3×1119 – Mamá

Publicado: 11/11/2017 en Al otro lado de la vida

XXIII. ZOE

Nada es definitivo hasta que lo es

1119

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

9 de enero de 2009

 

Durante un instante todos aguantaron la respiración, expectantes.

Abril dio un paso atrás, colocándose bajo el umbral de la puerta, más que dispuesta a salir de ahí por piernas al primer atisbo de peligro. Christian notó cómo le corría una gota de sudor frío por la sien. Bárbara se había quedado inmóvil como una estatua, con la mano fuertemente aferrada a la cómoda, incapaz de asumir que sus peores pesadillas se habían hecho realidad. Zoe volvió a emitir aquél característico y escalofriante sonido que parecía reclamar su primera víctima.

ZOE – Mmha…

La niña adelantó uno de sus brazos en dirección a la profesora, con la evidente intención de agarrarla. Carlos no se lo pensó dos veces y tomó la iniciativa, consciente que si no lo hacía él, nadie más lo iba a hacer. No hasta que ya fuese demasiado tarde. Se llevó una mano al final de su espalda y asió la fría y dura pistola. La funda nórdica que cubría a Zoe cayó a plomo sobre su regazo tan pronto la niña se incorporó lo suficiente, con sus débiles y huesudas manos ya a escasos centímetros del cuello de Bárbara. Carlos la apuntó con la pistola, pidió perdón al universo tan solo moviendo los labios, y apretó el gatillo.

El estruendo resonó como una explosión en ese pequeño dormitorio con la ventana cerrada. Los gritos de Abril y de Christian se unieron al eco del disparo. Carlos se llevó la mano al antebrazo, donde Bárbara le había golpeado con una fuerza desmesurada. Pronto emergería la fea silueta de un moratón en el lugar del impacto. El agujero de bala que había hecho el proyectil en la pared, sobre la mesilla de noche, formó una pequeña nube de yeso y partículas de cerámica, aportando a la estancia un olor muy característico que enseguida se desvaneció.

La niña, algo sorprendida por todo aquél revuelo, giró un momento el cuello en dirección al instalador de aires acondicionados, pero enseguida volvió a centrar su mirada en Bárbara, que observaba a su vez a Carlos con una expresión a caballo entre la sorpresa y el odio desmedido. La profesora dejó de prestarle atención tan pronto Zoe volvió a abrir la boca.

ZOE – ¿Mamá?

Bárbara estuvo a punto de perder el conocimiento ante tal atropello de sentimientos encontrados. Pese al indiscutible mensaje que recibía por parte de sus ojos, inyectados en sangre como los de cualquiera de los cientos de infectados a los que ella misma había arrebatado la vida sin apenas contemplaciones, Zoe acababa de hablar. Pero los infectados no hablaban. Y la gente sana no tenía los ojos encharcados en sangre. Lo que quiera que fuese que Bárbara tenía delante no era ni una cosa ni la otra, y ello hizo que la profesora sintiese un desagradable malestar en el pecho.

BÁRBARA – No, cariño. No soy tu madre. ¿No te acuerdas de mí?

Zoe frunció ligeramente el ceño. Daba la impresión de estar muy desorientada e incluso algo mareada, pero en ningún caso parecía hostil. La profesora se esforzó por ignorar el insano color de los ojos de la niña, aunque no pudo evitar que se le erizase el vello de los brazos ante tal visión. Dejando a un lado la voz de su conciencia, y haciendo caso únicamente a la de su corazón, dio un paso al frente y la abrazó con fuerza. Las lágrimas no tardaron en brotar de sus ojos, lo cual parecía imposible, habida cuenta de cuántas había derramado las últimas horas.

La niña de la cinta violeta en la muñeca fijó su mirada irremediablemente en Carlos, que aún no era capaz de dar crédito a lo que estaba viendo y se acariciaba la zona del antebrazo donde había recibido el golpe. Ya no había rastro de la pistola que a punto estuvo de acabar con la vida de la pequeña. El instalador de aires acondicionados creyó leer en sus ojos un atisbo de reproche, y quizá por eso se sorprendió tanto al ver cómo la niña sonreía.

