3×1122 – Tolerancia

Publicado: 21/11/2017 en Al otro lado de la vida

1122

 

Extramuros del barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

10 de enero de 2009

 

ZOE – Son mis ojos, ¿verdad?

Christian apartó la mirada, avergonzado, consciente que llevaba un tiempo mirándola de reojo con todo descaro. Creía que no se había dado cuenta.

CHRISTIAN – Lo siento.

La pequeña de la cinta violeta en la muñeca con aquella fea cicatriz en forma de media luna agachó la mirada, apesadumbrada. Christian paró en seco su avance y ella le imitó, pero con la cabeza ladeada en dirección opuesta, impidiéndole ver sus ojos, algo más brillantes de lo habitual.

CHRISTIAN – Lo siento, Zoe. Supongo que… tendré que acostumbrarme. Es…

ZOE – No. No pasa nada, Chris. No es tu culpa.

Al ex presidiario se le hizo un nudo en el estómago al escuchar cómo le temblaba la voz a su amiga.

ZOE – Es cosa mía, pero…

Zoe sorbió los mocos.

ZOE – Además, me molesta mucho tanta luz. Es… muy…

Christian frunció el ceño. Echó un vistazo al cielo, completamente encapotado. Hacía algo más de una hora que había dejado de llover, pero era un día bastante oscuro.

CHRISTIAN – ¿Tanta luz?

ZOE – No sé… Me pican los ojos. Me escuecen. Es como… como si tuviese que… Bah, da igual.

El ex presidiario suspiró, sin saber muy bien cómo tranquilizarla. Ese no era uno de sus fuertes.

Ambos se mantuvieron en silencio el corto trayecto que les separaba de la obra inacabada. No habían encontrado el más mínimo atisbo de hostilidad por el camino. Entraron con cautela y cerraron tras de sí, perfectamente conscientes que estaban incurriendo en una actitud abiertamente temeraria e indisciplinada. A ninguno de los dos parecía importarle lo más mínimo. Christian se sentía en deuda con Zoe porque le había mentido: no había vuelto a visitar a Morgan ni una sola vez desde que ambos abandonaran el solar hacía cuatro largos días. Zoe, por su parte, sentía la imperiosa obligación de cuidar del policía, pese a que éste había estado a punto de enviarla al otro lado de la vida.

Christian invitó a Zoe a quedarse donde estaba y se acercó con paso dubitativo hacia la caseta de obra donde presumiblemente seguiría encerrado Morgan. No hizo falta siquiera que llegase hasta ahí para averiguar que, en efecto, el policía seguía dentro.

Los gritos y los golpes iracundos de Morgan desde el otro lado de los barrotes de la ventana desde la que había visto al ex presidiario dejaron a éste mucho más tranquilo. De haber llegado y encontrado al policía muerto de inanición se hubiese sentido fatal. Pese a que sabía que no era más que un infectado, como cualquier otro de los que deambulaban por la isla, no podía evitar ese tipo de reflexiones. No en vano, si él seguía con vida era gracias a Morgan. De lo contrario, ahora sería un cadáver huesudo y reseco metido aún en aquella pequeña celda en la prisión Kéle.

Morgan llevaba demasiado tiempo a solas, esforzándose en vano por encontrar el modo de salir de ahí. No era la primera vez que pasaba por algo parecido desde que perdió la condición de humano como tal, pero esta nueva etapa le estaba resultando mucho más angustiante que la primera, de la que se libró por mero azar. El modo cómo sacudía los barrotes desesperadamente hizo que Christian temiera que acabase arrancándolos, pese a que tal idea resultaba ridícula. Eran demasiado fuertes y firmes. Morgan estaba increíblemente exaltado.

El ex presidiario trató de calmarlo, hablándole, pero ello no hizo si no aumentar más su estado de excitación. Acabó dándose por vencido al poco, mientras Zoe les observaba a ambos desde una distancia prudencial, donde Christian la había hecho quedarse, aún sujetando aquella pesada bolsa llena de alimento para el policía. Christian volvió con ella, negando con la cabeza. Podrían echarle la comida entre los barrotes sin demasiada dificultad, pero en ese estado, ofrecerle algo que beber, sin que se lo echase todo encima, resultaba inverosímil. El ex presidiario empezó a arrepentirse de haber venido, y más aún de haber traído consigo a Zoe.

CHRISTIAN – No hay manera. Está demasiado nervioso.

Ambos miraron hacia la caseta de obra. Morgan se había calmado, y pese a que le veían deambular inquieto de un extremo al otro de la pequeña sala, ya no gritaba ni agredía el mobiliario.

ZOE – Déjame acercarme a mi. Quizá…

CHRISTIAN – ¿Pero qué más da? A la que nos acerquemos cualquiera de los dos, se va a poner igual. ¿No lo has visto?

ZOE – Déjame intentarlo al menos…

Christian alzó ambos hombros, mostrando su indiferencia al respecto. Sujetó la bolsa que le ofrecía la niña y vio cómo ésta se acercaba a la caseta de obra, a paso más ligero que el suyo. El ex presidiario frunció ligeramente el ceño al comprobar que Morgan la estaba mirando desde el otro lado de los barrotes, pero que no mostraba signo alguno de hostilidad, a diferencia de cómo se había comportado con él. La pequeña se giró hacia el ex presidiario, con una expresión de asombro en el rostro, y Christian se rascó la cicatriz en forma de ele que tenía sobre la oreja izquierda.

Zoe llegó hasta la caseta sin haber conseguido despertar la ira del policía. Éste se acercó a los barrotes y posó su mano derecha sobre uno de ellos. El estado de su piel y sobre todo el de sus uñas hizo que Zoe sintiera un nudo en el estómago.

ZOE – Hola, Morgan.

El infectado ladeó ligeramente la cabeza y emitió un corto sonido con la garganta, parecido al ronroneo de un gato. Zoe se giró de nuevo hacia Christian, tratando de corroborar que no eran imaginaciones suyas. Morgan parecía estar ignorándola a voluntad, pero era perfectamente consciente que la niña estaba ahí, porque la estaba escrutando con la mirada, a un escaso metro de distancia. Nada de eso albergaba el menor sentido para él.

Christian sintió la necesidad de gritarle a Zoe que se apartase cuando ésta acercó su brazo a la ventana y acarició la alborotada y entrecana barba del policía. El ex presidiario no daba crédito a lo que veían sus ojos. Morgan empujó la mano de la niña con la cabeza, apartándola de sí en un gesto instintivo, pero no hizo el menor amago de morderla. Lo que sí hizo fue olisquearla, arrugando el entrecejo, mientras Zoe la dejaba en la misma posición, con los dedos temblorosos suspendidos en el aire. La apartó rápidamente tan pronto vio que el policía empezaba de nuevo a ponerse nervioso y a gritar, y dio un paso atrás, asustada, al tiempo de ver a Christian aproximándose al trote hacia ambos.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Me imagino que Morgan no le volvera a hacer daño a Zoe, ella esta infectada, ademas Morgan ya cuido de un infectado pequeño por un tiempo… el instinto de proteger no se le quito en la otra vida.

  2. Fran dice:

    Coincido Ángela, seguro que Morgan ya no hace daño a Zoe. A ver qué pasa ahora…

  3. midy dice:

    la cuestion es,solo morgan actuara asi con zoe o todos los infectados?tendra zoe ahora alguna influencia sobre los infectados?ummm interesante

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