3×1141 – Mentiras

Publicado: 28/04/2018 en Al otro lado de la vida

1141

Hospital Qinah, ciudad de Nefesh

25 de noviembre de 2008

 

ABRIL – ¿Y cuánto tiempo dices que llevas aquí?

HÉCTOR – No lo sé… ¿Una semana?

La médico asintió, interesada pero también muy concentrada en su tarea. Sabía que jugaba a contrarreloj, y ya había perdido demasiado tiempo. Héctor observaba con más que evidente hastío cómo Abril seguía paseándose de un extremo al otro de la sala, colocando todo tipo de medicamentos y equipamiento médico sobre un carrito de acero inoxidable que había aparecido ahí como por arte de magia. Se hostigaba por no haber sido más rápido de reflejos, pues la médico cogió el arma antes que él cayera en la cuenta. Los cadáveres de los tres infectados seguían desangrándose en el suelo, pero ella parecía no verlos.

ABRIL – ¿Y te lo has curado tú solo?

HÉCTOR – ¿El qué?

Abril señaló su muñón. Él le echó un vistazo a sus vendajes. Resultaba evidente que no lo había hecho un profesional, pero para habérselo vendado él mismo y con una sola mano, no estaban nada mal.

ABRIL – Yo es que soy médico, ¿sabes?

HÉCTOR – ¿Tan mal lo he hecho?

ABRIL – No, no. Para nada. No me malinterpretes. Si has conseguido… Joder, has hecho un muy buen trabajo, Ezequiel.

Héctor frunció ligeramente el ceño al escuchar ese nombre, un instante antes de recordar que era su nuevo apodo.

ABRIL – Si quieres le puedo echar un vistazo, para… comprobar si está todo en regla.

HÉCTOR – No, no hará falta. Está bastante bien.

ABRIL – No es molestia. De hecho… he venido aquí en busca de medicamentos y equipamiento que necesitaba, porque me he encontrado a otra persona herida allá donde vivo, y necesita ayuda urgente. Por eso tengo tanta prisa, ¿sabes?

El ex presidiario recuperó repentinamente el interés por la conversación.

HÉCTOR – ¿Dónde dices que vives?

ABRIL – En… una casa que hay en mitad del bosque, junto a una cascada. Vivo sola. Tengo… unos pocos animales. Desde que… llegó aquí la epidemia… nunca me ha parecido buena idea vivir en la ciudad. La mayoría de los infectados están por aquí. Y yo, la verdad… es que no se me da muy bien lidiar con ellos. Bueno, ya lo has visto. En el bosque… sí, hay alguno por ahí perdido, pero… donde yo vivo, no se acerca ni uno. Pero ni uno, de verdad. Es exagerado.

Ella siguió con sus quehaceres. Héctor aprovechó para recuperar su bisturí, arrancándoselo de la cabeza al último infectado que había ajusticiado, y comenzó a limpiarlo despreocupadamente.

ABRIL – ¿Y cómo te hiciste eso?

Héctor respiró hondo. No le gustaba un pelo esa mujer, pero resultaba evidente que con su ayuda podría recuperarse definitivamente, obtener un lugar seguro donde dormir y alimento. Tenía mucho que ganar y muy poco que perder, de modo que prefirió seguirle el juego un poco más.

HÉCTOR – Me mordió uno, en la muñeca.

Abril dejó lo que estaba haciendo y se lo quedó mirando, con los ojos bien abiertos.

HÉCTOR – Por suerte, pude cortarme el brazo antes de que la infección se extendiera, y salvé la vida.

La médico se dio media vuelta e hizo ver que buscaba algo en la estantería que tenía delante, para evitar que Héctor pudiera ver la expresión de su cara. Su respuesta más bien parecía el argumento de una mala película de muertos vivientes. No obstante, prefirió no decirle nada. Estaba convencida que amputando el miembro, si realmente había resultado infectado, no conseguiría nada. El virus era mucho más rápido, y tan pronto accedía al aparato circulatorio, se extendía como la pólvora encendida por todo el cuerpo. Si aquél hombre realmente había resultado infectado y se había amputado el brazo para evitar la propagación del virus, debía haberlo hecho en vano, pues si seguía vivo, era sin duda porque jamás se había vacunado, y no por su noble aunque estéril hazaña. No obstante, prefirió no mostrarle abiertamente su perspectiva, por no hacerle sentir aún peor. El cualquier caso, ahora sabía que estaba infectado, al igual que Bárbara, de modo que mantendría las distancias.

Abril se giró de nuevo hacia él, sosteniendo un paquete lleno de píldoras blancas en la mano. No pudo evitar mirar de nuevo el vendaje de su muñón, y reparó en que tenía una mancha de sangre.

ABRIL – ¿Seguro que no quieres que te lo mire? Estás sangrando.

Héctor frunció el ceño, contrariado, y miró el vendaje. Se sorprendió al ver que, en efecto, en el extremo del codo había una mancha rojiza que crecía por momentos. Hasta el momento había estado perfectamente limpio. Él guardaba mucho celo con la higiene de sus heridas, y en especial con la de su brazo amputado.

HÉCTOR – Esto es porque le he dado un golpe al… payaso este.

El ex presidiario le dio una patada al infectado que tenía a sus pies.

HÉCTOR – Y… Pero que estoy bien, de verdad.

Ambos cruzaron la mirada un segundo. Abril no pudo evitar que su vena profesional se impusiera al instinto.

ABRIL – ¿Por qué no te vienes?

Héctor alzó las cejas, sorprendido. Pensaba que le costaría mucho convencerla para ello, y que tendría que hacerlo a punta de bisturí. Eso sólo facilitaba las cosas. Se demoró unos segundos en responder, haciendo ver que reflexionaba al respecto.

HÉCTOR – ¿No seré una carga?

ABRIL – Parece que te las arreglas bastante bien, solo. Y además…

La médico echó un vistazo a los cadáveres que había estado esquivando continuamente mientras recolectaba todas aquellas medicinas.

ABRIL – Te debo una.

HÉCTOR – Pues… Vale. Gracias.

ABRIL – Gracias a ti. Insisto.

Abril empujó el carrito por aquél largo pasillo, dejando en el proceso cuatro marcas rojas en el suelo durante su avance, junto a la miríada de huellas de pies de idéntico color que lo decoraban por doquier.

ABRIL – Ayúdame con esto. Tengo el coche aparcado ahí delante.

Héctor respiró hondo, y agarró la bolsa que la médico le ofrecía. Ambos desanduvieron el camino que la médico había tomado para llegar hasta aquél almacén y, tras cerrar concienzudamente a su paso, subieron a bordo de la pickup que Abril había utilizado para llegar a Nefesh, y pusieron rumbo de vuelta a la mansión de Nemesio.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Gracias David, me muero por saber como llego Barbara a un ataúd!!! 😁

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