3×1121 – Iteración

Publicado: 18/11/2017 en Al otro lado de la vida

1121

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

10 de enero de 2009

 

CHRISTIAN – Fue… fue poco antes de conocernos allá en el faro. Cuando… Íbamos a buscar el barco de Carlos, y encontramos el puerto vacío.

Maya asintió, aún masticando aquél reseco trozo de cecina. La mayor parte del embutido que tenían en la alacena del centro de ocio había sido consumido o había desaparecido en extrañas circunstancias. Ella estaba ya cansada de comer jamón, por más que las patas que tenían eran de una calidad excelente. A nadie más parecía gustarle la cecina, de modo que ella se había apropiado de un pequeño alijo, y de vez en cuando echaba mano cuando le entraba hambre entre comidas. Christian tragó saliva, nervioso. Esa no era la reacción que había esperado ante esa revelación que llevaba guardándose tanto tiempo.

MAYA – ¿Y estás seguro que era ella?

CHRISTIAN – Sí. Era igual que tú. Quiero decir… ella… era morena, y tenía el flequillo cortado así… recto.

El ex presidiario se llevó una mano a la frente y simuló el flequillo de Melissa, la hermana de Maya.

CHRISTIAN – Tenía como… muchos pendientes, y un piercing en la nariz, o en la ceja, pero… estoy convencido que era tu hermana. Por lo que me contaste…

MAYA – No. Está claro. Era ella. Tal como la describes…

CHRISTIAN – Por eso me llamaste tanto la atención cuando te conocí, allí en el faro.

Maya asintió y le pegó otro bocado al reseco trozo de cecina. Aún con la boca llena, continuó hablando.

MAYA – Joder, y parese que haga… mil años que pasó, todo eso. Ha cambiado tanto… todo, desde entonses. Tanto. Qué pena. Quiero desirParese que ya no nos…

La joven tragó saliva y respiró hondo, haciendo un gesto de negación con la cabeza al tiempo que chistaba con la lengua, algo apesadumbrada.

MAYA – Con la de noches que yo me he pasado llorando.

El ex presidiario asintió. Sin saber muy bien por qué, le vino a la memoria el recuerdo de su madre despidiéndose de él el día de su decimoctavo cumpleaños, cuando ocurrió el desafortunado incidente del carro de la compra. Se le hizo un nudo en el estómago.

CHRISTIAN – Tienes razón… Pero es importante que no olvidemos nunca de dónde venimos. Ni quienes somos.

Maya sonrió, y se disponía a darle un beso en la mejilla cuando el joven se giró al escuchar unos golpecitos en la puerta de entrada.

CHRISTIAN – Ya voy yo.

El ex presidiario se dirigió al recibidor mientras Maya envolvía lo que quedaba de cecina en aquél papel satinado y lo devolvía al armario de la cocina de donde lo había sacado. Cuando abrió la puerta de entrada Christian frunció el ceño al ver a Zoe, ataviada con un chubasquero turquesa con florecillas rosas. La niña tenía la mirada gacha, al parecer, observando con mucha atención las baldosas del suelo.

Esa misma mañana Abril había abandonado el barrio sola, del mismo modo que había venido, aprovechando la lluvia, pese a la insistencia de Carlos por acompañarla. Su trabajo ahí había concluido: Zoe estaba más sana que todos los demás juntos y no precisaba ningún tipo de atención médica. La normalidad había vuelto a Bayit, y pese a que la recuperación de la niña se había vuelto tema de conversación recurrente, todos lo habían integrado y de nuevo cundía entre ellos el habitual hastío propiciado por la rutina y la excesiva tranquilidad que reinaba en esa zona de la isla.

ZOE – Hola, Chris.

CHRISTIAN – ¿Qué haces aquí tan pronto?

Zoe se asomó al interior del piso, mostrando así sus ojos a Christian, que no pudo evitar que se le erizase el vello de los brazos. Por fortuna la niña no se dio cuenta. Maya se acercó al recibidor y cogió con total normalidad una chaqueta de plumas de uno de los percheros que pendían de la pared.

MAYA – Hola, cariño. ¿Qué tal te encuentras?

La niña de la cinta violeta en la muñeca volvió a agachar la mirada, rehuyendo los ojos de Maya. Ella no se dio cuenta, y se vistió con la chaqueta, a la que subió la cremallera hasta el cuello.

ZOE – Bien. Me encuentro… muy bien. He dormido como un tronco.

La adolescente le acarició el pelo, con una sonrisa en los labios.

MAYA – Me alegro. Me alegro mucho. Bueno, yo… me voy ya, que empiesa mi turno con los bebés, y con la tontería al final se me ha ido el santo al sielo. Carlos me va a echar la bronca, que dise que siempre que me toca con él llego tarde.

Christian le hizo paso y le regaló un beso en la mejilla. Se moría de ganas de hacerlo en la boca, pero eso era algo que ya había integrado, y por fortuna, incluso normalizado.

ZOE – Coge un paraguas, que está lloviendo.

MAYA – No. No hase falta, si… voy aquí al lado mismo. Ya iré pegadita a la fachada. Pero grasias. Os dejo hablando de vuestras cosas.

Ambos asintieron y vieron cómo la joven bajaba las escaleras canturreando alegremente.

CHRISTIAN – Ya te podías haber esperado un rato más.

ZOE – Pero…

CHRISTIAN – Al final vas a conseguir que nos pillen.

ZOE – Me prometiste que iríamos.

CHRISTIAN – Sí. Que sí… ¿Qué tienes ahí?

El ex presidiario señaló la bolsa que sostenía la pequeña, y ésta le mostró su contenido. Había un comedero para perros, una botella de dos litros de agua y varias bolsas y latas con comida. Christian puso los ojos en blanco.

CHRISTIAN – Madre mía, Zoe. Eres la reina de la discreción.

ZOE – ¡Tiene que estar muerto de hambre!

CHRISTIAN – Yo no te lo discuto, pero…

ZOE – ¿Vamos a ir, o no?

CHRISTIAN – Que sí, pesada. ¡Madre mía!

Zoe sonrió, y por un momento se tomó la libertad de levantar la mirada. Christian se encontró de frente con aquellos ojos inyectados en sangre, y esbozó una sonrisa fingida. Le costaría mucho normalizarlo.

Ambos bajaron las escaleras en silencio, confiando no encontrar miradas indiscretas en su peregrinaje al solar abandonado.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Buenas a todos,
    Ahora Zoe esta alimentando a Morgan… yo se quien se lleva los jamones… y no es Zoe.

    • Betty dice:

      Jajajaja, me parece que se a quién tienes en mente Angela, será Juanjo 😜
      Parece que Zoe al final va a tener algo en común con Paris…

  2. Angela dice:

    Siiii🤣

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