3×1126 – Semejantes

Publicado: 05/12/2017 en Al otro lado de la vida

1126

 

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

10 de enero de 2009

 

Zoe acercó de nuevo la mano a los barrotes y entregó a Nuria otro pedazo de salchicha. El tarro de cristal del que las sacaba ya sólo contenía el líquido que hasta ahora las había conservado en perfecto estado. La infectada lo agarró con las manos sucias, con aquellas uñas incipientes que, contra todo pronóstico, volvían a crecer. Se le resbaló, de igual modo que gran parte de las anteriores que la niña le había ofrecido. Zoe puso los ojos en blanco, algo divertida, al ver cómo la joven trataba sin éxito de alcanzarlo. El pedacito de carne había caído al suelo fuera de la hedionda jaula en la que ella vivía, y Nuria trataba en vano de estirar su brazo para poder hacerse con él. Tan pronto Zoe se lo devolvió, la infectada consiguió llevárselo a la boca. Lo masticó torpemente con las encías, pues carecía de dientes, pero era un manjar tan blando que dicha tarea no le resultó en absoluto problemática.

La pequeña de la cinta violeta en la muñeca había decidido visitar a Nuria tan pronto se despidió de Christian, hacía escasos veinte minutos. La experiencia cara a cara con Morgan le había dejado muy trastocada, pues no esperaba despertar tal reacción en el policía. Más bien al contrario, esperaba despertar una reacción violenta, y no una pasividad de semejante calibre. Verle en tan lamentable estado la entristecía mucho, pero después de haber podido compartir aquellos minutos a solas con él, devolviéndole una ínfima parte de todo cuanto él le había entregado a ella, por el mero hecho de alimentarle cuando era evidente que estaba hambriento, se sintió mucho mejor. La reacción de la joven infectada no hizo si no corroborar sus sospechas.

Al entrar a la trastienda de la tienda de animales Nuria se exaltó bastante, lo cual sorprendió a Zoe. No en vano, había estado durmiendo plácidamente hasta ese momento, y la irrupción de la niña la había cogido con la guardia baja. Zoe, contrariada, se acercó a ella y asintió satisfecha al comprobar que Nuria, pese a tenerla bien presente, no mostraba signo alguno de nerviosismo o ganas de atacarla, como sí había hecho con anterioridad en infinidad de ocasiones en la periferia del ya extinto hotel. Lo que siguió fue como una repetición de cuanto había vivido hacía tan poco tiempo en la caseta de obra: una niña aparentemente sana alimentando a mano desnuda a un infectado, con la salvedad que en esta ocasión, a ambas les separaban aquellos gruesos barrotes. No hubieran hecho la menor falta.

Zoe, y pese a que tal ejercicio era inútil, no paraba de hablar con Nuria y de hacerle preguntas. Su barriga había empezado a hincharse levemente, y aunque cualquiera podría jurar que se trataba de un simple empacho, la niña sabía que no era así. La infectada estaba en estado de buena esperanza, y Zoe tenía mucha curiosidad por saber el resultado de tan inesperado embarazo.

La niña pelirroja se limpió las manos en un pedazo de tela que había colocado sobre una de las jaulas más pequeñas, en las que antaño debieran haber vivido grandes roedores o quizá conejos. Se acercó de nuevo a la puerta de la jaula que retenía a Nuria, y se disponía a despedirse de ella cuando escuchó un ruido a sus espaldas. La infectada, que hasta el momento había estado excepcionalmente tranquila, si no incluso adormilada, enloqueció. Se agarró a los barrotes y comenzó a agitarlos al tiempo que gritaba aquellas incongruencias tan propias de quienes estaban aquejados de aquella insensata enfermedad.

Zoe a duras penas tuvo ocasión de apartarse un poco de la jaula, algo asustada ante tanto frenesí, cuando vio entrar a Paris por la puerta de la trastienda. La expresión risueña y desenfadada del dinamitero, que había venido a la tienda de animales con idéntico propósito que el de la niña, alimentar a Nuria, se tornó en un rictus a medio camino entre la sorpresa y la ira al descubrir su presencia ahí dentro.

PARIS – ¡¿Se puede saber qué haces aquí?!

Zoe agachó la cabeza entre los hombros. Pese a que ambos habían aprendido a tolerar la presencia del otro, Zoe nunca se había sentido del todo cómoda en presencia del dinamitero. Él, de igual modo, siempre había mantenido las distancias con ella. Y ahora con más razón. Paris sintió un escalofrío en la espalda al ver sus ojos inyectados en sangre. Tenía la sensación de estar hablando con una infectada, algo contra natura, pues su instinto era el de tenerle una bala entre ceja y ceja. Verla ahí, en su pequeño recinto privado de soledad y reflexión, le puso de muy mal humor.

ZOE – He venido a ver a Nuria… Yo…

PARIS – ¡¿Pero quién te ha dado permiso a ti para entrar aquí?! ¿No os he dicho mil veces que esto es cosa mía, que no la molestéis?

El dinamitero no pudo evitar dar un golpe con los nudillos en la pared de chapa de una de las jaulas que había sobre la estantería que tenía a su lado, lastimándose los nudillos. Zoe tragó saliva, temiendo por primera vez por su seguridad. Paris no tardó en reparar en el tarro de salchichas, y puso los ojos en blanco.

PARIS – Encima le has estado dando de comer.

ZOE – Sólo… sólo unas pocas salchichas. Es que…

PARIS – Fuera de aquí. ¡Fuera!

Zoe tragó saliva y desanduvo el camino que le había llevado al extremo de la trastienda, intentando en todo momento mantenerse lo más alejada posible del dinamitero, que no le perdía ojo.

ZOE – Lo siento…

PARIS – ¡Que te vayas!

Tan pronto cruzó la puerta, corrió en la semipenumbra de la tienda hasta la puerta principal y salió por ella a toda prisa, sin mirar atrás.

Con el corazón aún latiéndole a toda velocidad en el pecho llegó hasta la esquina, desembocando en aquella larga calle que habían colonizado al Apocalipsis, y se sorprendió a sí misma al sonreír. En ese momento se sintió invencible, como una superheroína: todo apuntaba a pensar que era invisible para los infectados.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Excelente, ahora Zoe va a ponerse mas imprudente… 🤔

  2. Fran dice:

    Sí, y el grupo ha de valorar el enorme valor que que tiene poseer una persona que puede moverse entre los infectados sin peligro, pero… qué pasará si Zoe se encuentra a un grupo de supervivientes??
    Más le vale que empiece a usar gafas de sol para taparse los ojos!!!

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