El eco de pasos atropellados subiendo las escaleras del bloque de pisos se apoderó de la estancia al tiempo que Bárbara apartaba a Zoe de sí y la sujetaba por los hombros, observándola de arriba abajo, incapaz de creer lo que acababa de ocurrir. Al parecer, aquél salto de fe desesperado que había obligado hacer a su hermano había surtido efecto. Aunque resultaba evidente que no el que ella esperaba, al menos la niña seguía con vida y a juzgar por su reacción, en mejor estado que el de su sobrino.

BÁRBARA – Zoe, cariño. ¿Sabes quien soy yo?

ZOE – Sí…

La profesora aguantó la respiración, sintiendo que la respuesta a esa pregunta delataría el estado mental de la niña. Era perfectamente consciente que si no obtenía la contestación deseada, se hundiría de nuevo.

ZOE – Eres… Eres Bárbara.

Bárbara estalló de nuevo en llanto y volvió a abrazar a Zoe, estrujándola sin contemplación. En ese momento el golpe del tirador de una puerta impactando contra la pared, seguido de pasos y jadeos nerviosos, hizo que los presentes se girasen hacia la entrada del dormitorio. Guillermo enseguida asomó el cuerpo por el umbral de la puerta, apartando a Abril para hacerse paso. Estaba muy exaltado.

GUILLERMO – ¿¡Qué ha pasado?! He escuchado un disparo.

Carlos quiso que se le tragase la tierra al notar media docena de ojos inquisitivos clavándose en él. Lo único que pretendía era evitar una tragedia, y había estado a punto de acabar con la vida de Zoe. Estaba convencido que Bárbara jamás se lo perdonaría. Por fortuna, la voz de la profesora enseguida le robó todo el protagonismo.

BÁRBARA – No ha pasado nada, Guille. Zoe está bien. Gracias a Dios, Zoe está bien.

Guillermo esbozó una tímida sonrisa. Tan solo él leyó en sus labios cómo la profesora decía “gracias” en silencio, y por primera vez desde el inicio de la epidemia, se sintió útil.

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comentarios
  1. Drock9999 dice:

    Ay juep………..
    Bueno, volvemos al arco inicial pero al menos yo, quedo en las mismas. No recuerdo que Guille tuviese sus ojos rojis pero Zoe si. El responder que la chica rubia es Barbara pudo ser reflejo de la previa presentacion. No se que pensar. Esperar el otro es lo unico que queda.

    D-Rock

  2. Angela dice:

    Excelente!!!
    Mi pregunta ahora es… de que se alimentara Zoe? Sera como Guille? Pues esta convertida en un “hibrido” entre humano y zombie!!
    La futura generacion de humanos😃

  3. Betty dice:

    ¡¡Espectacular!!
    Como dice Ángela, ahora se habren un montón de interrogantes sobre Zoe y guille. Porqué en Zoe si ha funcionado y parece la misma? Y sin embargo con guille no?

  4. battysco dice:

    Uyuyuyuyuy.

    Vengo de leer el capítulo anterior y se me ocurre meditar sobre lo siguiente:

    Si suponemos que Bárbara murió y Guillermo la resucitó…
    Si suponemos que Guille fue mordido y Guillermo intentó salvarle antes de morir y quedó en un estado híbrido…
    Si suponemos que Zoe ha muerto y gracias a Guillermo ahora resucita en un estado híbrido más leve que el de Guille…
    Se me ocurre que Bárbara resucitó porque no estaba vacunada y los otros dos quedan a caballo entre los dos estados por estar vacunados…
    Zoe no estaba muerta cuando le inyectó Guillermo aquello…
    Ni idea por qué Guille está peor que Zoe; tal vez no llegó a morir…; tal vez intentó salvarle con otra sustancia.
    Ni idea.
    Si a alguien se le ocurre algo que nos ilumine…

    Sonia.

    • Una ronda de reflexión de lo más interesante, ¿qué duda cabe?
      No me pronunciaré al respecto por no destripar nada, pero sí enfatizaré la importancia de tener todo eso presente.
      Todo será respondido en el momento adecuado. Espero que estéis gozando con estos nuevos capítulos. 🙂

      David.

  5. Angela dice:

    Ahora, con un monton de interrogantes y David diciendo que todo se debe tener presente, solo nos queda elucubrar, saludos a todos.

  6. Fran dice:

    Hombreeeee!
    Mi Zoe está viva (o no?)!!! Yupi!!!!!
    Bien, seguimos avanzando…
    No pares, David

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