que una mala reacción entre dos fármacos. Ya no sé cómo explicártelo.

BÁRBARA – ¡¿Cómo tienes la sangre fría de decir eso después de toda la gente que ha muerto?!

Guillermo suspiró, consciente que estaba hablándole a la pared.

GUILLERMO – Lo siento, pero no puedo dártelo. Es lo único que queda. Es la única muestra que queda en la Tierra. No te lo puedo dar.

Bárbara comenzó a girar el anillo de pedida en su dedo. Se sentía como una bestia enjaulada, y en esos momentos hubiese abofeteado a su hermano.

BÁRBARA – Entonces qué, ¡¿dejamos que se muera?! ¿Aunque tengamos la posibilidad de salvarla? Aunque sea pequeña…

El investigador biomédico respiró hondo. Se sentía entre la espada y la pared, pero no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.

GUILLERMO – Bárbara. Los laboratorios ardieron hasta los cimientos. Medio Sheol fue reducido a cenizas. ¡Tú misma lo viste! Todo el trabajo, toda la documentación, todos los ordenadores, todas las muestras… Sólo conseguí salvar eso, y… ya lo estás viendo. Mira a tu sobrino. No es lo que tú quieres. Esa muestra es demasiado importante para utilizarla frívolamente. No puedes anteponer la vida de una persona individual al destino de la humanidad.

BÁRBARA – Hipócrita. Cínico. ¡Hijo de la gran puta!

Bárbara amenazó con golpear a su hermano, pero se lo pensó dos veces. Guillermo cayó en la cuenta de lo desafortunado que había sido su comentario.

GUILLERMO – Yo no sabía lo que iba a pasar, Bárbara. ¿Te piensas que lo hubiese hecho de saberlo? ¿Por quién diablos me tomas? ¡Por el amor de Dios, también era tu padre!

La profesora no pudo soportarlo más y estalló en llanto.

BÁRBARA – No puedo. No puedo. No puedo. No quiero oír una palabra más.

GUILLERMO – Bárbara.

Guillermo sujetó a su hermana por el antebrazo. Ella apartó el brazo con violencia, como si le hubiese quemado. Le brindó una mirada que le heló la sangre.

BÁRBARA – ¡Suéltame!

GUILLERMO – Barbie… escúchame.

BÁRBARA – Que me olvides. ¡Para mi estás muerto!

Bárbara se dirigió a la puerta y la abrió de un fuerte tirón. Al hacerlo se encontró de frente con Carlos, que se dirigía hacia ella visiblemente sobresaltado. Le cogió con la guardia baja, y soltó una exclamación.

CARLOS – ¿Se puede saber qué os pasa? Por el amor de Dios. ¿Sabéis qué hora es? Se os oye discutir desde el patio de luces.

BÁRBARA – Nada. No pasa nada. Déjame pasar. Aparta.

Bárbara echó a un lado a Carlos y abandonó la habitación. Cruzó medio pasillo y abrió con suavidad la puerta tras la que descansaba Zoe. La cerró y tomó asiento en el taburete que había junto a la cama donde dormía la pequeña. Apoyó los codos en las rodillas y comenzó a llorar, esforzándose por no despertarla. La niña estaba sumida en un profundo sueño, y tan medicada, que difícilmente podría haberlo conseguido.

Carlos giró del cuello de la puerta de la habitación de Zoe y fijó su mirada en Guillermo que se había quedado quieto como una estaca bajo el umbral. Guille se había hecho un ovillo en su cama, bajo las sábanas. Carlos se rascó la nuca, algo incómodo por la situación.

GUILLERMO – Estamos todos muy nerviosos. Será mejor que nos acostemos ya. Disculpa si te hemos molestado.

CARLOS – No… Descuida. Sólo que… Nada. Tienes razón. Descansa, que mañana será un día duro para todos.

Guillermo asintió y acompañó a Carlos a la entrada del ático, azuzándole para que le dejase en paz. Estaba todavía muy exaltado. Tan pronto el instalador de aires acondicionados pisó el rellano, Guillermo cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella. Cerró los ojos e inspiró profundamente. El corazón le latía a toda velocidad en el pecho.

Entendía la postura de su hermana. Él mismo se había encontrado en una situación muy parecida tiempo atrás y había arriesgado su vida ridículamente con tal de conseguir lo que ahora él le estaba negando a ella: una oportunidad. No obstante, estaba plenamente convencido que había tomado la decisión correcta.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Odio a Guillermo… lo odio profundamente!!!
    Es realmente un mal nacido…

  2. Sunkay dice:

    Estoy contigo, me sigue pareciendo la persona más egoísta del mundo mundial, y el más inconsciente también. Mira la que ha liado ya de principio, y ahora que tiene la oportunidad de “remendar” un poquito el mal que ha hecho, pues no, ahora si que le parece más importante el bien de la “humanidad”. Y digo yo, ¿qué humanidad, si por lo que ellos han visto quedan cuatro gatos, acosados y perseguidos?… nada, que es el tipo más egoísta del universo

  3. Betty dice:

    Yo detesto a Guillermo desde el primer día, pero tengo que reconocer que en este caso tiene algo de razón, salvar a Zoe para quedar cómo está Guille… No creo que Zoe deseara eso y sería muy triste verla en ese estado.

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