3×1144 – Hacha

Publicado: 08/05/2018 en Al otro lado de la vida

1144

 

Mansión de Nemesio, isla Nefesh

14 de diciembre de 2008

 

ABRIL – ¿Y tiene que ser precisamente ahora?

Héctor alzó los hombros. Resultaba algo cómico verle hacerlo sin uno de sus brazos.

HÉCTOR – ¿Qué quieres, que tengan que estar con la chaqueta puesta todo el rato? Nos quedamos anoche sin leña. Sólo queda la de la cocina. Hace un frío que pela.

Abril reflexionó al respecto, abrigada hasta el cuello. Héctor tenía razón. Ella llevaba mucho tiempo posponiendo el momento de ir a buscar leña. En la mansión había madera por todos lados, pero consideró que no era adecuado ir partiendo las patas de las camas o destrozando las puertas para alimentar la chimenea, habida cuenta que les circundaban cientos de hectáreas de bosque tupido. Hubiera preferido acompañarle, pero tenía la comida a medio preparar, y quería demostrar que era una buena anfitriona cuando llegasen sus invitados. Héctor parecía impaciente.

ABRIL – Bueno, vale. Pero no tardes, que tienen que estar ya al caer.

HÉCTOR – Que no, mujer. Para cuando lleguen ya he vuelto de sobras. Buscaré un árbol que tenga la leña bien seca, y vuelvo enseguida.

ABRIL – Coge lo justo para aguantar hasta mañana, tampoco te mates. Ya tendremos tiempo de ir a buscar más cuando se vayan. Y así te puedo acompañar. Entre los dos será… más… fácil.

HÉCTOR – Que sí…

Abril despidió a Héctor con un gesto de la cabeza, y prosiguió con sus quehaceres en la cocina, en la que llevaba encerrada varias horas. El ex presidiario salió de la mansión a toda prisa, con el corazón latiéndole a toda velocidad en el pecho. Había esperado más de lo prudente a abandonarla, y temía cruzarse con sus enemigos. Su intención era la de ausentarse el tiempo justo para evitar el encuentro con los invitados, pero sin despertar más sospechas de lo imprescindible.

La noticia de que recibirían visita le había cogido con la guardia baja. Llevaba mucho más tiempo del que hubiese deseado posponiendo el momento de ir a por ellos, pero sabía que ese no era el adecuado para actuar. El grupo estaba dividido en tres, ahora que una parte había abandonado la isla en otro barco para ir a buscar más supervivientes. El resto estaba en Bayit, y tres de ellos se dirigían hacia la mansión. Podría acabar con ellos ese mismo día, pero así echaría por tierra el factor sorpresa, y tenía demasiado rencor guardado para dejar el trabajo a medias. Cuando lo hiciera, lo haría bien. Debía esperar un poco más.

Se alejó de la mansión siguiendo el serpenteante curso del río, en sentido opuesto al de la corriente. De ese modo resultaba virtualmente imposible perderse: tan solo tendría que encontrar de nuevo el río y seguir su curso hasta dar con la caída de agua que había junto a la mansión. Caminó y caminó, regañándose por seguir posponiendo su cada día más ansiada venganza. Ya había perdido la noción del tiempo cuando algo le llamó la atención.

En mitad de un claro junto al río descansaba un árbol que en tiempos debió de ser majestuoso. Su madera era grisácea, del tiempo que hacía que debía llevar muerto. Estaba literalmente partido por la mitad. Al acercarse un poco más, empujando la carretilla sobre la que descansaba el hacha, se dio cuenta del motivo. Todo apuntaba a pensar que había sido víctima de un rayo, aunque más bien parecía que le hubieran dado un hachazo con un hacha descomunal, a juzgar por la forma que había adoptado. Eso era más de lo que él necesitaba, y se descubrió sonriendo.

Para su sorpresa, hacer leña del árbol, pese a carecer de uno de sus brazos, no resultó demasiado complicado. La leña estaba excepcionalmente seca, y él había fortalecido mucho el único brazo que le quedaba, que ahora lucía incluso más musculoso que antes de su defunción.

Perdió por completo la noción del tiempo a medida que llenaba más y más la carreta con aquellos pedazos de madera que calentarían la mansión las frías noches del invierno que estaba a punto de llegar. Se ensañó mucho con él, imaginando que los hachazos no se los daba al árbol muerto sino a los cuerpos de Bárbara, Paris, Carlos o aquella niña pelirroja cuyo nombre no era capaz de recordar. Al menos consiguió desfogarse un poco, y para cuando quiso darse cuenta, la carreta ya no daba más de sí. Podría haberse pasado otra hora generando leña, pero no tendría con qué llevarla a la mansión. Algo más relajado, con la frente perlada de sudor y respirando agitadamente, desanduvo sus pasos, volviendo hacia la mansión.

Llevaba más de dos horas esperando entre la espesura del bosque, junto a la mansión, con la carreta hasta arriba de madera, cuando escuchó sus voces. Se le revolvió el estómago al ver aparecer a Marion, riendo alegremente ante alguna ocurrencia de Carlos, que le seguía a corta distancia. No fue hasta entonces que cayó en la cuenta que era a ella a quién más ganas tenía de arrebatar la vida. Los demás le habían insultado y le habían vilipendiado, pero ella lo había hecho de la manera más humillante: primero matando a su mejor amigo, y luego huyendo en plena noche después de dejarle desnudo y dolorido.

Se convenció del todo de que debía hacerlo cuanto antes, y se sorprendió sosteniendo el hacha en la mano. Le costó mucho trabajo contenerse, más al ver aparecer a Fernando en escena. Aquél hombre también le había traicionado, y al final había acabado optando por unirse al enemigo, participando activamente en la misión que acabó con la vida del resto de ex presidiarios, en compañía de aquél hombre tan gordo. Él también debía morir.

Ellos se despidieron cortésmente de Abril, con besos y abrazos, y subieron al vehículo con el que habían venido hasta ahí. Tan pronto les perdió de vista, anudó a su hombro aquella cuerda hábilmente asida a la carreta, agarró la otra asa con la mano que le quedaba libre, y se dirigió hacia Abril. Ella se había quedado quieta frente a la entrada de servicio, con la mirada perdida, pero tan pronto le vio corrió a recibirle.

ABRIL – ¿¡Se puede saber dónde te habías metido!?

HÉCTOR – Yo también me alegro de verte.

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comentarios
  1. Angela dice:

    Gracias David, excelente como se van despejando las dudas.

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