3×1129 – Rezagadas

Publicado: 16/12/2017 en Al otro lado de la vida

1129

Barrio de Bayit, ciudad de Nefesh

22 de enero de 2009

 

Christian trasteaba con sus herramientas en el motor de la furgoneta bajo la atenta mirada de Fernando. No hubiera hecho la menor falta esa última revisión antes del viaje, pues el vehículo estaba en perfectas condiciones, pero Fernando quería poner a prueba a su pupilo. Al parecer se le estaba dando bastante bien. El vehículo ahora más bien parecía un pequeño tanque en miniatura, absolutamente inescrutable para los infectados. El mecánico se sentía increíblemente orgulloso de su trabajo, y estaba ansioso por poder comprobar qué tal funcionaba fuera de los muros de aquella pequeña colonia que se había convertido con el tiempo en una nueva celda en la que vivir, mucho más espaciosa y concurrida que la que compartía con Christian en Kéle, pero no por ello menos claustrofóbica.

Estaban prácticamente todos congregados en el patio de la escuela, alrededor de la furgoneta, bien abrigados, charlando distendidamente. Tan solo faltaban Maya y Marion, que estaban a punto de acabar su último turno al cargo de los bebés. Incluso Paris se había apuntado a la excursión relámpago al campo, para sorpresa de todos. Al parecer, la visita de Abril de primeros de año había suavizado mucho su trato con ella, y él, en esos momentos, hubiese matado por romper la tediosa monotonía en la que se había convertido su vida las últimas semanas. Estaba impaciente por partir.

La joven de los pendientes en forma de perla se despidió de sus compañeros y se dirigió al centro de día. Olga había decidido, unilateralmente, que ella y su hermano se quedarían en el barrio al cuidado de los pequeños mientras los demás se dirigían a la mansión de Nemesio. Gustavo no estaba muy de acuerdo, pero tras más de una discusión con ella, había acabado dando su brazo a torcer, aunque sólo fuese por no oírla. A Juanjo hacía varios días que nadie le vía el pelo. Vivía recluido en su casa al final de la calle larga, y ya no acudía siquiera a comer con ellos, mucho menos a cuidar de los bebés. Nadie parecía echarle en falta, no obstante.

Tan pronto Maya y Marion llegaron al patio de la escuela, Fernando liberó a Christian de su trabajo y ocupó su asiento tras el volante. El sutil ronroneo que escuchó al arrancar el motor le dibujó una sonrisa en el rostro. Christian y Maya entraron por los portones traseros, para encontrarse con Carla y Darío, que llevaban ya un tiempo dentro.

La hija del difunto presentador se acercó a Carlos con la cabeza gacha. Él frunció ligeramente el ceño, pero se limitó a pasarle la mano por encima del hombro, atrayéndola hacia sí. Le dio un beso en los labios, que ella no correspondió.

CARLOS – Venga, vamos. Que al final se nos va a hacer de noche.

Marion protagonizó un gesto negativo, aún con la cabeza gacha.

MARION – Carlos… Lo he estado pensando. No voy a ir.

Le había dado muchas vueltas las últimas horas, y había acabado tomando una decisión en firme. Temía que Abril detectase su embarazo y lo hiciera público. Por ahora, únicamente ella y Bárbara estaban al corriente, y Marion no tenía intención de que eso cambiase. Además, tampoco se encontraba del todo bien para hacer un trayecto tan largo confinada en un espacio tan reducido con tanta gente. Necesitaba aire, tranquilidad, y mucho tiempo para pensar, y no obtendría nada de eso si iba con ellos.

CARLOS – ¿Qué dices? Pero si estabas deseando salir de aquí. Llevas días quejándote de que te agobia estar aquí encerrada todo el día. Va, súbete, que al final se nos va a hacer tarde. Tenemos que aprovechar al máximo las horas de sol y ya es casi mediodía.

La cogió del hombro, tratando de llevársela consigo a la parte trasera de la furgoneta, pero Marion se mantuvo inmóvil. Carlos empezaba a impacientarse. Estaba algo nervioso, muy interesado por conocer la identidad de aquél hombre que hacía tanto tiempo que vivía con Abril, pero con el que no se habían cruzado una sola vez. Mucho más al haber sido iniciativa de él el encuentro. Marion se llevó el puño cerrado a la boca y ocultó algo a medio camino entre una tos y un eructo.

MARION – Que no, Carlos. Ya lo he hablado con Olga. Me quedaré yo aquí, y así podéis ir vosotros.

CARLOS – ¿Tú sola te vas a quedar?

