3×1143 – Nexo

Publicado: 05/05/2018 en Al otro lado de la vida

1143

Mansión de Nemesio, isla Nefesh

30 de noviembre de 2008

 

Un sonido al otro lado de la pared abstrajo a Héctor de la duermevela en la que se había sumido tras la más que copiosa comida que había compartido con Abril hacías unas horas. Se incorporó en la cama, apoyando su muñón en las sábanas arrugadas. Ya no precisaba siquiera de vendajes: había cicatrizado por completo y lucía un aspecto saludable, en gran medida gracias a la ayuda de la médico.

Llevaba conviviendo con ella desde hacía casi una semana, y desde entonces no había parado de darle vueltas a la idea de acabar con su vida. Sin embargo, la original prórroga se iba convirtiendo a cada nuevo día en una convicción cada vez más clara de que no quería deshacerse de ella. Al menos no por el momento.

Desde hacía demasiado tiempo, a Héctor siempre le precedía su infamia, y debido a ello se había ganado el respeto y el temor de todos quienes se cruzaban en su camino, ya fueran funcionarios de la prisión u otros presos. Todos le veían como Cobra, el asesino despiadado que jamás se había arrepentido de las atrocidades que le habían privado de la libertad. Con Abril era totalmente distinto. Frente a ella se había presentado desde el minuto cero como Ezequiel, un hombre algo huraño y parco en palabras, que como carta de presentación le había salvado la vida. Ella le trataba como a un igual, quizá con demasiada familiaridad para su gusto, pero con una educación y un respeto exquisitos, tanto que la idea original de acabar con su vida se iba diluyendo más y más a medida que pasaban los días.

Por una parte, debía reconocer que su ayuda con el brazo amputado había sido de valor incalculable. Ella había cuidado de él desde el primer momento y se había mostrado muy volcada en su papel de médico, ofreciéndole sus cuidados desinteresadamente. Tanto, que incluso se vio tentado a pedirle ayuda con sus demás heridas. Pero eso sencillamente no podía ocurrir. Él nunca se había desnudado frente a ella: jamás podría justificar todas las cicatrices que tenía en el pecho con una historia convincente. Suficiente tenía con pasar por alto la que le cruzaba de extremo a extremo la mejilla izquierda, fruto del infructuoso intento por defenderse de su primera víctima mortal.

Pero es que además de su faceta de médico y la de cocinera, que le tenía encantado, pues ya incluso había olvidado el tiempo que hacía que había dejado de disfrutar de una buena comida, era su manera de tratarle lo que más le agradaba. Jamás serían amigos: no tenían nada en común y a él no le atraía especialmente su personalidad, pero era una persona con la que podía pasar horas charlando. No obstante, había aprendido a tolerarla, y resultaba demasiado valiosa como fuente de información sobre el grupo de personas con el que quería acabar como para pensar en borrarla del mapa.

Abril hablaba con toda naturalidad de sus amigos, y Héctor estaba convencido a esas alturas que sabría dar con ellos, siguiendo las pistas que ella le había expuesto en uno de sus frecuentes monólogos. En una ocasión incluso le habló de sí mismo, mostrándole una versión algo distorsionada de los encuentros que sus amigos habían tenido con él y el resto de ex presidiarios. Fue así como pudo corroborar sus sospechas sobre que le daban por muerto, lo cual le hizo sentir aún más orgulloso de sí mismo. Cuando encontrase el momento idóneo para dar rienda suelta a su meditada venganza, jugaría con el factor sorpresa. Pero aún debía responder a dos preguntas que le atormentaban día y noche: el cómo y el cuándo.

El ex presidiario caminó hacia la puerta y echó un vistazo a la habitación contigua: el dormitorio de Abril. Era de ahí de donde provenía aquél sonido, de la estación de radioaficionado con la que la médico se comunicaba con sus amigos; sus enemigos. Ella hacía más de una hora que había salido de la mansión para ir a cuidar de los animales, y él estaba convencido que no volvería hasta bien entrada la tarde: era una mujer de costumbres. Caminó hacia la radio y se plantó delante. Ella estaba lo suficientemente lejos de ahí como para no oír la llamada.

Respiró hondo, y se vio tentado a contestar. Se lo había visto hacer a Abril más de una vez, y estaba convencido que sabría cómo hacerlo. Pensó que no perdería nada por abrir la vía de comunicación, con no contestar si quien había al otro lado era alguno de ellos, tendría más que suficiente.

JUANJO – ¿Hola?

Héctor frunció el entrecejo. No recordaba haber oído aquella voz anteriormente.

JUANJO – Hola, soy Juanjo. ¿Hay alguien ahí?

Abril le había hablado de sus amigos y conocía el nombre de todos ellos. El hombre que estaba al otro lado de la línea no formaba parte de aquél grupo, al menos no que él supiera. Durante unos instantes se vio tentado a cortar la comunicación, pero la curiosidad que albergaba era demasiado grande. El ex presidiario respiró hondo, y decidió arriesgarse. Amparándose en el anonimato que le brindaba su nuevo apodo y el hecho que aquél hombre no sabía de su existencia, decidió probar suerte.

HÉCTOR– ¿Y tú quién eres?

Fue una conversación muy corta, en la que a duras penas intercambiaron unas cuantas frases. Héctor se mantuvo en todo momento muy a la defensiva, aunque más tarde se arrepentiría de ello. En cualquier caso, tuvo que cortar la comunicación a toda prisa enseguida, con el corazón en un puño, tan pronto escuchó a Abril llamándole a voces desde la planta baja, informándole de que había vuelto y que la encontraría en la cocina. Ello sembró los cimientos de una relación muy particular. Cada cual a su manera, ambos se parecían más de lo que cualquiera podría observar a simple vista.

Esa fue la primera vez que Héctor y Juanjo hablaron. Pero no sería la última.

comentarios
  1. Angela dice:

    Impresionante! ósea que esa lagartija de basurero ayudo al criminal?? vaya sorpresa! la historia tomo otro color.
    Gracias David, excelente.

  2. Betty dice:

    Ya sospechaba que Juanjo estaba tramando algo desde que se había separado del grupo, vaya rata… 😠

  3. Beth dice:

    Soy la única que sospechaba que ezequiel era Héctor? La conversación con Juan jo salió al final de la segunda parte. Yo también me pregunto como llego barbara al ataúd. Nada a esperar hasta el martes el siguiente capítulo. Buena historia

    • Fran dice:

      Nooo
      Yo también sospechaba que Ezequiel era Héctor. Pero me interesa saber como resuelve David la vinculación en la historia de Ezequiel/Héctor y Juanjo…
      A ver, a ver.

  4. Angela dice:

    Hola Beth, no eras la única, cuando salió el tema de que a Ezequiel le faltaba el brazo, fue el detonante para hacernos la idea de que era el malvado Hector, entonces recordé que el dinamitero tenia el brazo de adorno en su departamento.
    David nos esta haciendo sufrir con lo de Barbara en el ataúd!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s