3×1124 – Improbable

Publicado: 28/11/2017 en Al otro lado de la vida

1124

Obra abandonada en el barrio de Bayit

10 de enero de 2009

 

Christian se sorprendió al comprobar que estaba mordiéndose los padrastros de los dedos. Hacía años que había abandonado esa mala costumbre. Apenas la recordaba como un motivo recurrente para que su madre le riñese cuando era niño. Apartó la mano de la boca y agitó la cabeza a lado y lado, mientras gruñía.

Estaba sentado con la espalda contra la valla de la obra abandonada, a al menos treinta metros de la caseta. No podía apartar la mirada de su puerta cerrada, tras la que se encontraban Zoe y Morgan, y era incapaz de dar crédito a la sucesión de acontecimientos que había llevado a ambos hasta ese punto: no comprendía cómo lo había permitido. Aún parecía conservar la capacidad para sorprenderse.

El corazón luchaba por salírsele del pecho. La última vez que estuvo ahí con Zoe, la había salvado de las garras de Morgan por mera suerte. De no haber sido por su revelación al ver la cinta violeta en poder del pequeño Josete, el policía habría acabado sin duda accediendo al lavabo portátil y haciéndola trizas para alimentarse de su cadáver acto seguido. Ese era su instinto, lo cual contradecía en gran medida lo que ahora estaba ocurriendo tras aquella pared de chapa.

Lo único que escuchaba Christian desde ahí era la voz calmada y aflautada de Zoe en la lontananza, charlando tranquilamente con Morgan, como si nada hubiese ocurrido en aquél lujoso trasatlántico. La niña estaba conversando amistosamente con un infectado, encerrada con él en aquél pequeño cubículo del que no había manera de escapar. A esas alturas debía estar muerta; Morgan dándose un festín con sus entrañas. Pero nada más lejos de la realidad. Nada de eso tenía el menor sentido para él. Notó un cierto mareo y cerró los ojos con fuerza.

Rechazó por enésima vez la tentación de acercarse a ver qué ocurría, consciente que si lo hacía volvería a poner nervioso al policía, lo cual podría traducirse en un problema mayúsculo para la pequeña. De repente la voz de Zoe cesó sin previo aviso. Christian aguantó la respiración y tragó saliva, seguro que eso se traduciría en malas noticias en cuestión de segundos. Y todo sería por su culpa. Lo que ocurrió a continuación le dejó aún más perplejo.

La puerta de la caseta de obra se abrió lentamente y Zoe salió de ahí de espaldas, despidiéndose de Morgan agitando la mano en cuya muñeca lucía la cicatriz de su mordisco. La niña cerró la puerta a su paso y la trabó con aquella gruesa barra, asegurando de ese modo que el policía no podría escapar. De todos modos, Morgan estaba ocupado alimentándose con los manjares que Zoe le había traído como para preocuparse por huir. Estaba demasiado hambriento.

Christian azuzó a Zoe para que se acercase hacia donde él estaba. La niña ya no llevaba en su poder la bolsa, y por ende su contenido: debió de haber quedado dentro, en posesión de su nuevo dueño. Tan pronto llegó a su altura, Christian la atrajo hacia sí, con cierta virulencia. La agarró de los hombros y la obligó a dar media vuelta sobre sí misma, observando toda su ropa y su piel expuesta, levantando las mangas del chubasquero y buscando cualquier marca de heridas recientes.

CHRISTIAN – ¿Estás bien, te ha hecho algo?

Zoe sonrió, sorprendida y reconfortada al verle tan preocupado.

ZOE – No. Se ha portado muy bien. Lo que tenía era hambre. Tendrías que haber visto cómo comía. Pobre…

CHRISTIAN – Pero… Pero… No entiendo nada. ¿Por qué no te ha atacado?

ZOE – Debe de ser… porque estoy infectada.

Zoe agachó la mirada, avergonzada. Pese a que había salvado la vida, aún se sentía abochornada por lo imprudente que había sido.

ZOE – Los infectados no se atacan entre sí. Debe pensar que soy… como él. Y… por eso no me ataca. Eso es una suerte. Así podré darle de comer siempre que…

El ex presidiario negó, agitando la cabeza con rapidez, rechazando la reflexión de la pequeña por lo absurda que resultaba.

CHRISTIAN – No. Eso no tiene sentido, Zoe. Maya también está infectada. Bárbara también lo está. Y los infectados no… no… A ellas… Ellos nunca…

ZOE – No lo sé, Chris. Pero… ya has visto cómo se ha puesto contigo, y… lo tranquilo que se ha quedado cuando me he acercado yo. Alguna diferencia tiene que ver… él.

CHRISTIAN – Pero no puede ser.

Zoe frunció ligeramente el ceño, mientras Christian seguía dándole vueltas a la cabeza.

CHRISTIAN – Pero… no… no… no puede ser. Si tú has sobrevivido a… la infección, los infectados deberían tratarte igual que a… cualquiera de los demás. Sois iguales.

ZOE – No. Maya y Bárbara no estaban vacunadas cuando se infectaron. Yo sí.

Christian levantó ligeramente el mentón y miró al cielo nublado, reflexionando.

ZOE – Al igual es eso, es porque yo sí estaba vacunada. Por eso tengo los ojos… así.

CHRISTIAN – Pero a ver… ¿tú estás segura que estás vacunada?

Zoe frunció ligeramente el ceño.

CHRISTIAN – Toda la gente que está vacunada y se infecta, se muere… se… transforma en un infectado. Lo hemos visto mil veces. ¿Estás cien por cien segura?

ZOE – Yo… Eso me dijeron mis padres.

CHRISTIAN – Pues al igual… te engañaron.

ZOE – No sé, Chris…

CHRISTIAN – Yo es que no entiendo nada…

ZOE – ¿Pero qué más da? No hay nada que entender. Es una suerte que así sea, no le demos más vueltas…

El ex presidiario negó con la cabeza.

ZOE – Aunque claro… si él no me ataca, quizá otros infectados…

CHRISTIAN – Zoe. No digas eso ni en broma. ¿No la has liado suficiente ya?

Zoe se ruborizó, consciente que Christian estaba en lo cierto. Ambos escucharon estornudar escandalosamente a Morgan en la distancia, y se giraron hacia la caseta de obra, abstrayéndose momentáneamente de la conversación.

CHRISTIAN – Venga va, vamos a volver, antes que nos echen de menos.

ZOE – Sí. Será lo mejor.

Ambos volvieron sobre sus pasos, dejando a Morgan bien ahíto y con comida y agua suficientes para seguir alimentándose al menos un par de días, incluso a ese ritmo. Por fortuna, volvieron al barrio mucho antes que nadie les echase de menos, y nadie les sorprendió al acceder al recinto de la escuela, por el mismo lugar por donde habían salido.

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comentarios
  1. Fran dice:

    ZOE – Yo… Eso me dijeron tus padres.
    David, entiendo que quieres decir: “Eso me dijeron mis padres”
    No?
    A otra cosa… Me encanta la dirección que lleva la trama.
    Cuándo se lo van a decir a los demás?
    Conseguirá Guillermo la cura?
    Ay, no sé…

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