3×1128 – Pupilo

Publicado: 12/12/2017 en Al otro lado de la vida

1128

 

Obra abandonada en el barrio de Bayit

22 de enero de 2009

 

ZOE – ¡No!

Morgan gruñó, molesto, bufando por la nariz, pero acató la orden de la niña. Soltó la mochila, que cayó aparatosamente al suelo. El sonido metálico de la pistola que había en su interior hizo que Zoe reflexionase sobre su ya inútil costumbre de llevarla consigo a todos lados. Era evidente que el infectado lo que buscaba era más comida, al haber visto a la niña sacar de ahí en más de una ocasión. Ella sonrió, orgullosa de su logro, y como recompensa le entregó otra aceituna. Al policía le encantaban. Si bien la comunicación era muy complicada, Morgan cada vez comprendía mejor sus órdenes, y poco a poco las acataba.

Pese a que los avances eran muy lentos, la pequeña había conseguido enseñarle muchas cosas a Morgan desde que empezó a escaparse de madrugada para estar con él. Últimamente no necesitaba dormir mucho para descansar, y aprovechaba las horas alrededor del alba para acercarse a la obra abandonada y pasar tiempo con el policía. Desde órdenes sencillas como mandarle avanzar o pararse durante sus paseos en el solar de la obra, ponerse en pie o sentarse, hasta jugar pasándose una pelota el uno al otro, el progreso no parecía tener fin. El policía, pese a su naturaleza dispersa, aprendía muy rápido, y Zoe estaba convencida que con el tiempo conseguiría incluso enseñarle a hablar, pese a que todo intento hasta el momento había resultado absolutamente estéril.

Tan solo había venido en una única ocasión más en compañía de Christian desde la primera vez, cuando descubrió que los infectados la trataban como una igual. Ella confió en él ese secreto, y Christian se mostró bastante escéptico, insistiendo en que no se confiase. Ella estaba convencida que lo que tenía era envidia, y por eso se esforzó en no volver a sacar el tema. Desde entonces, y pese a que habían pasado mucho tiempo juntos, la mayor parte al cuidado de los bebés, no volvieron a hablar de Morgan.

ZOE – Ahora siéntate, que me tengo que ir.

El policía eructó, pero no se movió de donde estaba. La niña de la cinta violeta en la muñeca hizo un gesto con su mano derecha, señalando la tumbona y haciendo movimientos descendentes. Eso lo habían practicado mucho el día anterior. Morgan pareció comprender ahora a lo que se refería, y tomó asiento. Entendía mucho mejor los gestos que las órdenes verbales. Las dos aceitunas que obtuvo en recompensa por su acción hicieron que ésta valiera la pena. Zoe se dio media vuelta y caminó hacia la entrada. Junto a la puerta descansaba el barreño con el agua ya sucia y la esponja con la que la niña le había estado aseando a conciencia esa misma mañana. Abrió la puerta y se dio media vuelta. Morgan seguía ahí sentado, mirándola con aquella expresión curiosa que hacía entrever un atisbo de inteligencia en aquellos ojos inyectados en sangre.

ZOE – Hasta luego, Morgan.

Zoe cruzó el umbral de la puerta, y al salir se vio en la obligación de cerrar con fuerza los ojos, molesta por el exceso de luz. Por fortuna, había encontrado una solución a ese problema hacía cosa de una semana. En realidad, la idea fue de Olga, que se lo sugirió una tarde que estaban jugando a juegos de mesa en su casa. Ahora Zoe iba a todos lados con unas gafas de sol, con las que servía a dos propósitos: por una parte conseguía paliar en gran medida la molestia que la luz solar ejercía en sus ojos de infectada, y por otra, evitaba que les demás pudiesen ver aquellos tenebrosos ojos rojizos que tanto la avergonzaban. Si bien no podía solucionar ese problema, al menos así suavizaba sustancialmente sus principales efectos nocivos.

Pese a que había salido rayando el alba, como era habitual en ella los últimos días, se le había hecho algo más tarde que de costumbre, y temía que alguien pudiese sorprenderla al volver al barrio. La niña se puso las gafas de sol y se giró al notar que Morgan la había seguido. El infectado se encontraba a un paso de ella, frente la puerta. Ladeó ligeramente la cabeza. Parecía triste.

ZOE – No, Morgan. Lo siento, pero no podemos pasear ahora. Me tengo que ir, que hoy vamos a visitar a Abril. Tú no la conoces, pero es una mujer muy buena. Es médico, y nos ha cuidado mucho desde que la conocimos. Además, si me quedo más tiempo, se van a preocupar. Y pueden empezar a sospechar.

Morgan observaba a la niña casi sin pestañear. Cualquiera hubiera podido creer que le estaba prestando atención e incluso entendiendo lo que decía, de no haber sabido que eso era imposible.

ZOE – Te tendrás que quedar aquí, pero en cuanto vuelva me pasaré a verte, ¿vale?

El infectado sorbió los mocos formando un gran escándalo. Zoe no pudo evitar reír. Morgan eructaba y soltaba ventosidades sin el mejor reparo, y eso a ella le resultaba hilarante.

ZOE – Qué asqueroso eres.

La niña se acercó al infectado y le brindó un beso en la mejilla. Morgan se dejó hacer. Cuando Zoe le sujetó por el brazo y le llevó de nuevo al extremo opuesto de la caseta de obra, Morgan tomó asiento de nuevo en aquella vieja tumbona. Al principio, a Zoe le había resultado muy chocante tal nivel de sumisión, pero ahora le parecía lo más normal del mundo. No en vano, ella lo que quería no era humillarle, si no reeducarle, y recuperar al amigo que le había salvado la vida en aquél río hacía tanto tiempo. Pese a que sabía perfectamente que eso no lo podría conseguir jamás.

En esta ocasión Morgan no la siguió. Zoe cerró tras de sí y abandonó la obra de bastante buen humor. Después de todo, hoy rompería la monotonía y podría probar la excelente repostería de la médico, con la que sin duda les agasajaría tan pronto llegasen a la mansión de Nemesio.

Al llegar de nuevo al barrio, convencida que nadie la había visto, vio emerger una silueta del baluarte norte. Incluso a esa distancia pudo ver que se trataba de Christian, que la juzgaba críticamente con la mirada, con una expresión disgustada en el rostro. Ella agachó la cabeza y siguió adelante, esforzándose por ignorarle, consciente que más tarde o más temprano tendría que dar explicaciones por sus idas y venidas. No obstante, estaba dispuesta a demorarlo todo lo posible.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Zoe de maestra… me preocupa mas la visita a Abril, ya quiero saber que va a pasar cuando conozcan al huesped de esta y la reacción del grupo 🤔

  2. Fran dice:

    Todo apunta que el huésped nos sorprenderá…

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