Marion tragó saliva y asintió. Estaba convencida de ello, y no le estaba gustando la respuesta de Carlos.

MARION – Alguien tendrá que quedarse al cargo de los bebés. Y… a Gustavo le hacía mucha ilusión ir. Ya lo oíste ayer.

Carlos rió entre dientes. Marion parecía muy seria.

MARION – ¿Qué te hace tanta gracia?

CARLOS – Nada, nada. Quiero decir… Tampoco es que sea… uno de tus puntos fuertes, cuidar de los bebés.

Marion enrojeció al instante, visiblemente ofendida. Carlos tan solo pretendía romper un poco la tensión del momento con una pequeña chanza, haciendo referencia a la aversión de la hija del difunto presentador al olor a las heces o a aquella vez que uno de los bebés le orinó encima a modo de fuente. Enseguida se dio cuenta de su error, pero ya era tarde para enmendarlo.

MARION – Vete a la mierda, ¿quieres?

Carlos forzó de nuevo la sonrisa.

CARLOS – Va mujer, que era una broma. Vente, que así te distraerás. Nos lo pasaremos bien, ya verás.

MARION – ¡Que te he dicho que no! ¿Qué es lo que no has entendido?

El instalador de aires acondicionados se puso serio. Era una persona afable, pero no le gustaba que le levantaran la voz.

CARLOS – Oye, relájate un poquito, ¿quieres?

MARION – Relájate tú. Qué maldita obsesión porque me venga.

CARLOS – Habíamos quedado que vendrías. Joder, ¡si tienes hecha hasta la maleta!

MARION – Pues me lo he pensado mejor.

CARLOS – Pues vale, pues quédate aquí y muérete del asco limpiando cacas si eso es lo que quieres.

MARION – ¡Pues es lo que haré! ¿Sabes qué? ¡Olvídame!

Para entones, la enorme mayoría de los presentes ya se les habían quedado mirando, sorprendidos por la creciente tensión en la discusión. Bárbara cruzó su mirada con la de Carlos y se acercó a él al tiempo que Marion se daba media vuelta y se iba por donde había venido. Nadie se dio cuenta que estaba llorando.

BÁRBARA – ¿Qué le pasa?

CARLOS – Y yo que sé. Que dice que se lo ha pensado mejor, y que no viene.

La profesora reflexionó durante unos segundos, creyendo conocer el motivo, el tiempo suficiente para hacer que Carlos volviese a fruncir el ceño.

BÁRBARA – Bueno, déjala. Total, mañana por la tarde vamos a estar aquí de vuelta. Si no quiere venir que no venga.

CARLOS – Pues sí. Tienes razón, Bárbara. Ella se lo pierde. Vayámonos.

Uno a uno, todos fueron entrando a la furgoneta. Pese a que no era un espacio especialmente pequeño, enseguida comenzó a resultar agobiante estar ahí dentro. Por fortuna, el calor corporal les ayudaría a olvidar el frío del invierno durante el trayecto. Carlos fue ayudando a todos a subir. Incluso a Olga, que había recogido algo de ropa y su mochila de supervivencia en el último momento y se había sumado al grupo, no muy convencida aún, junto a su contento hermano. Ío, que había estado sentada sola en un banco, no muy lejos de ahí, se acercó a Carlos con paso dubitativo.

ÍO – Yo tam-poco iré. No me en-cuen-tro del to-do bien.

CARLOS – ¿Tú tampoco?

Ío asintió. El instalador de aires acondicionados arrugó los labios, contrariado.

CARLOS – Bueno… Como quieras. Vete con Marion, que le vendrá bien un poco de ayuda.

La joven del cabello plateado asintió, y se alejó de ellos. Carlos se giró, y se dirigió a quienes ya habían ocupado su asiento en la parte trasera de la furgoneta. Paris se encontraba delante, charlando con Fernando.

CARLOS – ¿Alguien más quiere quedarse aquí?

Nadie respondió, y ello le dejó algo más tranquilo. Acto seguido tomó asiento tras el volante, y Fernando se encargó de abrir el portón de acceso para que la furgoneta pudiese salir. Él hubiera preferido conducir, pero Carlos era quien mejor conocía el camino. Una vez el mecánico cerró de nuevo la puerta y ocupó su asiento en uno de los bancos, Carlos puso rumbo a la mansión de Nemesio.

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comentarios
  1. Carol dice:

    Bueno….pues se supone que, como dice Mora, es muy posible que pronto entenderemos el por qué del capítulo que, recientemente, David le ha dedicado a Ío….

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